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Kanda 1 of 7

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Bala Kanda

Section 1

El asceta Valmiki preguntó a Narada, aquel mejor de los sabios y primero entre los versados en la palabra, siempre entregado a las austeridades y a los estudios védicos, diciendo: «¿Quién, en el presente, en este mundo, está coronado de cualidades y dotado de poderío, conoce el deber, es agradecido y veraz y firme en sus votos; quién, por la virtud de su carácter, es digno de tal título, y se desvela siempre por el bien de todas las criaturas? ¿Quién es instruido, ha estudiado el trato de los hombres y conoce el arte de agradar a sus súbditos? ¿Y quién es el único siempre hermoso de contemplar? ¿Quién ha sometido su corazón, ha dominado su ira, está dotado de gracia personal y libre de malicia; y a quién, enardecido en la batalla, temen incluso los dioses? Grande es mi deseo de oír hablar de una persona así. Usted puede, oh Maharshi, hablarme de un hombre de esta descripción». Al oír las palabras de Valmiki, Narada, conocedor de los tres mundos, dijo con presteza: «¡Escuche usted! Raras son las cualidades que ha mencionado; sin embargo, oh sabio, tras considerarlo debidamente, le describiré a una persona dotada de ellas. Hay uno nacido de la estirpe de Ikshvaku, conocido con el nombre de Rama. Es de alma dominada y poderío extraordinario; resplandeciente; dotado de paciencia; con los sentidos bajo control; inteligente; versado en la moral; elocuente; coronado de gracia; matador de enemigos; de anchos hombros; poseedor de brazos poderosos, cuello en forma de concha, mandíbulas carnosas y ancho pecho; poderoso arquero; sometedor de enemigos; de omóplatos llenos; de brazos que le llegan hasta las rodillas; de hermosa cabeza y frente graciosa; y dotado de excelente fuerza; de miembros simétricos; y de tez fresca; y poseedor de poderío; y de pecho bien desarrollado; de ojos grandes; coronado de buen augurio y de signos favorables; conocedor del deber; firme en su promesa; siempre ocupado en el bien de sus súbditos; de renombre cumplido; provisto de saber; puro de cuerpo y de espíritu; modesto ante sus superiores; versado en el conocimiento de sí mismo; semejante al propio Prajapati; bendecido con la prosperidad; protector de todos; destructor de enemigos y sustentador de todos los seres vivientes; y apoyo del orden, que practica todos los deberes de su clase; y que ampara a quienes se acogen a él; versado en las profundidades de los Vedas y de los Vedangas; diestro en el arte del arco; dotado de buena memoria; que discierne con rapidez la verdad de las cosas; el predilecto de todos; irreprochable; de ánimo invicto; perspicaz; competente en toda rama del saber; buscado siempre por los buenos como el océano por los ríos; digno de ser honrado; que mira a todos con igual afecto; y capaz de llenar el corazón de sensaciones siempre nuevas. Coronado de toda gracia, acrecienta las alegrías de Kausalya; semejante al mar en gravedad y al Himavat en paciencia. En poderío es como Vishnu, y se jacta de los atractivos personales de la Luna. En la ira se asemeja al fuego que arde en la disolución de todas las cosas; y en el perdón es como la Tierra. En el dar es como Kuvera, el Dispensador de riquezas, y en la verdad es como otro Dharma.

«Deseoso de hacer lo que fuera aceptable a sus súbditos, el rey Dasaratha, por plenitud de afecto, quiso instalar como asociado suyo en el reino a su amado y meritorio hijo mayor, Rama, de poderío infalible, dotado de virtudes genuinas y siempre atento al bienestar del pueblo. Al ver los preparativos de la instalación, aquella dama, consorte del rey, Kaikeyi, a quien antes se habían prometido dos dones, los pidió entonces, a saber, el destierro de Rama y la instalación de Bharata. Atado por los lazos del deber a causa de aquella promesa suya, el rey Dasaratha desterró a su hijo predilecto, Rama. En cumplimiento de la promesa de su padre y con el fin de lograr el agrado de Kaikeyi, aquel héroe, mandado por su progenitor, se internó en el bosque. Y en vísperas de su partida hacia el bosque, aquel que acrecienta la alegría de Sumitra y favorito de su hermano (Rama), su querido hermano Lakshmana, dotado de humildad y lleno de fraternal cariño, lo siguió por afecto. Y así como Rohini sigue a la luna, siguió a Rama su amada esposa, nacida en el linaje de Janaka —semejante a una encarnación del poder divino—, querida (para Rama) como su propia vida, dedicada a las buenas obras, provista de todo signo auspicioso y la mejor de las esposas. Acompañado a lo lejos por su padre Dasaratha y por los ciudadanos, Rama encontró al virtuoso y amado rey de los nishadas; y entonces, en compañía de Guha, Lakshmana y Sita, despidió a su auriga a orillas de la Ganga, en Sringaverapura. Luego, yendo de un bosque a otro y cruzando muchos anchos ríos, llegaron, conforme a las indicaciones de Bharadwaja, a Chitrakuta; y, construyendo una pintoresca morada, los tres comenzaron a vivir allí a su antojo. Y pasaban sus días en deleite, como dioses y gandharvas. Y cuando Rama hubo llegado a Chitrakuta, el rey Dasaratha, afligido por causa de su hijo, partió al cielo lamentándolo. Y cuando Dasaratha hubo ascendido al cielo, el poderoso Bharata, aunque instado por los brahmanes encabezados por Vasishtha a gobernar el reino, no quiso el dominio. Y aquel héroe fue tras Rama al bosque con el fin de propiciar a aquel venerable. Y, habiendo llegado ante Rama, de alma elevada y cuyo poder era la verdad, le suplicó a su hermano con toda muestra de respeto. Y Rama dijo a Bharata estas palabras: “Tú también, oh conocedor del deber, eres rey”. Y el generosísimo, ilustre y poderoso Rama, de semblante alegre, no quiso el reino, en conformidad con el mandato de su padre. Y, tras entregar a Bharata sus propias sandalias como sustituto suyo en el trono, el hermano mayor de Bharata se lo prohibió repetidas veces. Y entonces Bharata, viendo que no obtenía su deseo, tocó los pies de Rama y se puso a gobernar en Nandigrama, esperando el regreso de Rama. Y cuando el auspicioso Bharata, firme en su promesa y de sentidos dominados, se hubo marchado, Rama, viendo de nuevo allí la afluencia de ciudadanos y otros, entró ansioso en Dandaka. Y, habiendo entrado en aquel poderoso bosque, Rama, el de ojos de loto, mató al rakshasa Viradha y vio a Sarabhanga, a Sutikshna, a Agastya y al hermano de Agastya. Y entonces, por indicación de Agastya, tomó gozoso el arco de Indra, las flechas inagotables, la cimitarra y la aljaba. Y mientras Rama moraba allí con los moradores de los bosques, los sabios acudieron a él en grupo para la destrucción de los asuras y rakshasas. Entonces, en presencia de aquellos ascetas semejantes a fuego llameante, habitantes del bosque de Dandaka, prometió matar en batalla a aquellos rakshasas. Y mientras vivía allí, la rakshasi Surpanakha, habitante de Janasthana, capaz de tomar a voluntad cualquier forma, fue desfigurada. Y mientras vivía allí en compañía de los habitantes de Janasthana, Rama mató en batalla a los rakshasas Khara, Trisiras y Dusana, junto con sus seguidores, que habían sido todos incitados por las palabras de Surpanakha. Y catorce mil rakshasas murieron en aquella batalla. Y al saber de la destrucción de sus parientes, Ravana, enloquecido de ira, buscó la ayuda de un rakshasa llamado Maricha. Y aunque Maricha lo disuadió con fuerza, diciendo: “No debe usted entrar en hostilidades con ese poderoso. ¡Discúlpeme, pues, oh Ravana!”, con todo, sin hacer caso de aquellas palabras, Ravana, empujado por el Destino, se dirigió a aquella ermita en compañía de Maricha. Y aquel (Maricha), dueño de ilusiones, tras haber alejado a los hijos del rey (Rama y Lakshmana), él (Ravana) se llevó a la esposa de Rama, matando al buitre Jatayu. Y al ver muerto al buitre y saber del rapto de la hija de Mithila, el descendiente de Raghu, privado de sentido, se lamentó con pena. Y habiendo quemado, con la tristeza sin calmar, al buitre Jatayu, mientras buscaba a Sita en aquel bosque se topó con un rakshasa llamado Kavandha, de forma horrenda y deforme. Tras darle muerte, el de brazos poderosos quemó su cuerpo; y entonces aquel partió al cielo. Y el rakshasa dijo a Rama: “Dirígete, oh descendiente de Raghu, a la asceta Sabari, conocedora de todos los sistemas de moral”. Dirigiéndose a Sabari, aquel destructor de enemigos, dotado de energía extraordinaria, Rama, el hijo de Dasaratha, muy honrado por Sabari, se encontró con Hanuman a orillas del Pampa. Entonces, por consejo de Hanuman, el poderosísimo Rama vio a Sugriva y le contó todo, en especial lo relativo a Sita. Entonces el mono Sugriva, habiendo oído todo de labios de Rama, quedó muy complacido con Rama y, en presencia del fuego, hizo amistad con él. Entonces el rey de los monos, por amistad, le refirió con dolor todo lo de sus hostilidades con Vali. Y entonces Rama prometió que mataría a Vali. Entonces el mono describió a Raghava el poderío de Vali, y temió que Rama no resultara rival de Vali. Y con el fin de convencer a Raghava (del poder de Vali), Sugriva le mostró el enorme cadáver de Dundubhi, semejante a una gran colina. Y, al mirar el esqueleto, Rama, dotado de extraordinario poderío, sonriendo, lo arrojó con el dedo del pie a una distancia de noventa millas enteras. Y con una sola poderosa flecha atravesó siete palmeras palmiras, una colina y el sexto mundo inferior, infundiendo convicción en Sugriva. Así convencido, el poderoso mono, muy complacido, fue con Rama hacia la caverna llamada Kishkindha. Y, habiendo llegado allí, aquel mejor de los monos, Sugriva, de color leonado y dorado, lanzó fuertes rugidos. Y a esos poderosos sonidos salió el señor de los monos y, habiendo obtenido el consentimiento de Tara, se presentó ante Sugriva para el combate. Entonces Raghava mató allí mismo a Vali con una sola flecha. Y, en cumplimiento del ruego de Sugriva, tras matar a Vali en batalla, Raghava confirió el reino a Sugriva. Entonces aquel mejor de los monos, habiendo convocado a todos los diversos monos, los envió en varias direcciones en busca de la hija de Janaka. Entonces, por sugerencia del buitre Sampati, el poderoso Hanuman cruzó el mar salado, que se extiende por cien yojanas. Y, llegando a la ciudad de Lanka, gobernada por Ravana, halló a Sita en medio de un bosque de asokas, absorta en sus pensamientos. Y entonces, tras mostrarle la señal, le refirió todo sobre la amistad entre Rama y Sugriva y, habiendo animado a la hija de Videha, destrozó la puerta del palacio. Luego, habiendo matado a cinco generales y a siete hijos de consejeros, y aplastado al heroico Aksha, fue atado con fuerza (por las armas de Indrajit). Entonces, sabiendo que, en virtud del don del Abuelo, estaba libre, perdonó a aquellos rakshasas que lo llevaban (ante Ravana). Luego, habiendo incendiado la ciudad de Lanka, con excepción del lugar ocupado por la hija de Mithila, el poderoso regresó con el propósito de dar la buena nueva a Rama. Y aquel de alma inconmensurable, habiéndose presentado ante Rama, de alma elevada, y habiéndole dado la vuelta en círculo, le dijo: “He visto de veras a Sita”. Entonces, acompañado por Sugriva, Rama se dirigió a la orilla del poderoso océano y con flechas semejantes al sol atormentó las profundidades. Entonces aquel señor de los ríos —el Océano— se mostró. Y por consejo del Océano, Nala construyó un puente (sobre las aguas). Por ese puente fue Rama a la ciudad de Lanka y mató a Ravana en batalla. Y, habiendo recobrado a Sita, Rama sintió gran vergüenza (por haber vivido Sita tanto tiempo en la morada de Ravana) y usó palabras duras hacia Sita en presencia de todos. Incapaz de soportarlo, la casta Sita entró en el fuego llameante. Entonces, asegurado por Agni de la inocencia de Sita, Rama quedó sumamente complacido y fue honrado por todas las deidades. Y con aquel gran acto de Rama, los tres mundos, con todo lo móvil y lo inmóvil que hay en ellos, así como los sabios y los dioses, quedaron muy satisfechos con el de gran alma Raghava. Entonces, instalando a aquel primero de los rakshasas, Bibhishana, en el trono de Lanka, Rama quedó plenamente tranquilo y se regocijó en extremo. Entonces Rama, obteniendo un don de los celestiales, resucitó a los monos caídos en batalla y, rodeado de amigos, partió hacia Ayodhya en el carro Pushpaka. Y, llegando a la ermita de Bharadwaja, Rama, cuyo poder era la verdad, envió a Hanuman junto a Bharata. Luego, conversando sobre los asuntos pasados, acompañado de Sugriva, Rama, montado en el Pushpaka, partió hacia Nandigrama. Habiendo llegado a Nandigrama, el sin pecado Rama se cortó, junto con sus hermanos, los cabellos enmarañados y, habiendo recobrado a Sita, recuperó su reino. Y el hijo de Dasaratha, el auspicioso Rama, señor de Ayodhya, ha estado gobernando a esos felices súbditos suyos como un padre. (Durante su reinado) sus súbditos gozarán de felicidad y contento, estarán sanos y crecerán en rectitud, libres de inquietud del espíritu y de enfermedad, y sin el temor de la hambruna. Y nadie presenciará la muerte de su hijo, y las mujeres serán siempre castas y nunca soportarán la viudez. Y ningún temor de incendio (afligirá a las gentes), ni criatura alguna perecerá ahogada en el agua. Y no vendrá peligro del viento, ni nadie sufrirá de fiebre. Y no habrá temor al hambre ni a los ladrones. Y ciudades y provincias estarán llenas de grano y de riqueza. Y todos vivirán felices como en la Edad de Oro. Y, habiendo ofrecido con incontable oro cien sacrificios del caballo, y habiendo dado con los debidos ritos ayutas y kotis de vacas a personas instruidas, e incontable riqueza a brahmanes famosos, Raghava establecerá cien linajes reales y empleará a cada una de las cuatro castas en sus propios deberes. Y, tras reinar durante diez mil años y otros tantos centenares, Rama partirá hacia las regiones de Brahma. Quien lea esta sagrada historia de Rama, destructora de pecados y otorgadora de mérito, semejante al propio Veda, queda limpio de todo pecado. Y el hombre que lea este Ramayana, que confiere larga vida, es honrado después de la muerte en el cielo, junto con sus hijos, nietos y parientes. Si lo lee un brahmán, alcanza excelencia en la palabra; si un kshatriya, adquiere señorío sobre posesiones de tierra; si un vaisya, abundancia de riqueza en el comercio; y si un sudra, grandeza».

Section 2

Al oír aquellas palabras de Narada, aquel de alma virtuosa, hábil en la palabra, junto con sus discípulos, rindió homenaje a ese poderoso sabio. Y, habiendo recibido los debidos honores, el celestial, tras pedir y obtener permiso (para partir), se fue a las regiones etéreas. Y cuando Narada se hubo marchado a las regiones celestes, aquel santo varón se dirigió a las orillas del Tamasa, cercano a la Jahnavi. Y, habiendo llegado a las orillas de aquel río, el piadoso, al observar un lugar santo libre de lodo, habló a su discípulo que estaba a su lado, diciendo: «Oh Bharadwaja, mira este lugar santo libre de lodo. Y es hermoso y contiene aguas agradables, como la mente de los hombres buenos. Deja, hijo, tu cántaro y dame mi vestidura de corteza. Me bañaré en este Tamasa, el mejor de los lugares santos». Así interpelado por el de alma elevada Valmiki, Bharadwaja, siempre atento a servir a su guía espiritual, ofreció al sabio su vestidura de corteza. Y aquel de sentidos dominados, habiendo recibido de su discípulo la vestidura de corteza, comenzó a recorrer los alrededores, contemplando aquel extenso bosque. En la vecindad del bosque, aquel venerable divisó una pareja de kraunchas, que emitían notas melodiosas y se movían por allí en perfecta paz de ánimo. En ese momento, un cazador de aves de mente perversa, escogiendo al macho sin motivo alguno de hostilidad, lo mató a la vista misma del hombre santo. Y al ver que se debatía en el suelo bañado en sangre, su compañera comenzó a lamentarse con acentos lastimeros, ante la perspectiva de su separación de su esposo ovíparo, de cresta color cobre, que jugaba con el plumaje extendido. Al ver abatido de este modo al ovíparo por el cazador, la piedad de aquel piadoso rishi, de alma recta, se conmovió en extremo. Entonces, considerándolo un acto injusto, con el corazón movido a compasión, aquel dos veces nacido, al contemplar a la kraunchi que lloraba, dijo estas palabras: «¡Oh cazador, puesto que has matado a uno de una pareja de kraunchas, nunca alcanzarás la prosperidad!». Habiendo pronunciado esto, pensó para sí: «¿Qué es esto que he dicho, afligido por el dolor de un ave?». Cavilando así en su mente, aquel sumamente sabio y mejor de los sabios se dirigió a su discípulo, diciendo: «Esta frase que he pronunciado es de pies y acentos iguales, y puede cantarse con medida al compás de instrumentos de cuerda. Salga, pues, como un sloka, ya que ha brotado de mi dolor». Cuando el sabio hubo hablado así, su discípulo, muy complacido, asintió a sus excelentes palabras; y con ello aquel piadoso quedó satisfecho. Entonces, habiendo hecho debidamente sus abluciones en aquel lugar santo, el reverendo sabio volvió sobre sus pasos, meditando sobre los sucesos relativos al sloka. Y su discípulo, también, versado en el saber y de conducta humilde, siguió a Valmiki, llevando a cuestas un cántaro lleno de agua.

Habiendo entrado en la ermita junto con su discípulo, aquel conocedor del deber, mientras en apariencia se ocupaba en conversaciones diversas, revolvía en su mente las circunstancias relativas a los versos. Y sucedió que, deseoso de ver al mejor de los sabios, llegó aquel señor y creador de todo, el resplandeciente Brahma, provisto de cuatro rostros. Al verlo, Valmiki se puso de pie de súbito y, muy maravillado, permaneció ante él humilde y silencioso con las manos juntas. Y, inclinándose debidamente en reverencia, Valmiki ofreció a aquella deidad agua para lavarle los pies y otras cosas de recibimiento. Y, habiéndose sentado en un asiento de gran honor, aquel venerable preguntó por el bienestar de aquel sabio Valmiki, que no conocía menoscabo; y luego le pidió que se sentara. Y, habiéndose sentado en presencia del Abuelo de todos, Valmiki, con la mente puesta en el mismo asunto, quedó sumido en pensamientos. «¡Qué pecado ha cometido aquel de mente perversa, incitado por sentimiento hostil, cuando sin causa mató a aquel dulce cantor, el krauncha!». Y entonces, lamentando de nuevo a aquella hembra de krauncha, recitó mentalmente, con el corazón afligido, aquellos versos. Entonces, sonriendo, Brahma dijo a aquel excelente sabio: «Esos versos tuyos, que has compuesto, alcanzarán celebridad: no ha de abrigarse duda alguna en esto. Es porque yo lo había dispuesto así que esos versos brotaron de tus labios. Compón ahora, oh mejor de los santos, la historia entera de Rama. Relata al mundo la historia del inteligente Rama, de alma virtuosa y coronado de cualidades. Y tú, que la has oído de Narada, relata todo lo que se sabe y todo lo que no sabes, oh sabio, acerca de Rama, y de Lakshmana, y de la hija de Videha, y de todos los rakshasas. E incluso lo que Narada no conoce se te revelará. Y ninguna palabra tuya en este poema contendrá falsedad. Compón, pues, en versos esta deleitosa historia de Rama. Y mientras existan en la tierra las montañas y los mares, tu historia del Ramayana se difundirá entre los hombres. Y mientras esta historia del Ramayana tenga curso, tú residirás tanto en este mundo como en el mío». Dicho esto, el venerable Brahma desapareció de allí. Y con ello el sabio y sus discípulos se maravillaron en gran medida. Y sus discípulos cantaron aquellos versos una y otra vez; y, experimentando por un momento placer, le dijeron con extraordinario asombro: «Esos versos, compuestos de acentos iguales y provistos de cuatro partes, han sido cantados por el poderoso santo, han quedado asociados, por la frecuente repetición, con un mundo de patetismo, y han alcanzado la eminencia de un sloka. Y ahora es la intención de aquel sabio ilustre y recogido en sí componer todo el Ramayana en este metro».

El gran asceta Valmiki, de gracioso aspecto y renombre sin par, ha compuesto cientos de versos en melodiosa medida, que encierran el significado de la historia del linaje de Rama. Escuchen los anales del primero de la raza de Raghu y la destrucción del de las diez cabezas, compuestos por el asceta con samasas, sandhis, prakritas y pratayas; y lúcidos, con palabras dulces y de acentos iguales.

Section 3

Habiendo oído toda la historia del inteligente Rama, capaz de conferir mérito religioso y los otros dos objetos afines, así como la emancipación, Valmiki procuró de nuevo penetrar en ella. Y, sentándose de cara al oriente sobre un cojín de hierba kusa, y sorbiendo agua según la ordenanza, se dedicó a la contemplación del asunto mediante el yoga. Y, en virtud de sus poderes de yoga, vio con claridad ante sí a Rama, y a Lakshmana, y a Sita, y a Dasaratha junto con sus esposas en su reino, riendo, y conversando, y obrando, y comportándose como en la vida real. Y vio todo lo que soportó Rama, firme en su promesa, con su esposa por tercera. Y, como un mirobálano emblico en la palma de la mano, aquel de alma virtuosa, en virtud de su yoga, percibió todo lo que había sucedido así como todo lo que sucedería en el futuro. Y, habiendo visto verdaderamente todo por virtud de su contemplación, aquel magnánimo se dispuso a registrar la historia del encantador Rama. Y conforme a lo que había relatado el de gran alma Narada, aquel venerable santo compuso la historia del linaje de Raghu, que confiere provecho y placer, e impregnada de las cualidades colmadas de ellos, y, como el océano, rica en riquezas, y cautivadora del oído y de la mente. Y el nacimiento de Rama, y su poderío, y su bondad para con todos, y su popularidad, y su indulgencia, y su bondad, y su veracidad, y la maravillosa conversación que tuvo con Visvamitra; y las nupcias de Janaki; y la rotura del arco; y las hostilidades de Rama con Rama (Parasurama); y las nobles cualidades del hijo de Dasaratha; y la instalación de Rama; y la enemistad de Kaikeyi; y el obstáculo en el camino de la instalación; y el destierro de Rama; y el dolor del rey, sus lamentos y su partida hacia las otras regiones; y el dolor de los súbditos, y su despedida por Rama hacia Ayodhya; y las noticias del señor de los nishadas; y el regreso del auriga; y el cruce de la Ganga; y el encuentro de Rama con Bharadwaja; y su llegada a Chitrakuta conforme al mandato de Bharadwaja; y la construcción por Rama de una morada allí y su estancia; y la llegada de Bharata y su ruego a Rama; y la ofrenda de Rama de oblaciones a los manes de su padre; y la instalación de las sandalias; y la morada de Bharata en Nandigrama; la partida de Rama a Dandaka y la destrucción de Viradha; el encuentro de Rama con Sarabhanga y su entrevista con Sutikshna; y la compañía de Sita con Anasuya, y el adorno de Sita por Anasuya; y el encuentro de Rama con Agastya, y su obtención del arco de él; y la historia de Surpanakha y su desfiguración; y la matanza de Khara y Trisiras; y los afanes de Ravana; la destrucción de Maricha y el rapto de Vaidehi; los lamentos de Raghava y la muerte del rey de los buitres; el encuentro de Rama con Kavandha (un demonio sin cabeza) y su vista del Pampa; el encuentro de Rama con Sabari y su sustento allí a base de frutas y raíces; los lamentos de Rama en el Pampa y su encuentro con Hanuman; la marcha de aquel al Rishyamukha y su entrevista con Sugriva; la infusión de confianza de Rama en Sugriva y su amistad con él; y el combate entre Vali y Sugriva; la destrucción de Vali, la instalación de Sugriva en el trono; y el lamento de Tara; el acuerdo entre Rama y Sugriva sobre el tiempo para iniciar la marcha; la permanencia de Rama durante la estación de las lluvias; y la ira del león de la raza de Raghu; la leva de fuerzas; y el despacho de emisarios en diferentes direcciones; y la asignación por Sugriva de diferentes regiones a los monos; la entrega de su anillo por Rama a Hanuman; el descubrimiento de la caverna por Jambavan; el ayuno de los monos en la orilla del océano; el encuentro de Hanuman con Sampati; la subida de Hanuman a la montaña y su salto sobre el mar; y su vista del Mainaka por mandato del Océano; el anillo de las rakshasis; el encuentro de Hanuman con el rakshasa Chyagraha; la destrucción de Sinhika por Hanuman; y la vista de Lanka por Hanuman y su entrada de noche en Lanka; su comprobación de la conducta en tiempos de desamparo; su recorrido hasta la taberna; y su vista de los aposentos interiores; y su vista de Ravana y de su carro Pushpaka; su paseo al bosque de asokas y su vista allí de Sita; su entrega del anillo a Sita y su conversación con ella; y los rugidos de las rakshasis; y el sueño soñado por Trijata; la entrega de una gema por Sita a Hanuman; y el derribo de los árboles; y la huida de las rakshasis y la matanza de los criados; y la captura del Hijo del dios del viento; y sus terribles rugidos mientras incendiaba Lanka; y su salto de regreso sobre el océano; y la toma por la fuerza de la miel; y el consuelo de Raghava por Hanuman y la entrega a él de la gema; el encuentro de Rama con el Océano; y la construcción del puente por Nala, el cruce del océano por el ejército; y el sitio nocturno de Lanka; y el encuentro de Rama con Bibhishana; la comunicación sobre los medios de destrucción; y la destrucción de Kumbhakarna y Meghanada; y la destrucción de Ravana, y la recuperación de Sita en la ciudad enemiga; y la aspersión de Bibhishana, y la vista del Pushpaka; el regreso de Rama hacia Ayodhya y su encuentro con Bharadwaja; el envío de Hanuman; y el encuentro de Rama con Bharata; y la instalación de Rama; y la despedida de todas las fuerzas; y el agrado de Rama a sus súbditos y la renuncia a Sita; todo lo demás relativo a Rama en la tierra, que aún no ha ocurrido, ha sido tratado por el venerable sabio en el último libro.

Section 4

Cuando Rama hubo obtenido su reino, aquel venerable sabio Valmiki compuso toda la historia [de aquel héroe] en excelente metro y colmada de alto sentido; el santo recitó veinticuatro mil slokas; y consta de quinientas secciones y está dividida en seis Kandas con el Uttara. Y, habiéndola compuesto, incluyendo también los sucesos futuros que habían de ocurrir después, aquel señor reflexionó sobre quién habría de darla a conocer ante las asambleas. Y mientras aquel gran sabio de alma purificada cavilaba así, entraron Kusa y Lava, en el aspecto de hijos de ascetas, y tocaron sus pies. Y encontró a aquellos ilustres príncipes, los hermanos Kusa y Lava, conocedores de la moral, que vivían en una ermita y estaban dotados de voces dulces, aptos para captar el sentido de la poesía. Y, hallándolos de retentiva dotada e iniciados en los estudios védicos, aquel señor les enseñó cómo interpretar los Vedas, y aquel observante de votos les enseñó íntegro el gran Ramayana, que trata de la vida de Sita y de la destrucción de Paulastya. Y aquellos hermanos de voz dulce, semejantes a gandharvas en gracia, versados en la música y la danza, y conocedores de sthana y murchhana, comenzaron a cantar este poema, deleitoso en la recitación y en el canto, dispuesto en tres compases y siete notas, y cantado al tiempo, al compás de instrumentos de cuerda, y colmado de los sentimientos del amor, el patetismo, la risa, la ira, el terror y el heroísmo. Y conocedores de las características que componen el Drama, y dotados de voces melifluas, aquellos intachables príncipes, venidos del cuerpo de Rama y semejantes a él, como el reflejo del disco solar o lunar se asemeja a ese disco, aprendieron de memoria aquella excelente y moral historia en su integridad; y aquellos príncipes versados en las bellas artes, con la mente concentrada, la cantaron tal como la habían aprendido en las asambleas de ascetas, de brahmanes y de hombres buenos.

En cierta ocasión, aquellos de alma elevada y piadosos, provistos de toda marca auspiciosa, cantaron este poema en una asamblea de ascetas de almas purificadas. Al oír esta música, todos los ascetas fueron presa de sorpresa y, con los ojos anegados en lágrimas, exclamaron: «¡Bien hecho! ¡Bien hecho!». Y, muy complacidos, aquellos santos que cultivaban el Deber alabaron a los alabables Kusa y Lava mientras cantaban, diciendo: «¡Ah, qué música encantadora! ¡Qué dulzura de los versos! Todo esto sucedió hace mucho, y sin embargo parece como si lo viéramos ante nosotros». Y, unificados con el tema, cantando ambos juntos con dulzura y en tono alto, por medio de saraja y de las demás notas, hechizaron al auditorio. Y así los dos continuaron cantando dulcemente en tono alto, alabados por aquellos poderosos sabios que se enorgullecían de su ascetismo. Alguien de la asamblea, complacido con ellos, les regaló un cántaro de agua; y alguien de gran fama, deleitado, les hizo presente de una vestidura de corteza; y alguien les dio una piel de venado oscura; y otro, un hilo sagrado; y otros, un kamandalu; y algún gran santo les confirió un cinturón hecho de maunja; y alguien les concedió una vrishi, y otro, un kaupina. Y entonces algún asceta, muy complacido, les dio un hacha; y otro, un paño rojo; y otro, un cordón para atar sus cabelleras enmarañadas; y alguno les dio gustoso una cuerda para atar haces de leña; y otro asceta les ofreció una olla de sacrificio; y otro, una cantidad de leña; y otro, un asiento hecho de adumvari. Y algunos exclamaron: «¡Swasti!»; y algunos gritaron con alegría: «¡Vivan largos años!». Y todos aquellos ascetas de palabra veraz les confirieron bendiciones. Y los sabios dijeron: «¡Maravillosa es la historia! Y, oh ustedes, versados en toda clase de música, cuán hermosamente han cantado y concluido este poema, que encanta el oído y el corazón y confiere larga vida y prosperidad, y que dará temas a los poetas». Y admirados por doquier, en una ocasión aquellos cantores fueron vistos por el hermano mayor de Bharata en una calle de Ayodhya, escasamente salpicada de puestos. Y, habiendo hecho llevar bajo su techo a los hermanos Kusa y Lava, aquel destructor de enemigos, Rama, dispensó a aquellos dignos de honor una respetuosa acogida. Y, habiéndose sentado en un trono de excelente oro, en medio de sus hermanos y consejeros, aquel señor, Rama, al contemplar a ambos hermanos, hermosos y de conducta modesta, habló a Lakshmana, Bharata y Satrughna, diciendo: «Escuchen la historia, colmada de excelente sentido y compuesta en excelente metro, tal como la cantan estos dotados de inspiración divina». Y entonces ordenó a los cantores que comenzaran. Entonces, haciendo que el vello de los oyentes se erizara y cautivando sus mentes y corazones, comenzaron a cantar con melodía y claridad y en tono tan alto como pudieron alcanzar, y en acentos que rivalizaban con las notas de una Vina. Y aquel canto suyo encantó el oído de aquella asamblea. Y Rama dijo: «Aunque estos Kusa y Lava, de rígidas penitencias, parecen ascetas, llevan sin embargo en sus personas las señales de la realeza. Y, además, la historia contribuye a mi fama. ¡Escuchen, pues, esa historia colmada de gran valor!». Y entonces, mandados por Rama, comenzaron a cantar según el modo Marga, y Rama, sentado en medio de su corte, quedó atraído por la música, ansioso de la perpetuación de su historia.

Section 5

Esta gran historia del Ramayana trata de aquellos reyes victoriosos que comenzaron con Prajapati y tuvieron a Ikshvaku por fundador, que gobernaron toda la tierra como ningunos otros reyes lo habían hecho antes que ellos, y en cuyo linaje nació Sagara —Sagara que cavó el océano y a quien, cuando salía en procesión, seguían sus sesenta mil hijos—. Cantaremos ahora toda la historia de esa dinastía desde el principio. Escuchen ustedes, con mentes libres de malquerencia, esa historia que confiere mérito, provecho y placer.

A orillas del Sarayu hay un gran y floreciente país llamado Kosala, abundante en grano y en riqueza, en el que los habitantes pasaban sus días en agrado. Y la capital de aquel país era Ayodhya, famosa entre los hombres, que fue fundada por el propio Manu, aquel primero de los hombres. Y aquella hermosa y poderosa ciudad tenía doce yojanas de largo y diez de ancho; y estaba cruzada por fuera de espaciosos caminos trazados con orden. Y, sembradas de flores abiertas y regadas con agua de manera regular, las anchas calzadas bien dispuestas lucían hermosas. Y aquel que trae prosperidad a poderosos reinos, el rey Dasaratha, vivía en aquella ciudad, como el señor de las deidades que habita las regiones celestes. Y la ciudad estaba provista de puertas y portones y de bien dispuestas hileras de tiendas. Y contenía toda clase de instrumentos y armas, y estaba habitada por todas las clases de artesanos. Y aquella ciudad graciosa y de brillo sin igual abundaba en panegiristas y genealogistas. Y estaba coronada de majestuosos edificios con banderas y guardada por centenares de sataghnis. Y la poderosa ciudad contenía teatros para mujeres, y jardines, y mangales, y estaba rodeada por una muralla. Y, ceñida de un foso profundo, la ciudad era inaccesible tanto para el amigo como para el enemigo. Y abundaba en elefantes y caballos, y vacas y camellos y asnos. Y estaba atestada de reyes vecinos venidos a pagar tributo, y habitada por mercaderes de diversos países, y adornada con palacios semejantes a montañas, que centelleaban de gemas, y llena de lugares de recreo para mujeres, y semejante a la Amaravati de Indra. Y la ciudad era maravillosa de contemplar, rutilante de adornos de oro bruñido, y habitada por tropas de cortesanas, y abundante en toda clase de gemas, y engalanada con palacios reales. Y abundaba en arroz con cáscara y arroz, y su agua era dulce como el jugo de la caña de azúcar. Y resonaba con los sonidos de dundubhis y mridangas y vinas y panavas. Y aquel primer lugar de toda la tierra era semejante a un carro aéreo obtenido en el cielo por los siddhas mediante la fuerza de austeridades ascéticas, y estaba atestado de los mejores ejemplares de la humanidad. Y aquella ciudad fue llenada por el rey Dasaratha con millares de tales maharathas de mano ligera y diestros en la lucha, que podían matar por la fuerza de las armas o con flechas afiladas a leones, tigres y jabalíes enfurecidos que vagaban por el bosque; pero que no atravesaban con flechas a personas solitarias o abandonadas, ni a las ocultas ni a los fugitivos. Y abundaba sobre todo en excelentes brahmanes, que encendían el fuego del sacrificio y estaban coronados de cualidades, y eran versados en los Vedas y los Vedangas, y daban millares en dádivas, y se atenían siempre a la verdad, y eran de alma elevada y semejantes a grandes ascetas.

Section 6

Y en aquella ciudad de Ayodhya residía el rey Dasaratha, versado en los Vedas, dueño de todos los recursos, de larga visión, de poderoso poderío, querido por los habitantes tanto rurales como urbanos, un Atiratha en el linaje de Ikshvaku, que ofrecía sacrificios, atento al cumplimiento de sus deberes, dueño de sí como un Maharshi, santo real de fama en los tres mundos, poseedor de fuerza, destructor de enemigos, rico en amigos, de sentidos dominados, comparable a Sakra y a Vaisravana por la riqueza acumulada y otras posesiones, y que protegía a los pueblos como los protegió el sumamente enérgico Manu. Y así como Indra rige Amaravati, aquel firme en su promesa, que seguía el deber, el provecho y el placer, regía aquella mejor de las ciudades. Y en aquella excelente ciudad los hombres eran felices y de alma virtuosa, muy leídos, cada cual contento con sus posesiones, libres de codicia y veraces. Y en aquella primera de las ciudades no había nadie que no tuviera a su disposición un abundante suministro de buenas cosas, y no había cabeza de familia que no estuviera bien provisto de caballos y vacas, de grano y de riqueza. Y en ninguna parte de Ayodhya se veía a personas entregadas a la lujuria, ni feas, ni de mente torcida, ni iletradas, ni ateas. Y todos los hombres y todas las mujeres eran de excelente carácter, de sentidos dominados y de ánimo feliz, y, tanto en ocupación como en conducta, inmaculados como los Maharshis. Y todos llevaban pendientes, tiaras y guirnaldas, y gozaban abundantemente de los bienes de la vida. Y todos eran limpios, se ungían los miembros y perfumaban sus personas, comían alimento puro, daban limosna, llevaban angadas y nishkas y adornos de mano, y reprimían las pasiones. Y no había en Ayodhya personas que no encendieran el fuego del sacrificio, o no ofrecieran sacrificios, o fueran de mente ruin, o ladrones, o dedicados a ocupaciones indebidas, o de descendencia impura. Y los brahmanes de sentidos dominados estaban siempre ocupados en el cumplimiento de sus propios deberes, dando en caridad, y estudiando, y recibiendo dádivas con discernimiento. Y ninguno de ellos era ateo ni mentiroso ni poco leído ni detractor ni incompetente ni iletrado. Y no había brahmán que no fuera versado en los Vedas y los Vedangas, o que no observara votos, o que no diera por millares, o fuera de espíritu apocado, o de mente insana, o afligido. Y no se veía a hombre ni mujer desprovistos de gracia o de belleza, o faltos de reverencia hacia su monarca. Y las cuatro órdenes, con los brahmanes a la cabeza, contenían personas que servían a los dioses y a los huéspedes, y dotadas de gratitud, y munificentes, y heroicas, y poseedoras de poderío. Y los hombres eran longevos; y se atenían siempre al deber y a la verdad; y vivían en aquella mejor de las ciudades, siempre rodeados de hijos, nietos y esposas. Los kshatriyas eran obedientes a los brahmanes, y los vaisyas seguían a los kshatriyas, y los sudras, ocupados en sus propias labores, servían a las otras tres órdenes. Y aquella ciudad era hábilmente gobernada por aquel señor del linaje de Ikshvaku, como la había gobernado antes que él aquel primero de los hombres, el inteligente Manu. Y, así como una cueva de montaña abunda en leones, estaba llena de guerreros semejantes a fuego llameante, de rectos caminos, poco indulgentes y de saber cumplido. Y la ciudad abundaba en excelentes caballos nacidos en Kamboja, y Vahlika, y Vanayu, y las orillas del Sindhu, y semejantes a aquel mejor de los caballos, el de Hari; y en fieros elefantes nacidos en la montaña Vindhya y en el Himavat, llenos de savia y de fuerza extraordinaria, y semejantes a colinas; y en elefantes bhadra, mandra y mriga; y los nacidos de la mezcla de los tres, y de la mezcla de bhadra y mandra, y de bhadra y mriga, y de mriga y mandra, superiores, semejantes a Airavata, y procedentes de las razas de Mahapadma, Anjana y Vamana; fieros, y semejantes a colinas. Y aquella ciudad medía más de dos yojanas; y en verdad se llamaba Ayodhya. Y, reprimiendo a los enemigos, aquella ciudad era gobernada por el grande y poderosísimo rey Dasaratha, como la Luna gobierna las estrellas. Y aquel señor de la tierra, semejante a Sakra, gobernaba aquella ciudad de Ayodhya, de nombre verdadero, provista de fuertes puertas y cerrojos, y auspiciosa, y engalanada de excelentes edificios, y rebosante de millares.

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Aquel de alma elevada del linaje de Ikshvaku tenía consejeros competentes, capaces de administrar los negocios, de penetrar en los motivos de los demás y siempre atentos al bien del monarca. Y aquel rey heroico tenía ocho famosos consejeros, puros y devotos al servicio real, a saber, Dhrishti, y Vijaya, y Surashtra, y Rashtravardhana, y Akopa, y Dharmapala, y Sumantra, el octavo, conocedor del provecho. Y tenía dos sacerdotes de la familia a su gusto, a saber, aquellos primeros de los santos, Vasishtha y Vamadeva. Y tenía además otros consejeros, a saber, Suyajna, y Javali, y Kasyapa, y Gautama, y el longevo Markandeya, y el regenerado Katyayana. Siempre asociados en el consejo con estos brahmarshis, sus sacerdotes y consejeros, que servían a la dinastía de padre a hijo, instruidos y a la vez modestos, y recatados, y conocedores de la política, y de sentidos dominados, y auspiciosos, y de alma elevada, y diestros en el arte de las armas, y de gran renombre, cautos, y que obraban conforme a su palabra, y poseedores de energía, de indulgencia y de fama, y que siempre preludiaban su discurso con una sonrisa, y nunca incurrían en mentira ni por ira ni por interés ni por deseo, y que empleaban siempre espías que anotaban lo que se hacía o se había hecho en el seno de su propio bando o del hostil. Y eran expertos en el trato con la gente, y bien probados en la amistad por el monarca. Y estaban siempre ocupados en reponer el erario y en levantar tropas. Y no abrigaban malquerencia ni siquiera hacia los enemigos, cuando estos eran inocentes. Y eran heroicos, y siempre de ánimo alto, siguiendo la política, y protegiendo a aquellos ciudadanos que eran puros, y sin guardar malquerencia hacia brahmanes ni kshatriyas, y llenando el tesoro mediante castigos impuestos conforme a las faltas de los culpables. Y durante el tiempo en que aquellos puros de un solo sentir presidían la justicia del reino, no hubo ni en la ciudad ni en las provincias nadie que fuera mentiroso, o malvado, o que anduviera tras mujeres ajenas. Y la paz reinaba por doquier en la ciudad y las provincias. Y los ministros vestían excelentes ropas y adornos, y se ocupaban en observar votos puros, y mantenían siempre abierto el ojo de la política en bien del monarca. Y el rey los consideraba coronados de virtudes; y eran famosos por su poderío, llegando sin error a conclusiones, en virtud de su inteligencia, acerca de otros países. Y en todos los climas y tiempos podían manifestar sus nobles cualidades; y conocían la guerra y la paz, y poseían bondad, pasión e ignorancia. Y sabían guardar su consejo, y juzgar con finura las cosas, y eran muy versados en el arte de la política, y siempre de buen decir. Rodeado de tales consejeros dotados de variadas cualidades, el impecable rey Dasaratha gobernaba la tierra, reuniendo información por medio de espías, y protegiendo con rectitud a los súbditos, y amparando al pueblo, y sin sacrificar sus deberes, famoso en los tres mundos. Y munificente, y firme en la promesa en la batalla, aquel mejor de los hombres gobernaba allí esta tierra. Ni encontró nunca enemigo que fuera su igual o su superior. Y poseedor de amigos, y con jefes obedientes, y arrancando sus espinas con su fuerza, aquel rey gobernaba la tierra como el señor de los celestiales gobierna el cielo. Y rodeado de aquellos consejeros atentos a su bienestar, y que le tenían afecto, y hábiles y competentes, aquel rey, por su poderío para someter a otros, se asemejaba al Sol rodeado de sus rayos.

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Y aunque practicaba austeridades con el fin de que le nacieran hijos, el poderoso rey, de alma elevada, no tenía hijo capaz de perpetuar su linaje. Y volviendo mentalmente el asunto, el de alma elevada pensó: «¿Por qué no celebro un sacrificio del caballo con el propósito de obtener un hijo?». Y aquel monarca sumamente enérgico, piadoso e inteligente, en consulta con todos sus consejeros de mente serena, habiendo resuelto celebrar el sacrificio, dijo a aquel mejor de los consejeros, Sumantra: «Convoca prontamente a mis guías espirituales, junto con los sacerdotes de la familia». Entonces Sumantra, de rápidos movimientos, saliendo presto, reunió a todos los guías espirituales, así como a otros versados en el ritual védico, a saber, Suyajna, y Vamadeva, y Javali, y Kasyapa, y Vasishtha, y otros principales dos veces nacidos. Y, habiéndoles rendido homenaje, el virtuoso rey Dasaratha les dirigió entonces estas dulces palabras, acordes con el deber y el interés: «Siempre afligido por no tener un hijo, no conozco la felicidad; por eso es mi intención celebrar un sacrificio del caballo. Quiero celebrarlo conforme a la ordenanza. Consideren, pues, cómo puedo alcanzar mi objeto». Ante esto, los brahmanes con Vasishtha a la cabeza, exclamando: «¡Bien! ¡Bien!», aprobaron las palabras que habían caído de los labios del monarca. Y, sumamente complacidos, dijeron a Dasaratha: «Ordene usted los artículos necesarios, suelte el caballo y prepare el terreno del sacrificio en la orilla norte del Sarayu. Y, oh rey, puesto que con el propósito de obtener descendencia se propone usted algo tan piadoso, de seguro obtendrá hijos a su gusto». Y al oír estas palabras de los regenerados, el rey quedó muy satisfecho. Y con los ojos dilatados de deleite, dijo a sus ministros: «Procuren los artículos de sacrificio necesarios, conforme al mandato de mis preceptores espirituales; y suelten un caballo protegido por una persona competente y seguido por uno de los principales sacerdotes de la familia; y preparen el terreno del sacrificio en la orilla norte del Sarayu; y cumplan, en debido orden y según la ordenanza, los ritos requeridos para asegurar a la ceremonia una conclusión ininterrumpida. Esta ceremonia no puede ser celebrada por cualquier rey. Debe ponerse particular cuidado en que el sacrificio no sea defectuoso por alguna omisión grave; pues, con los instruidos brahma-rakshasas siempre al acecho para descubrir las faltas de la ceremonia, quien la celebra perece de inmediato si sucede algo que no esté conforme con la Ordenanza. Y dispongan ustedes, que tienen capacidad, que este sacrificio se complete en armonía con el ritual». Así interpelados con el debido respeto, los consejeros escucharon las palabras del monarca y dijeron: «Así sea».

Entonces, tomando el permiso de aquel mejor de los reyes, aquellos regenerados, conocedores del deber, tras bendecir al monarca, volvieron a sus respectivos aposentos. Y, despidiendo a aquellos brahmanes, el rey dijo a su ministro: «Dispongan ustedes el sacrificio tal como lo han ordenado los sacerdotes de la familia». Dicho esto, aquel de mente poderosa y mejor de los hombres despidió a sus ministros y entró él mismo en el aposento interior. Y llegando allí, aquel señor de los hombres dijo a sus esposas predilectas: «Sepan con certeza que, para obtener un hijo, voy a ejecutar un sacrificio». Y al oír aquellas dulces palabras, los rostros de aquellas resplandecientes damas lucieron radiantes, como lotos cuando ha pasado la estación fría.

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Al enterarse de todo, el auriga del rey se dirigió al monarca en privado, diciendo: «¡Escuche usted lo que se relata en la historia antigua y lo que yo mismo he oído! Este sacrificio del caballo ha sido prescrito por los sacerdotes de la familia; y yo mismo he oído la siguiente historia celebrada en crónica antigua. Y lo que dijo en otro tiempo el venerable Sanat Kumara en presencia de los santos se aplica, oh rey, al caso de que usted tenga un hijo. “Kasyapa tiene un hijo conocido con el nombre de Bibhandaka. Este tendrá un hijo llamado Rishyasringa. Y crecerá y pasará sus días en los bosques. Y aquel primero de los brahmanes no conocerá otra cosa que seguir a su padre. Y, oh rey, se rumorea por todas partes, y también lo dicen siempre los vipras, que aquel de alma elevada practicará los dos modos de la vida de brahmacharya. Y pasará algún tiempo sirviendo al fuego del sacrificio y a su famoso padre. En ese tiempo, el poderoso Romapada, de fuerza extraordinaria, será famoso como rey de los angas. Y a consecuencia de alguna falta suya, ocurrirá en su reino una terrible y espantosa sequía, capaz de infundir terror a todos. Y lleno de pesar a causa de esta sequía, el rey convocará a su alrededor a brahmanes versados en el Veda y les dirá: ‘Ustedes conocen el ritual védico y los deberes sociales. Díganme, pues, cómo expiar este mal’. Y así interpelados por el rey, aquellos excelentes brahmanes versados en los Vedas dirán a aquel gobernante de la tierra: ‘Oh monarca, traiga usted por todos los medios al hijo de Bibhandaka. Y habiendo traído, oh rey, a aquel brahmán versado en los Vedas, Rishyasringa, hijo de Bibhandaka, y habiéndolo honrado debidamente, entréguele usted, oh monarca, con mente concentrada, a su hija Santa, conforme a la ordenanza’. Y al oír aquellas palabras suyas, el rey comenzará a pensar cómo podrá traer a aquel dotado de energía. Entonces, en consulta con sus consejeros, el prudente rey, habiendo llegado a una conclusión, honrándolos debidamente, pedirá a su sacerdote y a sus cortesanos que partan en busca de Rishyasringa. Entonces, al oír las palabras del rey, con el corazón apesadumbrado y la cabeza gacha, suplicarán al monarca: ‘Por temor al santo Bibhandaka, no podremos acudir allá’. Al punto, dando con el medio apropiado, dicen: ‘Buscaremos al vipra, y ninguna culpa recaerá sobre nosotros’.

«“Así, por medio de cortesanas, el hijo del santo fue traído por el señor de los angas. Y entonces el dios (Indra) hizo caer lluvias; y el rey le otorgó a Santa”. Y ahora su yerno Rishyasringa lo ayudará a obtener un hijo. Ahora le he relatado lo que Sanat Kumara había comunicado». Entonces el rey Dasaratha, muy complacido, dijo a Sumantra: «Dime ahora por qué medios fue traído Rishyasringa (por el señor de los angas)».

Section 10

Así interrogado por el rey, Sumantra dijo estas palabras: «Le relataré cómo los consejeros trajeron a Rishyasringa. ¡Escuche con sus consejeros! El sacerdote, junto con los consejeros, dijo a Romapada: “Los medios que hemos hallado nunca pueden fallar en su efecto. Rishyasringa ha sido criado en los bosques; y se dedica a las austeridades y al estudio de los Vedas; y ignora el placer que resulta del contacto con las mujeres. Con la ayuda de cosas que sirven agradablemente a los sentidos y arrebatan el alma, lo traeremos a la ciudad. Disponga usted, pues, lo necesario para ellas. Vayan allá cortesanas de aspecto agraciado, vestidas de adornos. Y si son bien tratadas, lo traerán aquí por diversos medios”. Al oír esto, el rey dijo al sacerdote: “¡Así sea!”, y le impuso el encargo, quien, sin embargo, lo transfirió a los cortesanos. Y estos obraron en consecuencia.

«Y conforme a las instrucciones, las cortesanas entraron en aquel gran bosque; y, permaneciendo a cierta distancia de la ermita, procuraron encontrarse con el sereno hijo del santo, que habitaba siempre en los bosques. Y satisfecho con servir a su padre, nunca se alejaba de la ermita; y, en consecuencia, nunca había visto a hombres ni mujeres, ni a ninguna otra criatura que viviera en ciudades y pueblos. Y sucedió que en una ocasión, paseándose a voluntad, el hijo de Bibhandaka llegó a aquel lugar y vio a las cortesanas. Y, primorosamente ataviadas y cantando con dulces voces, las mujeres dijeron al hijo del santo: “¿Quién eres? ¿Y qué haces, oh brahmán? Deseamos saber todo esto. ¿Y por qué recorres solo este lejano bosque?”. Al contemplar a aquellas hermosas doncellas nunca vistas antes, él, de deleite, se apresuró a informarles de su linaje: “Mi padre es Bibhandaka; y yo soy su hijo, nacido de sus entrañas. Mi nombre es Rishyasringa; y mi ocupación es conocida en todo el mundo. Y esta auspiciosa ermita cercana nos pertenece; y allí las recibiré a todas ustedes en debida forma”. Al oír las palabras del hijo del santo, todas consintieron, y las mujeres fueron a ver aquella ermita. Y cuando llegaron allí, el hijo del santo las recibió con hospitalidad, diciendo: “Aquí está el arghya”, “Aquí hay agua para lavar los pies”, “Aquí hay frutas y raíces”. Y entonces ellas recibieron prontamente su hospitalidad. Y movidas por el temor del santo Bibhandaka, aplicaron su mente a marcharse pronto. Y dijeron: “¡Recibe tú también, oh dos veces nacido, estas excelentes frutas de nuestra parte! ¡Y que la fortuna te sea propicia, oh vipra! ¡No te demores!”. Y entonces, abrazándolo gozosas, le dieron golosinas y diversas clases de sabrosos manjares. Y al probar aquellas cosas, aquel de energía extraordinaria las tomó por frutas, nunca antes probadas por los moradores del bosque. Entonces, tras despedirse de él, las mujeres, fingiendo la observancia de algún voto, se marcharon, inspiradas por el temor a su padre. Y cuando se hubieron ido, aquel dos veces nacido, hijo de Kasyapa, se entristeció y, de pena del corazón, iba de un lado a otro. Y al día siguiente, con la mente puesta por un momento en ello, el gracioso hijo de Bibhandaka, dotado de poderío, llegó a aquel lugar donde había encontrado a las agraciadas cortesanas, adornadas de ornamentos. Y en cuanto lo vieron venir, se adelantaron y dijeron: “¡Oh brahmán, ven a nuestra ermita! Hay en aquella ermita diversas clases de frutas y raíces; y allí de seguro comerás hasta saciarte”. Entonces, al oír aquellas palabras suyas, capaces de influir en el corazón, se resolvió a ir; y las mujeres se lo llevaron. Y cuando aquel vipra de alma elevada hubo sido traído, el bueno de Indra hizo caer de súbito abundantes lluvias, que reanimaron el espíritu de los hombres. Y cuando el asceta hubo llegado, con las lluvias, el rey se le acercó en actitud humilde, inclinando la cabeza hasta el suelo. Y le ofreció el arghya en debida forma y con mente recogida; y pidió su favor, para que la ira no pudiera influir en el vipra. Y llevándolo a los aposentos interiores, y confiriéndole en debida forma, con ánimo sereno, a su hija Santa, el rey se sintió feliz. Así el sumamente poderoso Rishyasringa, junto con su esposa Santa, comenzó a vivir allí, servido con respeto en todo deseo».

Section 11

Y dijo de nuevo: «Oh primero de los monarcas, escuche usted mientras le relato cómo habló aquel inteligente Sanat Kumara, el mejor de las deidades. “En el linaje de Ikshvaku nacerá un rey justo, llamado Dasaratha, de hermosa forma y firme en su promesa. Y aquel rey trabará amistad con el soberano de los angas. Y este tendrá una hija sumamente piadosa, de nombre Santa. Y el (anciano) rey de los angas tendrá un hijo, llamado Romapada. Y dirigiéndose a él, el famosísimo rey Dasaratha hablará a Romapada: ‘Oh de alma virtuosa, estoy sin descendencia. Que el esposo de Santa, deseado por usted, se encargue de este sacrificio mío, que he de celebrar con el objeto de obtener un hijo que perpetúe la estirpe’. Al oír estas palabras del rey, y habiéndolo meditado bien, entregará a Rishyasringa, de sentidos dominados, junto con Santa y sus hijos. Y llevándose a aquel vipra, aquel rey, con la mente libre de ansiedad y con el corazón alegre, se preparará para aquel sacrificio. Y el rey Dasaratha, conocedor del deber y deseoso de fama, con el propósito de obtener descendencia y el cielo, con las manos juntas, nombrará a aquel mejor de los brahmanes, Rishyasringa, para conducir la ceremonia. Y aquel portador de bien alcanzará su objeto de manos de aquel primero de los brahmanes; y le nacerán cuatro hijos de inconmensurable poderío, que traerán fama a la familia y serán conocidos por todos”. Así habló en otro tiempo, en la era divina, aquel venerable y primero de los dioses, Sanat Kumara. Por tanto, oh mejor de los hombres, dirigiéndose usted allá con sus fuerzas y su séquito, usted mismo, oh poderoso rey, traiga con los debidos honores a Rishyasringa». Y al oír las palabras de Sumantra, Dasaratha quedó sumamente deleitado. Tras oír estas palabras, y con el permiso de Vasishtha, él, acompañado de las damas y de sus cortesanos, partió hacia el lugar donde estaba aquel dos veces nacido. Y pasando gradualmente por bosques y montes, llegó al lugar donde estaba aquel primero de los ascetas. Y presentándose ante aquel mejor de los regenerados, vio al hijo de aquel sabio junto a Romapada, semejante a fuego llameante. Entonces el rey lo recibió con respeto y con ánimo deleitado, a causa de la amistad que le profesaba. Y comunicó al inteligente hijo del santo el hecho de su intimidad, y entonces este rindió homenaje a Dasaratha. Habiendo pasado siete u ocho días con Romapada, recibiendo altos honores, aquel primero de los hombres, Dasaratha, dijo a Romapada: «Que su hija, oh rey, junto con su esposo, oh señor de los hombres, se dirija a mi ciudad. Voy a emprender una gran empresa». Al oír esto acerca del viaje de aquel inteligente, el rey dijo a aquel vipra: «¡Parta con su esposa!». Entonces el hijo del santo, prometiendo ir, dijo al rey: «¡Así sea!». Y luego, con el permiso del rey, partió con su esposa. Y Dasaratha y el poderoso Romapada, tomándose por la palma y abrazándose con afecto, alcanzaron exceso de gozo. Entonces el hijo de Raghu, despidiéndose de su amigo, partió. Y despachó veloces mensajeros a los ciudadanos, diciendo: «Que toda la ciudad sea embellecida; que sea perfumada con dhupa y regada y adornada con gallardetes». Y al oír la proximidad del rey, los ciudadanos hicieron con alegría todo cuanto se les había ordenado. Entonces el monarca, con aquel primero de los brahmanes delante de él, entró en la ciudad engalanada, entre el estruendo de caracolas y tambores. Y al contemplar a aquel brahmán entrando en la ciudad, debidamente honrado por el primero de los hombres, sometido a Indra, semejante al hijo de Kasyapa entrando en las regiones celestes, honrado por el señor de los celestiales de los mil ojos, todos los ciudadanos se regocijaron en extremo. Entonces, llevándolo a los aposentos interiores y rindiéndole homenaje conforme a la ordenanza, el rey se consideró como habiendo logrado su objeto, a causa de la presencia de aquel brahmán. Y todos los moradores del aposento interior, al ver a la de grandes ojos Santa llegada así con su esposo, experimentaron exceso de gozo. Entonces, honrada por ellos y por el rey en especial, pasó allí felizmente algún tiempo junto con aquel dos veces nacido.

Section 12

Entonces, tras largo tiempo, cuando la encantadora primavera había aparecido sobre la tierra, el rey concibió el deseo de celebrar el sacrificio. Entonces, inclinando la cabeza ante aquel vipra resplandeciente como un celestial, lo nombró para emprender la ceremonia con el fin de obtener descendencia que perpetuara su linaje. Entonces aquel brahmán dijo a aquel señor de la tierra, el rey: «¡Así sea! Ordene los artículos necesarios, suelte el caballo y prepare un terreno de sacrificio en la orilla norte del Sarayu». Entonces el rey habló a Sumantra, diciendo: «Oh Sumantra, convoca prontamente a los brahmanes versados en los Vedas y a los sacerdotes que profesan la filosofía del Vedanta: Suyajna, y Vamadeva, y Javali, y Kasyapa, y el sacerdote Vasishtha, junto con otros excelentes dos veces nacidos». Entonces Sumantra, dotado de actividad, poniéndose en movimiento, convocó a todos aquellos versados en los Vedas. Entonces, honrándolos debidamente, el virtuoso rey Dasaratha les dirigió estas amables palabras, acordes con el deber y el interés: «Afligido por no tener un hijo, no tengo felicidad en la tierra; y por tanto he resuelto celebrar un sacrificio del caballo. Y por la gracia del hijo del santo obtendré mi deseo». Entonces los brahmanes con Vasishtha a la cabeza honraron las palabras que habían caído de los labios del rey, diciendo: «Bien». Y los brahmanes encabezados por Rishyasringa se dirigieron al rey, diciendo: «¡Disponga los artículos, suelte el caballo y prepare el terreno del sacrificio en la orilla norte del Sarayu! Y puesto que se propone usted algo tan virtuoso para obtener descendencia, obtendrá cuatro hijos de inconmensurable poderío». Y al oír aquellas palabras de los regenerados, el rey quedó sumamente deleitado. Todo alegre dijo estas auspiciosas palabras a su cortesano: «Conforme a las indicaciones de mis guías espirituales, procuren prontamente estos artículos; suelten el caballo bien protegido y seguido por un sacerdote; y preparen el terreno del sacrificio en la orilla norte del Sarayu. Y cumplan las ceremonias capaces de asegurar los ritos contra toda perturbación. Sin duda todo rey es competente para ejecutar este sacrificio. Con todo, debe tenerse cuidado de que no ocurra en él ninguna falta. Pues los instruidos brahma-rakshasas vigilan los defectos de este primero de los sacrificios. Y si llegara a celebrarse con violación de la ordenanza, quien lo celebre hallará destrucción inmediata. Y dispongan ustedes que este sacrificio mío se complete conforme al ritual prescrito». Entonces los ministros, honrando aquellas palabras del rey, hicieron como se les había ordenado. Y, habiendo elogiado al rey conocedor del deber, los dos veces nacidos, con licencia del Monarca, partieron a sus respectivos aposentos. Y cuando los vipras se hubieron ido, el señor de los hombres, de mente poderosa, despidiendo a sus consejeros, entró en el aposento interior.

Section 13

Y cuando, pasado un año entero, la primavera volvió a aparecer sobre la faz de la tierra, el poderoso rey, resuelto a obtener descendencia mediante el sacrificio del caballo, buscó el lado de Vasishtha. Y, habiendo saludado a Vasishtha y rendido debido homenaje, habló con humildad a aquel mejor de los dos veces nacidos, con el propósito de tener descendencia: «Oh brahmán, encárguese de ejecutar este sacrificio mío, conforme a la ordenanza, oh primero de los ascetas. Y disponga que ningún impedimento sobrevenga al sacrificio. Usted es mi bondadoso amigo y mi primer y poderoso guía espiritual. Ocupado en ello, tendrá que cargar con toda la tarea de la ceremonia». Entonces aquel mejor de los brahmanes dijo: «¡Así sea! Haré todo cuanto me pide». Luego dijo a los viejos brahmanes bien versados en asuntos de sacrificio, y a los experimentados constructores de carros, y a los ancianos muy piadosos, y a los sirvientes que llevan adelante hasta el fin las operaciones ceremoniales, y a los artistas, y a los carpinteros, y a los cavadores, y a los astrólogos, y a los artesanos, y a los bailarines, y a los directores de teatros, y a las personas puras y doctas, variadamente versadas en saber: «¡Ocúpense, en obediencia al mandato real, en la obra del sacrificio! ¡Y traigan ladrillos por millares! ¡Levanten construcciones para los reyes, provistas de toda comodidad! Y erijan por centenares buenas y cómodas edificaciones para los brahmanes, abastecidas de diversas comidas y bebidas. Deben proveer amplios aposentos para los ciudadanos y los moradores de las provincias, y alojamientos separados para los príncipes que vengan de partes extranjeras; y caballerizas para los caballos, y vestidores, y amplios aposentos para los guerreros nativos y extranjeros. Y moradas llenas de diversas clases de manjares y provistas de todo lo deseable, y mansiones para las clases inferiores de los ciudadanos, sumamente hermosas de contemplar. Y las comidas deben dispensarse debidamente con respeto, y no con la indiferencia de las ocasiones festivas, de modo que todos puedan considerarse honrosamente agasajados. A nadie debe desatenderse por lujuria o pasión. Aquellas personas y artesanos que laboren con empeño en el sacrificio deben ser agasajados por turnos de manera especial; y también los sirvientes que, agasajados con dádivas, lo hagan todo por completo y no omitan nada. Y actúen ustedes, con el corazón ablandado por el afecto, de modo que todos nuestros amigos queden muy complacidos con nosotros».

Entonces se acercaron a Vasishtha, diciendo: «Todo se ha cumplido debidamente, sin que se haya dejado nada. Y lo que usted dice se cumplirá, y nada será omitido». Entonces, convocando a Sumantra, Vasishtha dijo estas palabras: «Invita a todos aquellos reyes que son piadosos, y a brahmanes, y a kshatriyas y a sudras, por millares. Y con los debidos honores trae gentes de todos los países. Y trae tú mismo, con el debido honor, al justo, veraz y heroico Janaka, señor de Mithila. Y es porque es nuestro viejo amigo que lo menciono primero. Luego trae tú mismo al amable y siempre bien hablado señor de Kasi, de excelente carácter, semejante a un celestial. Luego trae aquí, junto con su hijo, al sumamente piadoso y anciano rey de Kekaya, que es suegro de este mejor de los monarcas. Luego trae con los debidos honores al poderoso rey de Kosala, y a aquel poderoso arquero, el ilustre Romapada, amigo de aquel león de los reyes, y a aquel primero de los hombres, el heroico y generosísimo señor de Magadha, versado en todas las ramas del saber. Y, conforme al mandato del rey, invita a los primeros monarcas. Y convoca a los reyes del Oriente, de los países de Sindhu y Sauvira, y de Saurashtra, y del Sur. Y trae prontamente a aquellos monarcas que nos son adictos, junto con sus amigos y seguidores. En obediencia al mandato del monarca, tráelos, despachando emisarios de dignidad».

Al oír aquellas palabras de Vasishtha, Sumantra ordenó prontamente a personas de confianza lo relativo a traer a los reyes. Y el virtuoso Sumantra, conforme al mandato del asceta, partió él mismo prontamente con el fin de traer a los monarcas. Y entonces llegaron los sirvientes e informaron al inteligente Vasishtha acerca de los artículos que habían sido dispuestos para el sacrificio. Entonces, muy complacido, aquel mejor de los dos veces nacidos, el asceta Vasishtha, les dijo: «No den con irrespeto ni a la ligera. Una dádiva concedida con irrespeto destruye sin duda al que la da».

Entonces, durante varios días, los reyes comenzaron a afluir a la ciudad de Dasaratha de día y de noche, trayendo consigo diversas clases de gemas. Entonces Vasishtha, muy complacido, dijo al rey: «Oh mejor de los hombres, obedeciendo su mandato, los reyes han venido aquí; y yo también, según su mérito, he recibido con respeto a aquellos excelentes reyes. Y todo ha sido cuidadosamente dispuesto para el sacrificio por las personas encargadas. Diríjase, pues, al terreno del sacrificio para ejecutar el sacrificio. Y, oh primero de los monarcas, conviene que usted vea el recinto, lleno de todos los objetos deseables y semejante a una obra preparada por la propia imaginación».

Entonces, conforme a las indicaciones de Vasishtha y de Rishyasringa, el rey llegó al lugar del sacrificio en un día regido por una estrella auspiciosa. Entonces, con Rishyasringa a la cabeza, Vasishtha y los demás principales brahmanes, dirigiéndose al terreno del sacrificio, comenzaron la ceremonia conforme a la ordenanza y en debida forma. Y el auspicioso rey, en compañía de sus esposas, fue iniciado en la ceremonia.

Section 14

Y, transcurrido un año entero, cuando hubo regresado el caballo del sacrificio, comenzó el sacrificio del rey en la orilla norte del Sarayu. Y con Rishyasringa a la cabeza, los principales dos veces nacidos iniciaron los actos de aquel gran sacrificio del caballo de aquel monarca de alma elevada. Y los sacerdotes, cada uno cumpliendo debidamente y conforme a la ordenanza su propia parte, se ocuparon en la ceremonia de acuerdo con las escrituras. Y los regenerados, habiendo ejecutado el pravargya así como el upasada conforme a la ordenanza, completaron debidamente las ceremonias adicionales. Entonces, adorando a las deidades con corazones alegres, aquellos primeros de los ascetas cumplieron debidamente las abluciones de la mañana y los demás ritos prescritos. Ofrecidas primero a Indra, según el ritual, las oblaciones de mantequilla clarificada, el rey, con corazón purificado, hizo sus abluciones. Y luego tuvieron lugar las abluciones del mediodía en la debida sucesión. Y aquellos primeros de los brahmanes, en debida forma y conforme a la ordenanza, oficiaron en el tercer baño de aquel monarca de alma elevada. Y los sacerdotes, presididos por Rishyasringa, invocaron a Sakra y a las otras deidades, recitando mantras medidos. Y los sacerdotes del sacrificio, entonando dulces samas y suaves mantras, invocando debidamente a los moradores de las regiones celestes, ofrecieron cada uno su parte de las oblaciones. Y ninguna parte de la ceremonia se ejecutó indebidamente o se omitió, y todo se celebró satisfactoriamente con mantras. Y aquel día ningún brahmán sintió cansancio ni hambre; y no hubo ninguno que no fuera docto, o que no estuviera seguido por cien personas. Y brahmanes, y sudras entre los que había ascetas, y sramanas, y ancianos, y enfermos, y mujeres y niños, eran alimentados de continuo. Y aunque comían hasta saciarse, no conocían la hartura. Y «¡Den comida y vestidos de toda clase!» (se oía por todas partes). Y los empleados en la tarea daban profusamente. Y cada día se veía comida debidamente preparada en debida forma en incontables montones semejantes a colinas. Y hombres y mujeres venidos de diversos países al sacrificio de aquel de alma elevada eran excelentemente agasajados con comidas y bebidas. Y los primeros de los regenerados decían: «Los manjares han sido preparados en la forma prescrita y tienen excelente sabor. Hemos quedado satisfechos. ¡Que la fortuna le sea propicia!». Todo esto lo oía aquel descendiente de Raghu. Y personas adornadas con ornamentos repartían las viandas entre los brahmanes, y eran ayudadas por otras que lucían pendientes de gemas. Y en el intervalo entre el término de un baño y el comienzo del siguiente, vipras suaves y elocuentes, deseosos de victoria, se entregaban a diversas disputas. Y cada día en aquel sacrificio, hábiles brahmanes, ocupados en la ceremonia, lo hacían todo conforme al ritual. Y no había dos veces nacido que no fuera versado en los Vedas y los Vedangas, o que no observara votos, o que no fuera profundamente docto; ni participaba en el sacrificio nadie que no pudiera argumentar con pericia. Y cuando llegó el momento de plantar los yupas, personas conocedoras de las artes y de los ritos del sacrificio prepararon seis yupas de bilva, otros tantos de catecú, y otros tantos de palasa, y uno de sleshmataka, y dos de devadaru, bien hechos y de dos brazos extendidos de medida. Personas versadas en las artes y la ciencia del sacrificio construyeron estos yupas. Y al tiempo de levantar los yupas, para embellecer el sacrificio, estos veintiún yupas, cada uno de veintiún aratnis de medida, con ocho ángulos y de cara lisa, fueron ataviados con veintiún paños y plantados firmemente con las debidas ceremonias por los artesanos. Y envueltos en paños y adorados con flores, parecían los siete rishis apareciendo en el firmamento. Y también se hizo debidamente un número adecuado de ladrillos (para la ceremonia). Y brahmanes diestros en las artes construyeron con esos ladrillos el hogar del sacrificio. Y aquel hogar de aquel león entre los reyes, dispuesto por hábiles brahmanes, formado en tres lados de dieciocho ladrillos, parecía el Garura de alas doradas. Y con el fin de sacrificarlos a las respectivas deidades se reunieron bestias, y reptiles, y aves, y caballos, y animales acuáticos. Y los sacerdotes sacrificaron a todos estos en debida forma. Y a estos yupas fueron atadas trescientas bestias, así como el primero de los mejores caballos pertenecientes al rey Dasaratha. Entonces Kausalya, habiendo cumplido los ritos preliminares, mató a aquel caballo con tres golpes, experimentando gran regocijo. Y con el fin de cosechar mérito, Kausalya, con corazón sereno, pasó una noche con aquel caballo provisto de alas. Y los hotas y los adhvaryus y los udgatas unieron a la vavata del rey con su mahishi y su parivriti. Y los sacerdotes de sentidos dominados, bien versados en los ritos del sacrificio, comenzaron a ofrecer oblaciones con la grasa del caballo alado, conforme a la ordenanza. Y aquel señor de los hombres, deseoso de apartar sus pecados, a su debido tiempo aspiró el olor del humo que se alzaba de la grasa, conforme a las escrituras. Y luego dieciséis sacerdotes del sacrificio ofrecieron al fuego, en la forma prescrita, las diversas partes del caballo. Es costumbre en otros sacrificios ofrecer las oblaciones por medio de una rama de plaksha; pero en el sacrificio del caballo se usa en su lugar una caña. El sacrificio del caballo, según los Kalpa Sutras y los Brahmanas, se extiende por tres días. Luego, el primer día se celebró el chatushtoma; y el segundo el uktha, y el tercero el atiratra. Y luego el jyotishtoma, y luego el ayushtoma, y el atiratra y el abhijit, y el viswajit, y el aptoryama; todos estos diversos grandes sacrificios se celebraron con los debidos ritos. Y en este poderoso sacrificio del caballo, fundado antaño por Svayambhu, aquel perpetuador de su linaje, el rey, concedió la región del Oriente a su sacerdote principal del sacrificio, la del Occidente a su adhvaryu, la del Sur a Brahma y la del Norte al udgata, como dakshinas. Y, habiendo completado aquel sacrificio, aquel perpetuador de su raza y primero de los hombres, el rey, confirió a los sacerdotes la tierra; y, habiéndola conferido, aquel auspicioso descendiente de Ikshvaku experimentó alto deleite. Y entonces los sacerdotes dijeron a aquel monarca, que había quedado limpio de todos sus pecados: «Solo usted es digno de proteger el mundo entero. Nosotros no queremos la tierra; ni podemos gobernarla, oh señor de la Tierra, ocupados como estamos constantemente en los estudios védicos. Confiéranos, pues, algo en su lugar, como precio de ella. Confiéranos gemas, u oro, o vacas, o cualquier otra cosa, pues, oh primero de los monarcas, no queremos la Tierra». Así interpelado por los brahmanes versados en el Veda, aquel mejor de los reyes les concedió diez lakhs de vacas, y diez kotis de oro, y cuarenta de plata. Entonces aquellos sacerdotes en conjunto, aceptando la riqueza, la llevaron al asceta Rishyasringa y al inteligente Vasishtha. Entonces, habiendo recibido cada uno su parte, aquellos primeros de los regenerados quedaron sumamente complacidos y dijeron: «Hemos quedado muy satisfechos». Entonces, a aquellos brahmanes que habían venido allí, el rey con debido miramiento dio kotis de oro. Y a cierto pobre dos veces nacido que le pidió dádivas, el descendiente de Raghu le dio un excelente adorno de su propio brazo. Y, cuando los regenerados quedaron así debidamente satisfechos, aquel que apreciaba a los brahmanes, con los sentidos embriagados por el exceso de gozo, se inclinó reverente ante ellos. Y entonces los brahmanes pronunciaron diversas bendiciones sobre aquel rey generoso, inclinándose profundamente hasta la tierra. Entonces, habiendo celebrado aquel excelente sacrificio, destructor de pecados, que otorga el cielo y que no pueden celebrar los primeros monarcas, el rey Dasaratha, muy complacido, dijo a Rishyasringa: «Oh de excelentes votos, conviene que haga usted aquello por lo cual mi linaje pueda crecer». Entonces el mejor de los brahmanes dijo: «¡Así sea! A usted, oh rey, le nacerán cuatro hijos, perpetuadores de su raza». Al oír estas dulces palabras suyas, aquel primero de los monarcas se inclinó ante él con las facultades dominadas y experimentó el exceso de gozo. Y entonces aquel de alma elevada habló de nuevo a Rishyasringa.

Section 15

Entonces aquel de vasta inteligencia, versado en los Vedas, tras meditar por un tiempo y recobrar sus sentidos, devolvió al rey esta excelente respuesta: «En su nombre, y con el fin de obtener hijos para usted, ejecutaré debidamente, con ayuda de los mantras prescritos en el Atharva Veda, la famosa ceremonia capaz de coronarlo de descendencia». Y entonces, con el fin de obtener hijos (para el rey), aquel resplandeciente dio comienzo a la ceremonia que confiere hijos; y conforme a la ordenanza, y con mantras, ofreció oblaciones al fuego del sacrificio. Y las deidades, con los gandharvas, y los siddhas, y los principales santos, se congregaron allí debidamente, con el objeto de obtener cada uno su parte de las ofrendas. Y, habiéndose congregado allí debidamente, las deidades dirigieron estas palabras a Brahma, el señor de las criaturas: «Oh poseedor de los seis atributos, por su gracia un rakshasa llamado Ravana nos oprime a todos con su poderío, y no podemos frustrarlo. Y, oh señor, como usted le confirió complacido un don, siempre lo toleramos en deferencia a él. Y aquel de mente perversa hostiga los tres mundos provistos de prosperidad y les guarda malquerencia. Y cegado por el don que ha recibido, aquel irrefrenable se propone abatir al propio señor de los celestiales, y a los yakshas, y a los gandharvas, y a los brahmanes, y a los asuras. Y el Sol no lo quema ni el Viento sopla en torno a él; y a su vista, el Océano, aquel engalanado de olas, no se atreve a moverse. Por tanto, grande es el temor que nos aflige, venido de aquel rakshasa de aspecto espantoso. Y, oh señor, conviene que usted discurra algún medio para destruirlo». Así interpelado por las deidades en conjunto, dijo: «¡Ay! Sin embargo, he decidido el medio de destruir a aquel de alma perversa. Él había pedido: “¡Que no pueda yo ser muerto por gandharvas, ni yakshas, ni dioses, ni rakshasas!”; a lo cual dije yo: “¡Así sea!”. Por desdén, el rakshasa no mencionó entonces a los hombres. Por tanto, solo por hombres puede ser muerto; ni su fin puede lograrse por ningún otro medio». Al oír este grato discurso pronunciado por Brahma, las deidades y los Maharshis quedaron sumamente deleitados. En ese momento, aquel señor del universo, el sumamente resplandeciente Vishnu, vestido de ropa amarilla y llevando en las manos la caracola, el disco y la maza, y adornado de keyuras bruñidos, llegó allí montando al hijo de Vinata, como el Sol montado en las nubes. Y, adorado por los primeros de los celestiales, se acercó a Brahma y se sentó con mente recogida. E inclinándose ante él, las deidades le dijeron: «Oh Vishnu, para beneficio de los mundos, lo designaremos a usted para cierta obra. Dividiéndose usted en cuatro, oh señor, oh Vishnu, nazca como hijos en las tres esposas, semejantes a la Modestia, la Auspiciosidad y la Fama, del señor de Ayodhya, el rey Dasaratha, conocedor del Deber, y munificente, y poseedor de energía, y semejante a un Maharshi. Hecho hombre, oh Vishnu, mate en batalla a esta espina de los mundos, al engreído Ravana, incapaz de ser muerto por los dioses; pues el necio rakshasa, por virtud de un poderío sublimado, frustra a las deidades, y a los gandharvas, y a los siddhas, y a los primeros de los santos. Y por él, privado del sentido de lo justo y lo injusto, han sido muertos sin motivo santos y gandharvas y apsaras que se solazaban en los jardines de Nandana. Es para lograr su muerte que, acompañados por los ascetas, hemos venido aquí; es por esto que los siddhas y los gandharvas y los yakshas se han refugiado en usted. Usted, oh Dios, es el camino primero de todos nosotros, oh sometedor de enemigos. Dirija usted su pensamiento, para llevar la destrucción a los enemigos de los dioses, a nacer como hombre». Así rogado, aquel primero de los dioses y jefe de los celestiales, Vishnu, adorado por todas las criaturas, dijo a las deidades congregadas, que seguían el Deber, con el Abuelo a la cabeza: «¡Abandonen el temor! Por el bien de ustedes, matando en batalla al astuto e irrefrenable Ravana, espantoso para los santos y los celestiales, junto con sus hijos, y nietos, y amigos, y consejeros, y parientes, y conocidos, moraré entre los mortales, gobernando esta tierra por diez mil años y otros tantos centenares». Habiendo conferido así un don a los dioses, el dios Vishnu, de alma dominada, se puso a pensar en el lugar donde nacería entre los hombres. Entonces aquel de ojos semejantes a pétalos de loto, dividiéndose en cuatro partes, eligió por padre al mismo rey Dasaratha. Entonces los celestiales y los santos y los gandharvas y los rudras y las apsaras cantaron himnos excelentes al Matador de Madhu:

«Extirpe usted por completo al altivo Ravana, de feroz poderío y soberbia acrecentada, aquel enemigo del señor de los celestiales, que es causa de las lágrimas de los tres mundos y espantoso para los ascetas; matando a aquel de terrible poderío, que aflige los tres mundos, con sus fuerzas y amigos, diríjase usted, oh primero de los dioses, libre de la fiebre del corazón, a las regiones celestes protegidas por usted y purgadas de todas sus faltas y pecados».

Section 16

Así rogado por los primeros de los celestiales, aquel escrutador de corazones, Vishnu, aunque conocía el medio por el cual Ravana había de ser destruido, dijo a los dioses estas amables palabras: «¿Cuál es, oh dioses, el medio de lograr la destrucción de aquel señor de los rakshasas, adoptando el cual yo pueda matar a aquella espina de los ascetas?». Así interpelados, los dioses respondieron a Vishnu, incapaz de deterioro: «Tomando forma de ser humano, mate usted a Ravana en batalla. Él, oh sometedor de enemigos, había practicado durante largo curso de tiempo rígidas austeridades; y con ello el creador de todo, el Brahma primero creado, quedó muy complacido. Y, propiciado por sus penitencias, el Señor concedió al rakshasa un don, a saber, que, salvo el hombre, ningún temor le viniera de los diversos seres. Y en el asunto de la concesión de aquel don, (Ravana) había desdeñado antaño al hombre. E hinchado de orgullo a causa del don que recibió del Abuelo, comete estragos en los tres mundos y arrebata por la violencia al sexo hermoso. Por tanto, oh sometedor de enemigos, hemos fijado precisamente al hombre para provocar su muerte». Al oír este discurso de los celestiales, Vishnu, de alma dominada, eligió por padre al mismo rey Dasaratha. Y en aquel tiempo, deseando ansiosamente tener hijos, aquel destructor de enemigos, el resplandeciente rey Dasaratha, que no tenía hijos, celebraba el sacrificio que confiere descendencia masculina. Entonces, habiendo comprobado el curso que debía seguir, Vishnu, tras saludar al Abuelo, desapareció de allí, adorado por las deidades y los Maharshis.

Y entonces, llevando él mismo en las manos una capaz vasija hecha de oro bruñido, con tapa de plata, querida como una esposa y semejante a la divina energía Creadora, llena de celestial payasa, del fuego del sacrificio de Dasaratha, iniciado en la ceremonia, surgió un ser poderoso, de poderío sin par, gran energía y enorme fuerza, negro, vestido de ropa carmesí, de rostro rojo, que emitía bramidos de trompeta, con el cuerpo cubierto de pelo leonino, con bigotes y excelente cabellera, provisto de signos auspiciosos y adornado con ornamentos celestes, semejante a una cima de montaña, y con el poderío de un tigre llameante, y semejante al Sol o a lenguas de fuego llameante. Y con los ojos fijos en Dasaratha, se dirigió al rey, diciendo: «Oh monarca, tómeme usted como persona comisionada por Prajapati». Al oírlo hablar así, Dasaratha, con las manos juntas, dijo: «Señor, ¿es usted bienvenido? ¿Qué puedo hacer por usted?». Entonces aquel enviado por Prajapati habló de nuevo así: «Oh rey, habiendo adorado a las deidades, ha obtenido usted hoy esto. Reciba usted, oh primero de los reyes, este excelente payasa divinamente preparado, que confiere hijos, salud y abundancia, el cual ha de dar a sus dignas consortes, diciendo: Tómenlo. Por medio de ellas obtendrá usted, oh monarca, hijos, por obtener los cuales ha ejecutado este sacrificio». Entonces, diciendo: «Así sea», el señor de los hombres colocó con deleite sobre su cabeza aquella vasija de oro, divinamente otorgada, llena de celestial payasa. Y, habiendo saludado a aquel maravilloso ser de graciosa presencia, comenzó, con exceso de gozo, a darle vueltas alrededor una y otra vez. Entonces Dasaratha, habiendo recibido aquel payasa divinamente preparado, se regocijó en extremo, como un pobre que alcanza la abundancia. Entonces aquel ser sumamente resplandeciente de forma maravillosa, cumplida aquella misión suya, desapareció allí mismo. Y el aposento interior de Dasaratha, engalanado con los rayos del gozo, parecía el firmamento inundado por los hermosos rayos de la luna otoñal. Entonces, entrando en el aposento interior, habló a Kausalya, diciendo: «Toma este payasa; pues esto te hará dar a luz un hijo». Dicho esto, el rey le ofreció una porción de este payasa. Luego confirió a Sumitra una cuarta parte de él. Luego, para que ella tuviera un hijo, el rey Dasaratha entregó a Kaikeyi una porción igual de lo que quedaba. Y entonces, tras reflexionar, aquel de mente poderosa dio a Sumitra la porción restante del payasa semejante a ambrosía. Así el rey dispensó el payasa a todas y cada una de sus esposas. Y aquellas primeras esposas del rey, habiendo recibido aquel payasa, quedaron sumamente deleitadas y se consideraron muy honradas. Entonces aquellas excelentes consortes del señor de la tierra, habiendo tomado cada una por separado aquel selecto payasa, dieron a luz en breve descendencia semejante al fuego o al Sol. Y el rey, al ver a aquellas esposas suyas llevando hijos, obtuvo su deseo y se deleitó, como aquel primero de los celestiales, Indra, mientras es adorado por los siddhas y los ascetas.

Section 17

Cuando Vishnu hubo aceptado ser hijo de aquel rey de alma elevada, el Señor autocreado se dirigió a los celestiales, diciendo: «Para auxiliar al heroico Vishnu, firme en su promesa, que busca siempre el bienestar de todos nosotros, creen seres poderosos, que tomen formas a voluntad, conocedores de ilusiones, heroicos, dotados de la celeridad del viento, versados en la moral, poseedores de inteligencia, semejantes a Vishnu en poderío, imposibles de matar, conocedores de los medios (de guerra y de paz), de excelentes cuerpos, capaces de resistir todas las armas y semejantes a inmortales. Y del cuerpo de las primeras apsaras, y gandharvis, y yakshis, y pannagis, y rikshis y vidyadharis, y kinnaris y vanaris produzcan hijos que lleven formas de monos. En otro tiempo creé a aquel primero de los osos, Jambavan, que salió de súbito de mi boca mientras yo bostezaba». Al oír este mandato de Aquel poseedor de los seis atributos, comenzaron a producir hijos dotados de formas de mono. Y ascetas de alma elevada, y siddhas, y vidyadharas, y uragas, y charanas engendraron hijos heroicos, moradores de los bosques. E Indra engendró como hijo suyo a aquel primero de los monos, Vali, semejante a la colina Mahendra, y aquel mejor de los que dan calor, el Sol, a Sugriva. Y Brihaspati engendró al poderoso simio llamado Tara, el más excelente e inteligente de los principales monos. Y el Dispensador de riquezas engendró como hijo suyo al gracioso simio Gandhamadana. Y Visvakarma engendró a aquel poderoso mono llamado Nala; y Agni engendró como hijo suyo al poderoso y gracioso Nila, en resplandor semejante al fuego, que superó incluso a su padre en energía, poderío y renombre. Y los hermosos Asvins, dotados de la riqueza de la belleza, engendraron a Maindra y Dvivida. Y Varuna engendró al mono llamado Sushena; y Parjanya engendró a Sarava, poseedor de gran fuerza. Y el dios del Viento engendró al gracioso mono llamado Hanuman, dotado de un cuerpo duro como el diamante; en rapidez semejante al hijo de Vinata; y el más inteligente así como el más poderoso entre todos los principales monos. Así producidos, surgieron de súbito por millares poderosos osos, y monos, y gopuchchhas, de fuerza inconmensurable, heroicos y poderosos, que tomaban formas a voluntad, dotados de cuerpos semejantes a elefantes de las montañas; aquellos mismos que habrían de ocuparse en lograr la destrucción del de las diez cabezas. Y los hijos de las deidades conservaron con claridad los respectivos colores, formas y poderío que caracterizaban a sus diversos padres. Y los nacidos de los golangulas poseían incluso más que la fuerza de los dioses. Asimismo, en rikshis y kinnaris fueron engendrados con gozo millares y millares de monos por dioses, y Maharshis, y gandharvas, y tarkshyas, y famosos yakshas, y nagas, y kimpurushas, y siddhas y vidyadharas, y uragas. Y en las principales apsaras, y las vidyadharis, y las hijas de los nagas, y las gandharvis fueron engendrados por los charanas como hijos monos heroicos de cuerpos gigantescos, que recorrían los bosques y vivían de frutas y raíces. Y todos estos monos estaban dotados de fuerza; y podían tomar formas y dirigirse a todas partes a voluntad. Y eran semejantes a leones y tigres, tanto en orgullo como en poderío. Y luchaban con peñascos y arrojaban colinas. Y luchaban con uñas y dientes, y eran diestros en todas las armas. Y podían mover las mayores colinas, y aplastar los árboles firmes, y con su ímpetu agitar a aquel señor de los ríos, el Océano. Y con sus patadas podían rasgar la Tierra y nadar por encima del poderoso mar. Y podían penetrar en el firmamento y capturar las nubes. Y podían someter a los elefantes enloquecidos que recorrían el bosque. Y con sus rugidos podían hacer caer a las aves que cantaban. Así surgieron kotis de caudillos de manadas de monos, de alma elevada, que tomaban formas a voluntad. Y estos se convirtieron en los jefes de las principales manadas de monos; y ellos, a su vez, engendraron monos heroicos, los primeros de los jefes de manadas.

Algunos de estos monos comenzaron a habitar en la cima de la montaña Rikshavana; mientras otros habitaban otras diversas montañas y bosques. Y todos los jefes de manadas de monos permanecían con aquellos hermanos, Sugriva, el hijo del dios Sol, y Vali, el de Sakra, y también con Nala, y Nila, y Hanuman, y otros jefes de manadas de monos. Y dotados de la fuerza de Garura y diestros en el combate, recorrían los alrededores aplastando leones, y tigres, y poderosos uragas. Y el de brazos poderosos Vali, de gran poderío y fuerza formidable, protegía, por virtud de la energía de sus brazos, a los rikshas, y los gopuchchhas, y los monos. Y esta tierra, provista de montañas, y bosques, y océanos, comenzó a rebosar de aquellos heroicos señores de jefes de manadas de monos, que habitaban en diferentes lugares, portadores de marcas características, semejantes a masas de nubes o a cumbres de montañas, poseedores de gran fuerza y de cuerpos y rostros terribles, con el fin de que pudieran auxiliar a Rama.

Section 18

Cuando el sacrificio del caballo del de alma elevada Dasaratha hubo sido completado, los inmortales, aceptando cada uno su parte, regresaron de donde habían venido. Y el monarca, habiendo observado todas las reglas de la iniciación, entró en el palacio con su séquito y comitiva. Y los señores de la tierra, habiendo sido recibidos convenientemente por el rey, con corazones alegres partieron a sus propios países, saludando a aquel primero de los ascetas (Rishyasringa). Y vestidas de brillantes ropas, las deleitadas fuerzas pertenecientes a aquellos graciosos reyes, que volvían a sus hogares, lucían sumamente hermosas. Cuando los señores de la tierra se hubieron marchado, el gracioso rey Dasaratha volvió a entrar en su palacio, con el primero de los regenerados a la cabeza. Y seguido por el inteligente monarca con su séquito, Rishyasringa, habiendo sido debidamente honrado, partió con Santa. Habiéndolos despedido así a todos, el rey, logrado su objeto, comenzó a vivir allí felizmente, esperando hijos.

Y entonces, cuando habían transcurrido las seis estaciones tras la conclusión del sacrificio, en el duodécimo mes, en el noveno día lunar, bajo la influencia de la constelación de Punarvasu, cuando el Sol, la Luna, Saturno, Júpiter y Venus estaban en Aries, Capricornio, Libra, Cáncer y Piscis, y cuando Júpiter se había alzado con la Luna en Cáncer, Kausalya dio a luz a aquel señor del universo, ante quien se inclinan todos los mundos, Rama, el descendiente de Ikshvaku, provisto de excelentes marcas, una mitad de Vishnu, sumamente justo, de ojos rosados, y brazos poderosos, y labio inferior carmesí, y dotado de una voz como el sonido de un timbal. Entonces, tras dar a luz a aquel hijo de inconmensurable poderío, Kausalya lucía resplandeciente, como Aditi tras haber dado a luz a aquel primero de los celestiales, el portador del rayo. Y entonces nació de Kaikeyi Bharata, cuyo poder era la verdad, dotado de todas las virtudes, y la cuarta parte misma de Vishnu. Y entonces Sumitra dio a luz a Lakshmana y a Satrughna, heroicos y diestros en todas las armas, y dotados de la mitad de Vishnu. Y Bharata, de inteligencia purificada, nació bajo la constelación Pushya, cuando el Sol había entrado en Piscis; mientras que los dos hijos de Sumitra nacieron cuando el Sol se alzaba en Cáncer, bajo la constelación de Aslesha.

Y así nacieron por separado cuatro hijos de alma elevada al rey, coronados de cualidades y graciosos, y en hermosura semejantes a las constelaciones Proshthapada. Entonces los gandharvas comenzaron a cantar dulcemente y las apsaras a danzar. Y sonaron los timbales celestiales; y cayó una lluvia de flores desde el cielo. Y la multitud comenzó grandes festejos en Ayodhya. Y las anchas calzadas se llenaron de actores y bailarines, resplandecientes de toda clase de gemas, y resonantes de la música de cantores e instrumentistas. Y el rey concedió dádivas a bardos y genealogistas y panegiristas, y dio también vacas por millares a los brahmanes.

Y cuando hubo pasado el undécimo día, el rey celebró la ceremonia de imposición del nombre a sus hijos. Y, experimentando gran deleite, Vasishtha confirió los nombres. Y el mayor, de alma elevada, fue llamado Rama; y el hijo de Kaikeyi fue llamado Bharata; y el hijo de Sumitra fue llamado Lakshmana, y el último fue nombrado Satrughna. Y el rey dio de comer a los brahmanes así como a los habitantes rurales y urbanos; y concedió montones de joyas a los brahmanes. Así celebró los ritos del nacimiento de los príncipes. Y entre todos aquellos príncipes, el mayor, Rama, semejante a Ketu y delicia especial de su padre, se convirtió en objeto de la estima general, como el propio Autocreado. Y todos ellos eran versados en los Vedas, y heroicos, y atentos al bienestar de los demás. Y todos eran diestros en el saber y estaban dotados de virtudes. Y entre todos ellos, el poderosísimo Rama, cuyo poder era la verdad, era el deseo de todos y estaba inmaculado como la propia Luna. Sabía montar elefantes y caballos y era experto en el manejo de carros. Y estaba siempre ocupado en el estudio de las armas y empeñado siempre en servir a su padre. Y ya desde la temprana juventud, aquel acrecentador de lo auspicioso, Lakshmana, estaba siempre apegado a su hermano mayor Rama, delicia de todos. Y como otra vida de Rama, Lakshmana, provisto de auspiciosidad, estaba en todo atento a los deseos de Rama, aun con descuido de su propia persona. Y aquel primero de los hombres no conciliaba siquiera el sueño sin la compañía de Rama, ni probaba golosina alguna que se le ofreciera, a menos que Rama la compartiera con él. Y cuando, montado a caballo, Raghava iba de caza, Lakshmana iba a su espalda con el arco en la mano, protegiéndolo. Y aquel hermano menor de Lakshmana, Satrughna, se volvió de igual modo siempre más querido para Bharata que su propia vida.

Y a causa de aquellos hijos suyos, excelsos y muy amados, Dasaratha experimentó exceso de gozo, como el Abuelo a causa de los celestiales. Y cuando llegaron a estar provistos de saber, y coronados de virtudes, y dotados de recato y fama, y a alcanzar sabiduría en todo, y a tener larga visión, Dasaratha, padre de hijos tan poderosos y de resplandor llameante, se deleitó como aquel señor de los mundos, Brahma. Y aquellos mejores de los hombres, siempre ocupados en el estudio de los Vedas, eran diestros en el arte del arco y siempre atentos a servir a su padre.

Y en cierta ocasión, cuando el virtuoso rey Dasaratha, rodeado de sus sacerdotes y amigos, reflexionaba sobre las nupcias de sus hijos, ante aquel de alma elevada, absorto en el pensamiento en medio de sus consejeros, llegó el poderoso asceta Visvamitra. Y, deseoso de ver al rey, dijo a los porteros: «¡Anuncien prontamente que he llegado yo, hijo de Gadhi, nacido en el linaje de Kusika!». Al oír aquellas palabras suyas, instados por ellas, todos comenzaron a correr con prisa hacia las cámaras reales. Y, llegando a los aposentos reales, comunicaron al descendiente de Ikshvaku la llegada del asceta Visvamitra. Al oír aquellas palabras suyas, Dasaratha, rodeado de sus sacerdotes, salió gozoso a su encuentro, como Vasava saliendo al encuentro de Brihaspati. Y habiendo llegado ante aquel asceta observante de votos y de energía llameante, el monarca, con semblante alegre, le ofreció el arghya. Y entonces, habiendo aceptado el arghya del rey conforme a la ordenanza, preguntó al señor de los hombres por su continua prosperidad y paz. Y el sumamente virtuoso descendiente de Kusika preguntó al rey por el bienestar del erario y de las provincias, y la paz de sus amigos y conocidos: «¿Y son sumisos sus capitanes? ¿Y ha vencido usted a sus enemigos? ¿Y ha cumplido bien los ritos humanos y los divinos?». Y acercándose a Vasishtha y a los demás ermitaños, aquel primero de los ascetas de elevada piedad les preguntó debidamente por su bienestar. Y, habiendo sido recibidos como correspondía por el monarca, con corazones alegres entraron en la residencia real y se sentaron conforme a la precedencia. Entonces, adorando gozoso al poderoso asceta Visvamitra, el generosísimo rey, muy complacido, se dirigió a él, diciendo: «Como la obtención de ambrosía, como una lluvia en una tierra que sufre sequía, como el nacimiento de hijos de dignas esposas para quien no tiene descendencia, como la recuperación de una cosa perdida, sí, como el alborear de un gran gozo, considero esta llegada suya. Ilustre asceta, sea usted bienvenido. ¿Qué es aquello que está más cerca de su corazón? ¿Qué haré por usted, pues siento sincero placer? Usted, oh brahmán, es digno de mis mejores servicios. Por dicha es que, oh dispensador de honor, lo he ganado. Hoy mi nacimiento ha quedado coronado de fruto; hoy mi vida ha alcanzado su objeto. Y en verdad la pasada noche ha sido sucedida por una mañana auspiciosa, pues lo he contemplado. Habiendo alcanzado primero un resplandor extraordinario por virtud de las austeridades ejecutadas para obtener el título de rajarshi, ha obtenido usted después la condición de brahmarshi. Es usted digno de múltiple homenaje de mi parte. Esta su santísima llegada parece maravillosa. Oh señor, al contemplarlo, mi cuerpo ha quedado sin duda purificado. Dígame qué es lo que desea, y cuál es el propósito de su venida. Deseo quedar obligado cumpliendo su voluntad. Y, oh de excelentes votos, no debe usted vacilar. Cumpliré en todo su voluntad, pues usted es mi dios. Oh regenerado, sin duda gran prosperidad me viene a causa de su venida, por cuanto será el medio de traerme completo y excelente mérito, oh brahmán». Al oír este discurso que sosegaba el alma, encantaba el oído y era libre y humilde, aquel ilustre primero de los ascetas, coronado de virtudes y provisto de todas las perfecciones, experimentó extraordinario deleite.

Section 19

Al oír aquellas asombrosas palabras de aquel rey semejante a un león, el sumamente enérgico Visvamitra, con el vello erizado, dijo: «Oh primero de los reyes, nacido de un linaje ilustre y que tiene a Vasishtha por guía, estas palabras le convienen solo a usted en la tierra y a nadie más. Fije usted, oh mejor de los reyes, su proceder en cuanto al asunto que llevo en mi corazón; ¡y muéstrese firme en su promesa! Para celebrar un sacrificio, yo, oh primero de los hombres, me atengo a cierta norma prescrita. Y sucede que dos rakshasas, que toman formas a voluntad, se han empeñado en perturbar la ceremonia. Y en aquel sacrificio que he resuelto llevar a su conclusión y que está a punto de completarse, estos dos rakshasas, Maricha y Subahu, diestros en las armas y poseedores de poderío, hacen llover carne y sangre sobre el altar. Y, perturbada así la ceremonia y frustrado así mi propósito, consideré perdidos todos mis trabajos y, por tanto, he dejado mi país abatido. Y, oh monarca, no puedo resolverme a descargar mi cólera; pues tal es la naturaleza de ese asunto que no es propio de quien está empeñado en él proferir una maldición. Por tanto, oh primero de los monarcas, conviene que usted me conceda a su hijo mayor, el heroico Rama de genuino poderío, el de los mechones laterales. Por virtud de su propia energía divina, él, protegido por mí, es capaz de destruir incluso a esos rakshasas que perturban la ceremonia. Y yo conferiré sin duda sobre él múltiples bendiciones, por medio de las cuales ganará la áurea estima de los tres mundos. Y al enfrentarse a Rama, no podrán de ningún modo resistirlo, ni hay ningún otro que se atreva a matarlos. E hinchados de energía, han quedado enredados en las manos de Kala; y, oh mejor de los monarcas, no son rival para Rama. Ni debe usted, oh rey, dejarse llevar por el afecto paterno. Por diez noches solamente ha de permanecer allí Rama, con el objeto de matar a aquellos enemigos de mi sacrificio, aquellos rakshasas que perturban los ritos. Le digo: considere a los rakshasas como ya muertos. Conozco muy bien a Rama, de genuino poderío, como también al sumamente enérgico Vasishtha y a los demás ascetas aquí presentes. Y si usted, oh rey, pone su corazón en adquirir mérito religioso y alta fama en la tierra, concédame entonces a Rama. Y, oh Kakutstha, si sus consejeros junto con los brahmanes que tienen a Vasishtha a la cabeza consienten, despida entonces a Rama. Este es mi deseo, y él también ha llegado a la edad. Sepárese usted, pues, de su hijo, el de ojos de loto Rama, por los diez días del sacrificio. Obre de modo, oh descendiente de Raghu, que no se pase el tiempo señalado para la ceremonia. ¡Que la fortuna le sea propicia! ¡Que su mente no se entregue al pesar!».

Habiendo dicho estas palabras acordes con la virtud y el interés, el de mente poderosa y sumamente poderoso Visvamitra calló. Y al oír las auspiciosas palabras de Visvamitra, aquel primero de los reyes se estremeció con gran pesar y quedó desconcertado. Luego, habiendo recobrado el sentido, se levantó y quedó abatido de aprensión. Habiendo oído las palabras del asceta, capaces de desgarrar la mente y el corazón, el rey de los hombres, de alma elevada, quedó herido de dolor y tembló en su asiento.

Section 20

Al oír las palabras de Visvamitra, aquel mejor de los monarcas quedó privado de sentido por un tiempo; y luego, recobrando el sentido, habló así: «Mi Rama, el de ojos de loto, no ha cumplido aún los dieciséis años; y no percibo su aptitud para medirse con rakshasas en batalla. Yo soy el señor de esta akshauhini de fuerzas. Marchando con ella, me enfrentaré a los errantes de la noche. Y estos servidores míos son valientes, y belicosos, y diestros en las armas, y capaces de combatir a los rakshasas; por tanto, no conviene que usted tome a Rama. Y yo mismo, con el arco en la mano, apostado a la vanguardia de la formación, batallaré con los errantes de la noche mientras se me conceda la vida. Y entonces, bien protegido, su sacrificio seguirá un curso sin impedimentos. Por tanto, iré yo allá; y no conviene que usted tome a Rama. Y joven, e inexperto, y sin saber qué constituye la fuerza y qué no, y sin estar provisto de la energía de la ciencia, y torpe en el combate, no es rival para los rakshasas, que son guerreros engañosos. Privado de Rama, oh mejor de los ascetas, no puedo vivir un instante. Por tanto, no conviene que usted lo tome. Si, oh brahmán, es su intención tomar a Rama, entonces, oh de excelentes votos, ¡tómeme usted también junto con las fuerzas chaturanga! Oh hijo de Kusika, tengo sesenta mil años; y (a esta edad) he obtenido a Rama tras pasar por extremas penalidades; por tanto, no le conviene tomar a Rama. Y entre mis cuatro hijos, mi mayor deleite lo hallo en Rama, mi primogénito y el más virtuoso de todos ellos; por tanto, no conviene que usted tome a Rama. ¿Cuál es el poderío de los rakshasas? ¿Y de quiénes son hijos? ¿Y quiénes, dígame, son ellos? ¿Y cuáles son las proporciones de sus cuerpos? ¿Y quién los protege, oh primero de los ascetas? ¿Y por qué medios podrán Rama, o mis fuerzas, o yo mismo, oh brahmán, matar en combate a esos guerreros engañosos, los rakshasas? Dígame, adorable, hinchados como están por virtud de su poderío, ¿cómo puedo resistirlos en combate?». Al oír ese discurso suyo, Visvamitra dijo: «Hay un rakshasa llamado Ravana, nacido del linaje de Pulastya. Habiendo obtenido un don de Brahma, se opone con audacia a los tres mundos, poseedor de gran fuerza y poderío y respaldado por innumerables rakshasas. Y, oh poderoso monarca, oigo también que aquel señor de los rakshasas es hermano mismo de Vaisravana e hijo del asceta Visravas. Y puesto que aquel de gran fuerza no se rebaja a perturbar él mismo el sacrificio, aquellos poderosos rakshasas, Maricha y Subahu, incitados por él, perturban los ritos». Habiendo hablado así el asceta, el rey le respondió entonces: «No soy capaz de resistir en combate a aquel de alma perversa. Por tanto, oh versado en la moral, ¡extienda usted su favor a mi hijo! Pobre de fortuna como soy, usted es mi guía y mi dios. Incluso los celestiales y los danavas y los gandharvas y las Aves y las Serpientes son incapaces de soportar a Ravana en batalla; ¿qué, pues, el hombre? Despoja en el conflicto incluso a los poderosos de su poderío. No puedo luchar ni con él ni con sus fuerzas. Y, oh primero de los ascetas, ya sea que usted vaya acompañado de mi hijo o de mis fuerzas, no podrá resistirlo. ¿Y cómo puedo yo, oh brahmán, entregarle a mi hijo, de tiernos años, semejante a un inmortal, que ignora la guerra? No me separaré de mi hijo. Los hijos de Sunda y Upasunda se asemejan a Kala mismo en la batalla, y son ellos quienes perturban su sacrificio. Por tanto, no me separaré de mi hijo. Y Maricha y Subahu son poseedores de poderío y diestros en las armas. Pero iré con mis amigos a enfrentarme a uno de ellos. Si usted no consiente en esto, le suplico con mis amigos (¡desista!)». Al oír estas palabras del señor de los hombres, una gran ira se apoderó de aquel primero de los regenerados, el hijo de Kusika; y el fuego de la cólera del Maharshi se alzó en llamas como un fuego alimentado de leña y mantequilla clarificada.

Section 21

Al oír aquellas palabras de Dasaratha, compuestas de letras vacilantes de afecto, el hijo de Kusika, agitado de ira, respondió al monarca, diciendo: «Habiéndome prometido primero, usted procura renunciar a esa promesa suya. Esto sin duda es indigno de un descendiente de Raghu y puede traer la ruina sobre la dinastía. Si, oh rey, al obrar así ha obrado usted con corrección, regresaré entonces al lugar de donde había venido. Oh descendiente de Kakutstha, falso a su promesa, alcance la felicidad, rodeado de sus amigos». Y cuando el inteligente Visvamitra estuvo acometido de ira, toda la tierra comenzó a temblar y hasta los dioses se llenaron de pavor. Y sabiendo que el universo entero estaba en trepidación, aquel poderoso santo, el sereno Vasishtha, de excelentes votos, dijo estas palabras al rey: «Nacido en el linaje de Ikshvaku, usted es el segundo yo mismo de la virtud. Y dotado de paciencia, y auspicioso, y observante de excelentes votos, no debe usted renunciar a la virtud. El descendiente de Raghu es famoso en los tres mundos como de alma justa. Mantenga usted su hábito de adherirse a la promesa; pues no le conviene obrar injustamente. Si, habiendo prometido: “Así lo haré”, no obra usted conforme a su palabra, el mérito que ha alcanzado cavando estanques y ejecutando sacrificios quedará en nada; por tanto, ¡renuncie usted a Rama! Diestros o no en armas, los rakshasas no pueden soportarlo protegido por el hijo de Kusika, como la ambrosía por el fuego llameante. Este es la Virtud encarnada; este es el primero de los poseedores de poderío. Este supera a todos los demás en saber y es el refugio del ascetismo. Este conoce todas las armas que existen en los tres mundos provistos de cosas móviles e inmóviles; pero los demás no lo conocen a él, ni lo conocerán en lo sucesivo. Y ni los dioses, ni los santos, ni los inmortales, ni los rakshasas, ni los primeros de los gandharvas y yakshas, ni los kinnaras, ni las poderosas Serpientes pueden conocerlo. Y en otro tiempo, mientras el descendiente de Kusika gobernaba su reino, Siva le confirió los famosísimos hijos de Krisasva en forma de todas las armas. Y aquellos hijos de Krisasva eran descendencia de las hijas de Prajapati. Estaban dotados de diversas formas y eran resplandecientes y espantosos. Y las hijas de Daksha, de elegante talle, Jaya y Suprabha, dieron a luz cien armas sumamente resplandecientes. Y por virtud de su don, Jaya obtuvo cincuenta hijos de fuerza inconmensurable, dotados del poder de hacerse invisibles con el fin de matar a las huestes de los asuras. Y Suprabha dio a luz también cincuenta hijos llamados sanharas, insoportables, e infalibles, y poderosos. El hijo de Kusika es cabalmente conocedor de todas esas armas. Y aquel conocedor del deber es capaz también de crear armas maravillosas. Y, oh descendiente de Raghu, no hay nada presente, pasado o futuro que no conozca aquel primero de los ascetas de alma elevada y conocedor de la moral. Tal es el poderío de aquel famosísimo Visvamitra, poseedor de gran energía. Por tanto, oh rey, no conviene que vacile usted en el asunto de la ida de Rama. El descendiente de Kusika es por sí mismo capaz de reprimir a los rakshasas; y es por el bien de su hijo que, viniendo a usted, se lo pide». Ante este discurso del asceta, aquel primero de los Raghus, el rey, muy complacido, quedó sumamente deleitado. Y aquel famoso, complaciéndose en el viaje de Rama, comenzó a reflexionar en su mente sobre su entrega al hijo de Kusika.

Section 22

Ante esta representación de Vasishtha, el rey Dasaratha, con semblante complacido, hizo llamar a Rama y a Lakshmana. Y cuando se hubieron ejecutado los ritos auspiciosos por el padre y la madre de Rama, y cuando el sacerdote Vasishtha hubo pronunciado mantras, el rey Dasaratha, aspirando la coronilla de su hijo, con corazón alegre lo entregó al descendiente de Kusika. Entonces sopló una Brisa libre de polvo y de grato contacto, al ver al de ojos de loto Rama en manos de Visvamitra. Y cuando el de alma elevada estaba a punto de partir, comenzaron a caer copiosamente flores, acompañadas de los sonidos de timbales celestiales y los fuertes bramidos de caracolas. Visvamitra iba delante, y tras él el famosísimo Rama, el de los mechones laterales, con el arco en la mano. Y tras él iba el hijo de Sumitra. Y provistos de aljabas y con arcos en la mano, adornando los diez puntos cardinales y semejantes a serpientes de tres cabezas, siguieron al de alma elevada Visvamitra, como los dos recios Asvins siguiendo al Abuelo. Y aquellos resplandecientes, de miembros sin tacha, iban tras el asceta, iluminándolo con su gracia. Y como aquellos hijos suyos, Skanda y Visakha, siguiendo a la incomprensible deidad Sthanu, aquellos jóvenes hermanos de hermosas personas y miembros sin tacha, Rama y Lakshmana, sumamente resplandecientes, con arcos en la mano, adornados de ornamentos y provistos de cimitarras, con los dedos protegidos por piel de guana, siguieron flameantes al hijo de Kusika, embelleciéndolo con su esplendor. Y habiendo avanzado más de medio yojana y llegando a la orilla derecha del Sarayu, Visvamitra dirigió estas dulces palabras a Rama: «¡Oh Rama! Toma, oh niño, de esta agua; que no haya demora. Recibe los mantras Vala y Ativala, y no sentirás fatiga ni fiebre ni sufrirás cambio alguno de aspecto, y, ya duermas o estés descuidado, los rakshasas no podrán sorprenderte. Y, oh Rama, la fuerza de tus brazos no tendrá igual en este mundo; más aún, en los tres mundos. No habrá ninguno que sea tu igual. Recita, oh Raghava, Vala y Ativala, ¡oh niño! Y, oh sin pecado, cuando hayas asegurado estas dos clases de saber, nadie en este mundo te igualará en buena fortuna, ni en talento, ni en sabiduría filosófica, ni en sutil comprensión, ni en capacidad de responder a un polemista; pues Vala y Ativala son las nodrizas de todo saber. Y, oh Rama, oh primero de los hombres, si recitas Vala y Ativala en el camino, ni el hambre ni la sed te afligirán, oh descendiente de Raghu. Y si las recitas, alcanzarás fama en la tierra. Aquellas ciencias, colmadas de energía, son las hijas del Abuelo. Pienso conferírtelas, oh Kakutstha; y, oh señor de la tierra, son dignas de ser conferidas a ti, que estás dotado de diversas virtudes. No necesitas abrigar duda alguna al respecto. Y si las aprendes como se ejerce el ascetismo, te resultarán de múltiple bien». Entonces Rama, con semblante alegre, sorbiendo agua, con el cuerpo purificado, recibió aquellas ciencias del Maharshi de alma dominada. Y provisto de las ciencias, Rama, de terrible poderío, lucía resplandeciente, como el adorable Sol otoñal revestido de mil rayos. Entonces, habiendo rendido Rama al hijo de Kusika todos los deberes propios de un guía espiritual, los tres pasaron felizmente aquella noche a orillas del Sarayu. Y aunque aquellos excelentes hijos de Dasaratha yacían en un lecho de hierba poco conveniente, con todo, por la dulce conversación del hijo de Kusika, la noche parecía pasar agradablemente.

Section 23

Y cuando hubo pasado la noche, el poderoso asceta habló a Kakutstha, que yacía en un lecho de hojas: «Oh Rama, mejor hijo de Kausalya, ha de cumplirse ahora el primer sandhya. ¡Levántate, oh primero de los hombres! Debes cumplir los ritos purificatorios y contemplar a los dioses». Al oír aquellas justas palabras del asceta, aquellos primeros de los hombres, dotados de heroísmo, se bañaron y, ofreciendo el arghya, comenzaron a recitar el Gayatri. Y habiendo cumplido estos deberes diarios, aquellos poderosísimos, saludando a Visvamitra, que tenía por riqueza el ascetismo, se detuvieron ante él, con el objeto de emprender el camino. Y mientras aquellos dotados de extraordinario poderío avanzaban, en la brillante confluencia del Sarayu y la Ganga vieron un noble río que fluía en tres brazos. Y allí había una santa ermita, perteneciente a ascetas de alma dominada, donde habían practicado sus elevadas austeridades por millares de años. Al contemplar aquella sagrada ermita, aquellos descendientes de Raghu, sumamente deleitados, dijeron al de alma elevada Visvamitra estas palabras: «¿De quién es esta sagrada ermita? ¿Y qué hombre vive aquí? Oh venerable, deseamos oírlo. Sin duda, grande es nuestro deseo de saber». Ante esas palabras suyas, aquel primero de los ascetas, sonriendo, dijo: «Oye, oh Rama, a quién perteneció la ermita en tiempos pasados. Kandarpa, llamado Kama por los sabios, estuvo una vez encarnado (en la tierra). Y sucedió que, mientras aquel señor de las deidades, Sthanu, habiendo ejecutado aquí sus austeridades conforme a las restricciones prescritas, seguía su camino en compañía de los Maruts, aquel temerario osó perturbar la ecuanimidad de su mente. Entonces, descendiente de Raghu, profiriendo un rugido, el de alma elevada Rudra lo miró fijamente. Y con ello todos los miembros de aquel de corazón perverso quedaron abrasados. Consumido su cuerpo por aquel de alma elevada, Kama quedó privado de su persona a causa de la ira de aquel primero entre las deidades; y, oh Raghava, desde entonces ha llegado a ser conocido como Ananga. Y el lugar donde fue privado de su cuerpo es la encantadora tierra de Anga. Esta sagrada ermita pertenece a Siva; y estos ascetas dedicados a actos piadosos, oh héroe, han sido sus discípulos de padre a hijo. Y ningún pecado los toca. Aquí, oh Rama, en medio de los arroyos sagrados, pasaremos la noche, oh de graciosa presencia, cruzando al día siguiente. Entremos, pues, en la santa ermita, una vez purificados. Es muy deseable para nosotros residir aquí; aquí pasaremos felizmente la noche, tras bañarnos, y recitar los mantras, y ofrecer oblación al fuego del sacrificio, oh mejor de los hombres».

Mientras conversaban así, los ascetas quedaron sumamente deleitados al descubrirlos por medio de su visión espiritual de largo alcance, y se regocijaron en gran manera. Entonces, dando al hijo de Kusika agua para lavarse los pies y arghya, y extendiéndole también los ritos de la hospitalidad, agasajaron luego a Rama y a Lakshmana. Y habiendo experimentado su hospitalidad, ellos (los huéspedes) los deleitaron con su conversación. Y entonces los santos, con mentes recogidas, recitaron sus oraciones de la tarde. Y habiéndoseles mostrado su lugar de reposo destinado junto con ascetas de excelentes votos, pasaron felizmente aquella noche en aquella ermita que ofrecía toda comodidad. Y aquel primero de los ascetas, el hijo de Kusika, de alma virtuosa, con su excelente conversación, encantó a los apuestos hijos del monarca.

Section 24

Entonces, a la mañana siguiente, que resultó hermosa, aquellos sometedores de sus enemigos, con Visvamitra, que había cumplido los ritos de la mañana, a la cabeza, llegaron a las orillas del río. Y aquellos ascetas de alma elevada, observantes de votos, habiendo traído una elegante barca, se dirigieron a Visvamitra, diciendo: «¡Suba usted a la barca con los príncipes a la cabeza! Que su viaje sea auspicioso; que no haya demora». Entonces, diciendo: «¡Así sea!», y habiendo rendido homenaje a aquellos ascetas, Visvamitra se puso a cruzar con ellos aquel río, que había colmado el océano. Y sucedió que, mientras estaban así ocupados, oyeron un sonido aumentado por el chocar de las olas. Y habiendo llegado a la mitad de la corriente, el sumamente enérgico Rama, con su hermano menor, tuvo deseo de averiguar la causa de aquel sonido. Y llegando a la mitad del río, Rama preguntó a aquel mejor de los ascetas: «¿Qué es este fuerte estruendo que parece venir rasgando el agua?». Al oír las palabras de Raghava, dictadas por el deseo de saber, aquel de alma justa habló, revelando la verdadera causa del ruido: «Oh Rama, hay en el monte Kailasa un estanque hermosísimo, creado mentalmente por Brahma, oh primero de los hombres; y de ahí que esta extensión de agua lleve el nombre de Lago Manasa. Y la corriente que sale de aquel flujo líquido fluye por Ayodhya: el sagrado Sarayu brota de aquel estanque de Brahma. Y cuando el Sarayu se encuentra con la Jahnavi, se oye este tremendo estruendo, producido por el entrechocar de las aguas. Inclínate ante ellas, oh Rama, con mente concentrada». Entonces ambos aquellos sumamente justos se inclinaron ante aquellas corrientes; y dirigiéndose a la orilla derecha, comenzaron a avanzar con ligero vigor. Y al contemplar un espantoso bosque sin sendas, aquel hijo del primero de los hombres, descendiente de Ikshvaku, preguntó a aquel mejor de los ascetas, diciendo: «¡Ah! Profundo es este bosque, abundante en grillos, y lleno de terribles bestias feroces y diversas aves de voces horrísonas que gritan espantosamente; y engalanado de leones, y tigres, y jabalíes, y elefantes; y poblado de dhavas y asvas y karnas y kukubhas y vilvas y tindukas y patalas y badaris. ¿De quién es este espantoso bosque?». Le respondió así el poderoso asceta Visvamitra, dotado de gran energía: «Oye, oh Kakutstha, de quién es este espantoso bosque. Aquí hubo en otro tiempo, oh primero de los hombres, dos florecientes provincias, llamadas Malada y Karusha, construidas por arquitectos celestiales. En días de antaño, oh Rama, con ocasión de la destrucción de Vritra, el de los mil ojos llegó a tener hambre, a quedar manchado de excrementos y a matar a un brahmán. Y cuando Indra hubo quedado así manchado, las deidades y los santos que tenían el ascetismo por riqueza lo lavaron aquí y limpiaron su persona de la suciedad. Y las deidades, habiendo desechado aquí la inmundicia que se había adherido a la persona del poderoso Indra, así como su hambre, alcanzaron extraordinario deleite. Y entonces Indra, purificado, recobró su antiguo brillo y quedó libre de hambre. Y sumamente complacido con esta región, le confirió un excelente don, diciendo: “Puesto que estos dos lugares han contenido excrementos de mi cuerpo, bajo los nombres de Malada y Karusha alcanzarán extraordinaria prosperidad y fama entre los hombres”. Y al ver honrada así la tierra por el inteligente Sakra, las deidades dijeron al sometedor de Paka: “¡Bien! ¡Bien!”. Y, oh sometedor de enemigos, estos dos lugares, Malada y Karusha, gozaron de prosperidad durante largo tiempo y fueron bendecidos con grano y riqueza. Luego, pasado un espacio de tiempo, nació una yakshini capaz de tomar formas a voluntad y dotada de la fuerza de mil elefantes. Su nombre, ¡que la fortuna te sea propicia!, era Taraka, y era la esposa del inteligente Sunda; aquella cuyo hijo es el rakshasa Maricha, poseedor del poderío de Sakra, de brazos redondos, con enorme cabeza, ancha boca y cuerpo ciclópeo. Y aquel rakshasa de forma espantosa aterra a las gentes cada día. Y, oh descendiente de Raghu, Taraka, de malas obras, comete a diario estragos en estos países, Malada y Karusha. Y ahora, a la distancia de más de medio yojana, está allí, obstruyendo el camino. Y puesto que este bosque pertenece a Taraka, debes dirigirte allá y, recurriendo a la fuerza de tus propios brazos, matar a esta de malas obras. Y por mi indicación, libra de nuevo esta región de su espina; pues nadie se atreve a acercarse a tal lugar, infestado, oh Rama, por la espantosa e insoportable yakshini. Y ahora te he relatado todo acerca de este temible bosque. Y hasta el día de hoy aquella yakshi no ha cesado de cometer estragos a diestra y siniestra».

Section 25

Al oír este excelente discurso de aquel asceta de inconmensurable energía, aquel primero de los hombres le respondió con estas felices palabras: «Oh mejor de los ascetas, he oído que la raza de los yakshas está dotada de poco poderío. ¿Cómo puede, pues, aquella, del sexo débil, poseer la fuerza de mil elefantes?». Al oír este discurso pronunciado por Raghava de inconmensurable energía, Visvamitra, deleitando con sus amables palabras a aquel sometedor de enemigos, Rama, y a Lakshmana, dijo: «Oye de qué medios, adquiriendo terrible fuerza, aquella perteneciente al sexo débil ha llegado a poseer fuerza y poderío por virtud de un don. En otro tiempo hubo un poderoso y poderosísimo yaksha, llamado Suketu. Y no tenía descendencia. Y era de prácticas puras y solía ejecutar rígidas austeridades. Y, oh Rama, el Abuelo, muy complacido con aquel señor de los yakshas, le confirió una hija que era una joya, de nombre Taraka. Y el Abuelo la dotó de la fuerza de mil elefantes; sin embargo, aquel ilustre no concedió un hijo a aquel yaksha. Y cuando ella hubo crecido y alcanzado juventud y belleza, él entregó a aquella famosa doncella por esposa al hijo de Jambha, Sunda. Y tras cierto tiempo, aquella yakshi dio a luz a un hijo, llamado Maricha, poseedor de energía irrefrenable, el que se convirtió en rakshasa a causa de una maldición. Y, oh Rama, cuando Sunda hubo sido destruido, Taraka, junto con su hijo, se propuso afligir a aquel excelente santo Agastya. Y enfurecida con Agastya, se lanzó sobre él con un rugido, con la intención de devorarlo. Y al verla lanzarse así, aquel venerable santo, Agastya, dijo a Maricha: “¡Conviértete en rakshasa!”, y, con extrema ira, maldijo también a Taraka: “Y, oh poderosa yakshi, puesto que bajo espantoso disfraz y con espantoso rostro has deseado devorar a un ser humano, ¡abandona de inmediato esta (tu original) forma y toma una forma terrible!”. Así maldecida por Agastya, Taraka, abrumada de rabia, devasta esta hermosa región donde Agastya lleva a cabo sus austeridades. Mata tú, oh descendiente de Raghu, por el bien de los brahmanes y de las vacas, a esta terribilísima yakshi de malos caminos y vil poderío. Ni, oh hijo de Raghu, hay en los tres mundos nadie, salvo tú, que se atreva a matar a esta yakshi unida a una maldición. Ni debes tú, mejor de los hombres, retroceder ante el matar a una mujer; pues esto mismo ha de cumplirlo un príncipe en interés de las cuatro órdenes. Y sea cruel o no un acto, poco o muy pecaminoso, debe ser ejecutado por un gobernante para proteger a los súbditos. De quienes se ocupan en la onerosa tarea del gobierno, esta misma es la regla eterna de conducta. Mata, oh Kakutstha, a esta impía, pues no conoce la rectitud. Oímos, oh rey, que en días de antaño Sakra mató a la hija de Virochana, Manthara, que se había propuesto destruir la tierra. Y antaño, oh Rama, Vishnu destruyó a la madre de Kavya, la devota esposa de Bhrigu, que había puesto su corazón en dejar el mundo sin Indra. Por estos, así como por innumerables príncipes, primeros de los hombres, han sido muertas mujeres perversas. Por tanto, oh rey, desechando la antipatía, mata, por mi mandato, a esta».

Section 26

Al oír aquellas atrevidas palabras del asceta, el hijo de aquel primero de los hombres, Raghava, firme en sus votos, con las manos juntas respondió: «Conforme al deseo de mi padre, y para glorificarlo, debo hacer sin temor lo que dice el hijo de Kusika. Y habiéndoseme ordenado tal cosa en Ayodhya por aquel de alma elevada, mi padre Dasaratha, en medio de los guías espirituales, no debo pasar por alto sus palabras. Por tanto, mandado por aquel sustentador del Veda, yo, conforme al mandato de mi padre, llevaré a cabo sin duda aquel grato suceso: la muerte de Taraka. Y en interés de los brahmanes, las vacas y los celestiales, estoy dispuesto a obrar como lo desea usted, de inconmensurable energía». Dicho esto, aquel sometedor de enemigos, con el puño cerrado, hizo vibrar la cuerda de su arco, llenando de sonidos los diez puntos cardinales. Y ante aquellos sonidos, los habitantes del bosque de Taraka se llenaron de perturbación; y Taraka también, pasmada por aquellos sonidos, se enfureció en extremo. Y, casi privada de sentido por la ira, aquella rakshasi se lanzó furiosa a toda prisa hacia el lugar de donde había venido el estruendo. Y al contemplar a aquella espantosa, de rostro horrendo y proporciones colosales, transportada de rabia, el descendiente de Raghu habló a Lakshmana: «Mira, oh Lakshmana, el terrible y horrendo cuerpo de aquella yakshini. Su vista infunde terror en los corazones aun de los valientes. ¡Observa! A esta irrefrenable, poseedora de todos los recursos de la ilusión, me opondré y la privaré de orejas y nariz. Pero no me atrevo a matarla, por estar protegida en virtud de su feminidad. Me propongo solo oponerme a su curso y privarla de su poderío». Mientras Rama hablaba así, Taraka, privada de sentido por la ira, profiriendo rugidos, con los brazos en alto se lanzó contra él. Y entonces el brahmarshi Visvamitra, profiriendo un rugido, la reprendió y dijo: «¡Swasti! ¡Que la victoria acompañe a los descendientes de Raghu!». Y levantando espesas nubes de polvo, Taraka confundió al instante a ambos descendientes de Raghu. Y luego, con ayuda de la ilusión, comenzó a derramar sobre ellos una poderosa lluvia de peñascos. Y entonces el descendiente de Raghu se enfureció. Y resistiendo aquella poderosa lluvia de peñascos con andanadas de flechas, Raghava le cortó las manos con flechas. Y, con la parte delantera de los brazos cercenada, mientras ella rugía ante ellos, el hijo de Sumitra, encolerizado, la privó de orejas y nariz. Entonces aquella capaz de tomar formas a voluntad comenzó a tomar diversas figuras y a desaparecer de la vista, confundiendo a sus adversarios con sus ilusorias exhibiciones. Y recorriendo terriblemente el campo, la yakshi derramó peñascos sobre sus adversarios. Y al verlos envueltos por todas partes por aquel aguacero de piedras, el auspicioso hijo de Gadhi dijo estas palabras: «Oh Rama, desecha tu antipatía. Esta de malos caminos es sumamente impía. Y esta yakshi perturbadora de sacrificios, por virtud de su poder de ilusión, llegará a aumentar más y más en energía. Mátala, pues, antes de la llegada del crepúsculo. Los rakshasas son incapaces de ser contenidos cuando cae la tarde». Así interpelado, Rama, exhibiendo su destreza en apuntar por los sonidos, envolvió con flechas a aquella yakshi que derramaba peñascos. Así cercada por una red de flechas, ella, poseedora de los poderes de la ilusión, se lanzó contra Kakutstha y Lakshmana, profiriendo terribles rugidos. Y mientras aquella yakshi, en poderío semejante a un rayo, se lanzaba, Rama le atravesó el pecho con flechas; y con ello cayó y murió. Y al ver muerta a aquella de rostro torvo, el señor de los celestiales junto con los propios celestiales, honrando a Kakutstha, exclamó: «¡Bien!», «¡Bien!». Y sumamente complacido, el de los mil ojos, Purandara, junto con las deidades deleitadas, dijo a Visvamitra: «Oh asceta, oh hijo de Kusika, ¡que la fortuna le sea propicia! Todos los Maruts con Indra a la cabeza han quedado satisfechos con este acto (de Rama). ¡Muestre usted, pues, afecto a Raghava! Confiera usted, oh brahmán, al descendiente de Raghu los hijos de Prajapati Krisasva, de verdadero poderío y cargados de energía ascética. Y siguiéndolo siempre, él, oh brahmán, es digno de recibirlos de usted. Y este hijo del rey ha de llevar a cabo una gran tarea en interés de los celestiales». Diciendo esto, las deidades, habiendo rendido homenaje a Visvamitra, entraron gozosas en las regiones celestes.

Y llegó ya la tarde, cuando aquel mejor de los ascetas, satisfecho por la destrucción de Taraka, aspiró la coronilla de Rama y dijo estas palabras: «Aquí, oh Rama de graciosa presencia, pasaremos la noche; y mañana por la mañana nos dirigiremos a aquella ermita mía». Al oír las palabras de Visvamitra, el hijo de Dasaratha, alegre de corazón, pasó felizmente aquella noche en el bosque de Taraka. Y, libre así de toda perturbación desde aquel día en adelante, aquel bosque lució encantador, como el bosque de Chaitraratha. Habiendo matado así a la hija del yaksha, Rama, elogiado por los celestiales y los siddhas, pasó allí aquella noche con el santo, siendo despertado por este al romper el día.

Section 27

Pasada aquella noche, el ilustre Visvamitra, sonriendo con complacencia, habló dulcemente a Raghava, diciendo: «Complacido estoy contigo. ¡Que la fortuna te sea propicia, oh ilustre príncipe! Con sumo placer te confiero todas las armas por medio de las cuales, sojuzgando a adversarios como los celestiales y los asuras, respaldados en la tierra por gandharvas y uragas, serás coronado de victoria en batalla. Y todas esas armas celestiales, que la fortuna te sea propicia, te las confiero. Y te confiero, oh Raghava, el celestial y poderoso Dandachakra, y Dharmachakra, y también Kalachakra. Y, oh primero de los hombres, te confiero el feroz Chakra de Vishnu, y el Chakra de Indra, y el Vajra, y el Sulavata de Siva, y el arma Brahmasiras, y Aishika, oh descendiente de Raghu de brazos poderosos. Y, oh mejor de los hombres, te concederé, oh hijo del rey, el inigualable arma de Brahma y, oh Kakutstha, las dos excelentes mazas, la llameante Modaki y Sikhari. Y, oh Rama, te conferiré Dharmapasa, y Kalapasa, y el excelente Varunapasa. Y, oh descendiente de Raghu, te concederé las dos ashanis: Sushka y Ardra, y el arma Pinaka, y la Narayana, y el arma Agneya llamada Sikhara, y la Vayavya, llamada Prathama, oh sin pecado. Y, oh Raghava, te conferiré el arma llamada Hayasiras, y el arma Krauncha, y, oh Kakutstha, un par de dardos. Y te conferiré la Kankala, y la espantosa Mushala, y Kapala, y Kinkini: todas las destinadas a matar rakshasas. Y, oh de brazos poderosos, hijo del mejor de los hombres, te conferiré la poderosa arma Vidyadhara, y aquella excelente cimitarra llamada Nandana, y la favorita arma de los gandharvas, Mohana, y Prasvapana, y Pasamana, y Saumya, oh Raghava. Y, oh mejor de los hombres, acepta Varshana, y Soshana, y Santapana, y Vilapana, y Madana, difícil de reprimir, amada de Kandarpa, y aquella favorita arma de los gandharvas, Manava, y la favorita arma Paisacha, oh famosísimo príncipe. Y acepta, oh Rama de brazos poderosos, prontamente la Tamasa, oh mejor de los hombres, y la poderosísima Saumana, y la irrefrenable Samvarta y Mausala, oh hijo del rey, y el arma Satya, y la suprema Mayamaya, y la Saura. Tejaprabha, capaz de privar a los enemigos de su energía, y la Soma, y la Sisira, y la Tvashtra, y la terrible Daruna perteneciente a Bhaga, y Sileshu, y Madana, todas capaces de tomar formas a voluntad, y dotadas de extraordinario poderío, y muy excelsas». Entonces, con el rostro vuelto hacia el oriente, aquel primero de los ascetas, habiéndose purificado, confirió gozoso los mantras a Rama. Y el vipra concedió también a Raghava aquellas armas, de las cuales ni siquiera los celestiales son capaces de poseerlas todas. Mientras aquel inteligente asceta, Visvamitra, recitaba mantras, todas aquellas armas invaluables aparecieron ante aquel descendiente de Raghu. Y, con las manos juntas, muy complacidas, se dirigieron a Rama: «Estos, oh generosísimo, son tus servidores, oh Raghava. Y lo que desees, que la fortuna te sea propicia, será cumplido sin falta por nosotros». Así interpelado por aquellas poderosísimas armas, Kakutstha Rama, con alma deleitada, aceptándolas, las tocó con la mano y dijo: «¡Aparezcan ante mí cuando las recuerde!». Entonces el sumamente enérgico Rama, muy complacido, rindiendo reverencia al poderoso asceta Visvamitra, se dispuso a partir.

Section 28

Habiendo aceptado aquellas armas con pureza, Kakutstha, mientras avanzaba, con semblante complacido dijo estas palabras a Visvamitra: «Oh adorable, he recibido estas armas, que ni siquiera los propios celestiales pueden reprimir. Ahora, oh mejor de los ascetas, quisiera adquirir el conocimiento de cómo retirarlas». Ante esta petición de Kakutstha, Visvamitra, de elevadas austeridades, dotado de paciencia, de excelentes votos y puro de espíritu, le comunicó los mantras para contener las armas: «Recibe, oh Rama, Satyavat, y Satyakirti, y Dhrishta, y Rabhasa, y Pratiharatara, y Paranmukha, y Avanmukha, y Lakshya, y Alakshya, y Drihanabha, y Sunabha, Dasaksha, y Satavaktra, y Dasasirsha, y Satodara, y Padmanabha, y Mahanabha, y Dundunabha, y Svanabha, y Jyotisha, y Sakuna, y Nairashya, y Vimala, y Yaugandhara, y Vinidra, y los dos Daityapramathanas, y Suchivahu, y Mahavahu, y Nishkali, y Virucha, y Archimali, y Dhritimali, y Vrittiman, y Ruchira, y Pitrya, y Saumanasa, y Vidhuta, y Makara, y Karavira, y Rati, y Dhana, y Dhanya, oh Raghava, y Kamarupa, y Kamaruchi, y Moha, y Avarana, y Jrimbhaka y Sarpanatha, y Panthana, y Varuna: estos hijos de Krisasva, oh Rama, resplandecientes y capaces de tomar formas a voluntad. Y, que la fortuna te sea propicia, oh descendiente de Raghu, eres digno de recibir estas armas». Entonces Kakutstha, con el corazón rebosante de deleite, dijo: «¡Así sea!». Y aquellas armas estaban provistas de personas celestiales y resplandecientes, y dotadas de formas visibles, y capaces de conferir felicidad. Y algunas de ellas eran como brasas (vivas); y algunas comparables al humo; y algunas eran semejantes al Sol o a la Luna. Y con las manos juntas, hablaron a Rama con acentos de miel: «Oh jefe de los hombres, ¡aquí estamos! Ordena qué hemos de hacer de tu parte». Entonces el descendiente de Raghu respondió, diciendo: «¡Vayan adonde quieran! Acudiendo a mi memoria, préstenme ayuda en tiempo de necesidad». Entonces, rindiendo homenaje a Rama y habiéndole dado la vuelta en círculo, respondieron a Kakutstha: «¡Así sea!», y regresaron al lugar de donde habían venido. Y habiendo aprendido todo lo relativo a aquellas armas, Raghava, mientras avanzaba, habló dulcemente a aquel poderoso asceta, Visvamitra: «¿Qué es aquel bosque cercano a la colina, que parece nubes? Grande es mi deseo de saber. Es grato a la vista, y abunda en fieras, y es sumamente pintoresco, y está adornado de diversas aves que cantan dulcemente. Ahora, oh primero de los ascetas, hemos salido de un yermo capaz de erizar los cabellos. Y por lo agradable de este lugar he llegado a una conclusión. Dígame, oh reverendo señor, de quién es esta ermita. ¿Dónde está, oh eminente asceta, aquella ermita donde moran esos miserables de mente perversa y obras impías, dados a matar brahmanes, que perturban su sacrificio? ¿Dónde está, oh adorable, aquel lugar al cual debo acudir, oh brahmán, para proteger sus ritos sacrificiales y matar a los rakshasas? Todo esto, oh primero de los ascetas, deseo oírlo, oh señor».

Section 29

Al oír aquellas palabras de Rama de inconmensurable poderío, que había hecho la pregunta, el sumamente enérgico Visvamitra respondió, diciendo: «Aquí, oh Rama de brazos poderosos, Vishnu, de poderoso ascetismo, adorado por todas las deidades, moró por años y años, y por centenares de yugas, para llevar a cabo sus austeridades y su yoga. Esta, oh Rama, fue antaño la ermita del de alma elevada Vamana. Y es famosa como Siddhasrama, por haber alcanzado allí su fruto aquel de potente ascetismo. Y sucedió que en este tiempo el hijo de Virochana, el rey Vali, habiendo vencido a los celestiales con Indra y los Maruts, estableció aquel dominio suyo, famoso en los tres mundos. Y aquel poderoso jefe de los asuras celebró un sacrificio. Y mientras Vali ejecutaba aquel sacrificio, las deidades con Agni a la cabeza, llegando ante el propio Vishnu en esta ermita, le dijeron: “El hijo de Virochana, Vali, oh Vishnu, celebra un sacrificio. Antes de que termine la ceremonia, cumpla usted su propio fin. Él concede debidamente a quienes acuden a él de diversas partes todas las cosas que piden. Y usted mismo, oh Vishnu, ayudado por su poder de ilusión, tomando forma de Enano, lleve a cabo el bienestar (de los celestiales)”. Entretanto, oh Rama, el maravilloso Kasyapa, semejante al fuego en esplendor y llameante de energía, habiendo cumplido, en compañía y con la ayuda de la divina Aditi, oh Rama, su voto que duraba cien años, comenzó a entonar himnos al destructor de Madhu, dispuesto a conferir dones: “Por medio de cálidas austeridades lo contemplo a usted, compuesto de penitencias, masa de mortificaciones y dotado de una forma y un alma de austeridades. Y en su persona, oh señor, contemplo todo este universo. Y en usted, sin principio e imposible de señalar, me refugio”. Entonces, sumamente complacido, Hari dijo a Kasyapa, con sus pecados purgados: “Mencione el don. ¡Que la fortuna le sea propicia! Considero que merece un don”. Al oír estas palabras suyas, el hijo de Marichi, Kasyapa, dijo: “Aditi, los dioses y yo mismo le pedimos esto; y, oh dispensador de dones, conviene que, muy complacido, nos confiera este don, oh de excelentes votos. Nazca usted, oh sin pecado, como hijo mío en Aditi, oh adorable deidad. Sea usted el hermano menor de Sakra, oh destructor de asuras. Conviene que ayude a los celestiales afligidos por el pesar. Y este lugar, por su gracia, alcanzará el nombre de Siddhasrama. La obra, oh señor de los celestiales, ha sido cumplida. Ascienda usted ahora de aquí, oh poseedor de los seis atributos”. Y así Vishnu, de poderosa energía, tomó su nacimiento en Aditi. Y, tomando la forma de un enano, se presentó ante el hijo de Virochana. Y entonces, pidiendo tanta tierra como pudiera cubrirse con tres pasos, aquel siempre ocupado en el bienestar de todas las criaturas, con el objeto de lograr el bien de todos, se plantó ocupando los mundos. Y habiendo contenido a Vali con su poder, aquel de extraordinaria energía confirió de nuevo los tres mundos al poderoso Indra y los puso bajo su dominio. En otro tiempo solía morar en esta ermita capaz de quitar la fatiga. Y por reverencia al Enano, resido yo aquí. Y esta ermita está infestada por rakshasas que perturban los ritos. Y, oh poderosísimo de los hombres, aquí debes matar a esos de malos caminos. Hoy, oh Rama, entraré en este excelentísimo Siddhasrama. Y esta ermita, oh niño, es tanto tuyo como mío». Diciendo esto, tomando a Rama y a Lakshmana, el poderoso asceta, experimentando extraordinario deleite, entró en aquella ermita y lució gracioso, como la Luna que sale de la niebla en conjunción con las estrellas de Punarvasu. Y al ver a Visvamitra, los ascetas que habitaban en Siddhasrama, levantándose de súbito con alegría, adoraron a aquel inteligente, y extendieron a los príncipes los ritos de la hospitalidad. Y entonces, habiendo reposado un rato, aquellos príncipes irreprochables, los descendientes de Raghu, con las manos juntas, se dirigieron a aquel primero de los ascetas: «¡Sea usted iniciado hoy mismo en la ceremonia! ¡Que la fortuna le sea propicia, oh mejor de los ascetas! ¡Que este Siddhasrama alcance en verdad su fruto, y que sus palabras se verifiquen!». Así interpelado, aquel poderoso santo de extraordinaria energía, con la mente sometida y los sentidos bajo control, se hizo iniciar en la ceremonia. Y semejantes a los Kumaras, Rama y Lakshmana, habiendo pasado la noche agradablemente, se levantaron por la mañana; y, habiendo terminado su adoración matutina y recitado con pureza y dominio de sí los mantras principales, rindieron su homenaje al fuego del sacrificio y al sacrificador, Visvamitra, que estaba sentado.

Section 30

Entonces aquellos príncipes, sometedores de enemigos, conocedores del lugar, el tiempo y las palabras, dijeron así al hijo de Kusika, conforme al tiempo y al lugar: «Oh adorable, díganos usted en qué momento debemos oponernos a aquellos errantes de la noche. Que no pase esa hora». Ante este decir de los dos Kakutsthas, y al hallarlos prontos para el encuentro, aquellos ascetas, muy complacidos, se pusieron a elogiar a los hijos del rey: «Por seis noches a partir de hoy, ustedes deben protegernos. Este asceta ha sido iniciado en el sacrificio y debe, por tanto, guardar silencio». Al oír estas palabras suyas, aquellos ilustres príncipes, renunciando al sueño, comenzaron a guardar la ermita seis días y noches; y aquellos héroes y poderosos arqueros, con sus armaduras puestas, protegieron a aquel mejor de los ascetas y sometedor de enemigos. Y cuando así hubo transcurrido el tiempo y llegó el sexto día, Rama dijo al hijo de Sumitra: «Bien equipado, mantente vigilante». Cuando Rama, manifestando emoción y ansioso del encuentro, hubo dicho esto, los sacerdotes y guías espirituales encendieron el altar. Y junto con Visvamitra y los sacerdotes de la familia, encendieron el altar provisto de hierba kusa, y kasa, y cucharones, y leños, y flores. Y mientras, recitando mantras, estaban a punto de ocuparse debidamente en aquel sacrificio, surgió en el cielo un poderoso y espantoso estruendo. Y así como en las lluvias aparecen masas de nubes que envuelven el firmamento, los rakshasas, exhibiendo ilusiones de ese modo, comenzaron a precipitarse hacia adelante. Y Maricha y Subahu, junto con sus seguidores, llegando en formas espantosas, comenzaron a hacer llover sangre sobre el altar. Y al ver el altar inundado de sangre, Rama se lanzó de súbito hacia adelante y los vio en el cielo. Y al verlos de pronto lanzarse a toda prisa, el de ojos de loto Rama, fijando la mirada en Lakshmana, dijo: «Mira, oh Lakshmana, por medio de un arma Manava ahuyentaré sin duda a aquellos malvados rakshasas carnívoros, como el viento ahuyenta las nubes ante sí. Sin duda no puedo resolverme a matar a tales como estos». Diciendo esto, aquel descendiente de Raghu, Rama, con vehemencia, colocando en su arco un arma Manava sumamente poderosa y de gloriosa luz deslumbrante, la lanzó con gran ira contra el pecho de Maricha. Y herido por aquella primera de las armas Manava, Maricha, arrastrado cien yojanas enteras, cayó en medio del océano. Y al hallar a Maricha sin sentido, dando vueltas, afligido por el poder del arma y vencido, Rama se dirigió a Lakshmana, diciendo: «Mira, oh Lakshmana, esta arma Manava, usada primero por Manu, privándolo de sentido, lo ha arrebatado y sin embargo no le ha quitado la vida. Pero a estos descarados, perversos y bebedores de sangre rakshasas, entregados a obrar mal, a estos perturbadores de sacrificios, los mataré». Dicho esto, mostrando a Lakshmana al punto su ligereza de mano, el descendiente de Raghu sacó una poderosa arma Agneya y la lanzó contra el pecho de Subahu. Con ello, atravesado por aquella flecha, cayó al suelo. Entonces, tomando un arma Vayavya, el ilustre y generosísimo Raghava, llevando deleite a aquellos ascetas, mató a los demás. Y habiendo destruido a todos aquellos rakshasas perturbadores de sacrificios, el descendiente de Raghu fue honrado por los santos, como Indra en días de antaño tras haber vencido a los asuras. Y cuando el sacrificio hubo sido completado, el poderoso asceta Visvamitra, al ver despejados de rakshasas todos los lados, dijo a Kakutstha: «Oh de brazos poderosos, he obtenido mi deseo; y tú has cumplido el mandato de tu preceptor. Y, oh ilustre héroe, has hecho en verdad de este un Siddhasrama». Habiendo así elogiado a Rama, tomó a Rama y a Lakshmana para cumplir sus devociones de la tarde.

Section 31

Aquellos héroes, Rama y Lakshmana, asegurado su interés, pasaron allí aquella noche con corazones alegres. Y cuando la noche hubo pasado y llegó la mañana, se presentaron juntos ante el santo Visvamitra y los demás. Y habiendo saludado a aquel primero de los ascetas, semejante a fuego llameante, ellos, de habla de miel, le dijeron palabras sumamente elevadas: «Estos servidores suyos, oh mejor de los ascetas, han venido ante usted. Ordene, oh jefe de los ermitaños, qué mandato suyo hemos de cumplir». Así interpelados por ellos, los Maharshis con Visvamitra a la cabeza dijeron a Rama: «Un sacrificio sumamente meritorio, oh primero de los hombres, ha de ser celebrado por el señor de Mithila, Janaka. Allá nos dirigiremos. Y tú, oh grande entre los hombres, debes acompañarnos y contemplar allí una maravillosa joya de arco. Y en otro tiempo este arco de inconmensurable energía, y espantoso, y sumamente resplandeciente en el sacrificio, había sido conferido en corte por los celestiales (al rey Devarata). Y ni dioses ni gandharvas, ni asuras ni rakshasas ni hombres pueden colocarle la cuerda. Y deseosos de conocer el poderío de este arco, vinieron muchos reyes y príncipes; pero ellos, a pesar de su gran fuerza, no lograron encordarlo. Allí, Kakutstha, contemplarás ese arco perteneciente al rey de alma elevada de Mithila, así como su sumamente maravilloso sacrificio. Ese raro arco, oh primero de los hombres, provisto de un excelente dispositivo para empuñarlo, había sido solicitado por el señor de Mithila como fruto de su sacrificio; y los celestiales se lo confirieron. Y ahora, oh descendiente de Raghu, en la residencia del rey, el arco es adorado como una deidad con aguru, dhupa y diversos otros inciensos». Dicho esto, aquel primero de los ascetas, en compañía de Kakutstha y de los santos, partió. Y en vísperas de ponerse en camino, se dirigió a las deidades de los bosques, diciendo: «¡Buena fortuna! Con mi deseo logrado, saldré de este Siddhasrama hacia la montaña Himavat, al norte de la Jahnavi». Dicho esto, aquel asceta semejante a un tigre, el hijo de Kusika, junto con otros ermitaños que tenían el ascetismo por riqueza, partió en dirección norte. Y mientras avanzaba aquel mejor de los ascetas, lo seguían brahmanes sustentadores del Veda, que llevaban en cien carros lo necesario para el sacrificio. Y aves y fieras que moraban en Siddhasrama siguieron al de alma elevada Visvamitra, que tenía el ascetismo por riqueza. Y entonces, seguido por el cuerpo de devotos, despidió a las aves. Y habiendo avanzado un largo trecho, cuando el sol declinaba, los ascetas descansaron a orillas del Sona. Y cuando el hacedor del día se hubo puesto, habiéndose bañado y ofrecido oblaciones al fuego, aquellos ascetas de inconmensurable energía, colocando a Visvamitra al frente, se sentaron. Y Rama también, junto con el hijo de Sumitra, habiendo rendido homenaje a aquellos ascetas, se sentó ante el inteligente Visvamitra. Entonces Rama, de extraordinaria energía, movido por el deseo de saber, preguntó a aquel primero de los ascetas, Visvamitra, que tenía el ascetismo por riqueza: «Oh venerable, ¿qué país es este, engalanado de frondosos bosques? Deseo oírlo. Que la fortuna le sea propicia: conviene que me lo diga usted con verdad». Así interpelado por Rama, aquel de elevadas austeridades y excelentes votos comenzó, en medio de los santos, a describir la opulencia de aquella región.

Section 32

«Hubo una vez un poderoso hijo de Brahma, de elevadas austeridades, llamado Kusa. Y conocía el deber y estaba siempre ocupado en observar votos y honrar a los hombres buenos. Y aquel de alma elevada engendró en Vaidarbhi, nacida de un linaje respetable y dotada de todas las nobles cualidades, cuatro hijos semejantes a él mismo y poseedores de extraordinario poderío: Kusamba, y Kusanabha, y Asurtarajas, y Vasu, resplandecientes y de inagotables alientos. Y con el deseo de acrecentar el mérito kshatriya, Kusa dijo a sus veraces y virtuosos hijos: “Hijos, ocúpense en la tarea de gobernar, y con ello adquieran inmenso mérito”. Al oír las palabras de Kusa, aquellos cuatro primeros de los hombres y mejores de los hijos se dedicaron a fundar sedes para su gobierno. Y el sumamente enérgico Kusamba fundó la ciudad de Kausambi; y el justo Kusanabha, la metrópoli de Mahodaya; y el magnánimo Asurtarajas, Dharmaranya; y el rey Vasu, Girivraja, la mejor de las capitales. Esta ciudad, con estas cinco poderosas montañas que resplandecen en torno (llamada de otro modo Vasumati), pertenece al de alma elevada Vasu. Y el río conocido con el nombre de Sumagadhi fluye por entre los magadhas. Y en medio de las cinco primeras de las colinas, parece una guirnalda. Y esta Magadhi, oh Rama, pertenece al de alma elevada Vasu, tomando, oh Rama, un curso hacia el oriente y fluyendo por campos fértiles provistos de grano. Y, oh descendiente de Raghu, el rajarshi de alma virtuosa Kusanabha engendró cien hijas sin par en Ghritachi. Y sucedió que ellas, dotadas de juventud, hermosas y semejantes al relámpago en la estación de las lluvias, engalanadas de excelentes ornamentos, llegando a su jardín, cantaban, danzaban y tocaban instrumentos musicales con alegría, oh Raghava. Y mientras ellas, perfectas en todos los miembros y sin igual en la tierra en belleza, dotadas de todas las cualidades y provistas de juventud y gracia, estaban en el jardín como estrellas en el seno de nubes, el Aire, vida de todos, las vio y dijo: “Las deseo: sean mis esposas. Renuncien a esta forma humana y alcancen larga vida. La juventud es en verdad inestable, en especial entre los seres humanos: obtengan juventud que no se marchita y háganse inmortales”. Al oír este discurso del Aire de siempre fresca energía, las doncellas, burlándose, dijeron: “Tú recorres los corazones de todas las criaturas, oh primero de los celestiales, y también nosotras conocemos tu influencia. ¿Por qué, pues, nos deshonras? Oh primero de los celestiales, somos las hijas de Kusanabha, oh divino. Y, dios como eres, podemos desalojarte de tu lugar; pero nos abstenemos de hacerlo, no sea que perdamos con ello nuestro mérito ascético. Oh necio, que nunca llegue ese tiempo en que, desatendiendo a nuestro veraz padre, siguiendo nuestra inclinación, recurramos a la elección propia. Nuestro padre es en verdad nuestro señor y primer dios. Seremos esposas de aquel a quien nuestro padre nos entregue”. Ante estas palabras suyas, aquel señor y adorable, el Aire, sumamente enfurecido, entró entonces en sus cuerpos y les quebró todos los miembros. Quebrados así sus cuerpos por el Aire, aquellas doncellas, sumamente agitadas y abrumadas de vergüenza, con lágrimas en los ojos, entraron en la residencia del rey. Y al hallar a sus hermosísimas y predilectas hijas con los miembros quebrados y afligidas, el rey, desconcertado, dijo: “Hijas, ¿qué es esto? ¿Quién es el que así desprecia la virtud? ¿Por quién han llegado todas a esta forma torcida? ¿Y por qué, mostrando su pena, no me responden?”. Dicho esto, el rey lanzó un hondo suspiro y se mostró ansioso de oírlo todo».

Section 33

«Al oír aquellas palabras del inteligente Kusanabha, sus cien hijas, tocando sus pies con la cabeza, dijeron: “Oh rey, aquel Aire, vida de todos, quiso vencernos recurriendo a un camino impropio; ni tuvo en cuenta la moral. ‘Tenemos un padre, que la fortuna te sea propicia; y no tenemos voluntad propia. Pregunta a nuestro padre, si consiente en conferirnos a ti’. Pero aquel malvado no escuchó nuestras palabras; y mientras decíamos esto, fuimos maltratadas por él”. Al oír aquellas palabras suyas, el sumamente piadoso y poderoso rey se dirigió a sus cien hermosas hijas, diciendo: “Han mostrado un señalado ejemplo de aquella indulgencia que conviene seguir a los indulgentes; y el que hayan mirado unánimes por el honor de mi casa contribuye también a su alabanza. Tanto a hombres como a mujeres, la indulgencia es un adorno. Y es difícil ejercitar esa indulgencia, en especial respecto de los celestiales. ¡Que todo descendiente mío posea una indulgencia como la suya! La indulgencia es caridad; la indulgencia es verdad; la indulgencia, oh hijas, es sacrificio; la indulgencia es fama; la indulgencia es virtud; sí, el universo se asienta en la indulgencia”. Entonces, despidiendo a sus hijas, el rey, dotado del poderío de los celestiales y versado en el consejo, comenzó a consultar con sus consejeros sobre la entrega de sus hijas en cuanto a tiempo, lugar, persona e igualdad de linaje. Y sucedió que en aquel tiempo un asceta llamado Chuli, sumamente resplandeciente, con su fluido vital dominado y de prácticas puras, ejecutaba austeridades bráhmicas. Y mientras el santo estaba ocupado en austeridades, ¡que la fortuna te sea propicia!, lo servía una hija de Urmila llamada Somada, una gandharvi. Y en toda humildad aquella virtuosa estuvo durante un período determinado ocupada en servirlo. Y con ello su guía espiritual quedó complacido con ella. Y, oh descendiente de Raghu, una vez le dijo: “Estoy complacido; ¡que la fortuna te sea propicia! ¿Qué bien puedo hacerte?”. Entonces, concluyendo que el asceta estaba complacido, la gandharvi, conocedora de las palabras, sumamente deleitada, habló dulcemente a aquel versado en el decir: “Usted está provisto del fuego bráhmico, es como el propio Brahma y de poderosas austeridades. Deseo de usted un hijo justo, dotado de virtudes ascéticas bráhmicas. No tengo esposo, ¡que la fortuna le sea propicia!, y no soy esposa de nadie. A mí, que soy su servidora, conviene que le confiera usted un hijo tal por medios bráhmicos”. Entonces, muy complacido con ella, el brahmarshi Chulina le confirió un excelente hijo bráhmico, nacido de la mente, llamado Brahmadatta. Y aquel rey, Brahmadatta, fundó la floreciente ciudad de Kampilya, como el soberano de los celestiales fundó las regiones celestes. Y, oh Kakutstha, el justo rey Kusanabha decidió finalmente conferir sus cien hijas a Brahmadatta. E invitando a Brahmadatta, aquel sumamente enérgico señor de la tierra, con corazón alegre, le confirió sus cien hijas. Y, oh descendiente de Raghu, el rey Brahmadatta, semejante al propio señor de los celestiales, recibió por turno sus manos en matrimonio. Y apenas las tocó, las cien hijas quedaron curadas de su torcimiento, libres de angustia y dotadas de belleza preeminente. Y al verlas liberadas (de la tiranía) del Aire, el monarca Kusanabha quedó sumamente deleitado y se regocijó una y otra vez. Y despidió al recién casado señor de la tierra, el rey Brahmadatta, en compañía de sus consortes y los sacerdotes. Y la gandharvi Somada se regocijó en extremo por la conclusión de las nupcias de su hijo; y abrazando una y otra vez a sus nueras y elogiando a su hijo, expresó la plenitud de su gozo».

Section 34

«Y, oh Raghava, cuando Brahmadatta se hubo casado, aquel sin hijo (Kusanabha), con la intención de obtener descendencia masculina, emprendió un sacrificio que confiere hijos. Y cuando el sacrificio había comenzado, aquel hijo de Brahma, el nobilísimo Kusa, dijo al rey Kusanabha: “Oh hijo, te nacerá un hijo virtuoso como tú mismo; obtendrás a Gadhi, y por medio de él fama duradera en este mundo”. Habiendo dicho esto al rey Kusanabha, Kusa, oh Rama, entrando en el firmamento, se fue a las regiones eternas de Brahma. Entonces, pasado algún tiempo, nació al inteligente Kusanabha un hijo eminentemente virtuoso, llamado Gadhi. Oh Kakutstha, aquel sumamente piadoso Gadhi es mi padre. Y, oh descendiente de Raghu, yo, llamado Kausika, he nacido del linaje de Kusa. Y, oh Raghava, tuve una hermana de nobles votos nacida antes que yo. Y su nombre era Satyavati; y fue entregada a Richika. Y siguiendo a su señor, ascendió al cielo en su propia persona. Y mi generosísima hermana, Kausiki, ha tomado finalmente la forma de un poderoso río. Y para lograr el bienestar de todas las criaturas, mi hermana es ahora un noble y encantador río de aguas sagradas, que sale de las montañas Himavat. Y desde entonces, por afecto a mi hermana Kausiki, vivo siempre feliz en las cercanías del Himavat, oh Raghava. Y aquella virtuosa Kausiki, Satyavati, tan bien asentada en la religión como en la verdad, y casta, y eminentemente piadosa, es ahora la primera de las corrientes. Y, oh Rama, solo con el propósito de completar mi sacrificio, dejándola atrás, he venido a Siddhasrama. Y ahora, por virtud de tu energía, he alcanzado el fruto. Ahora, oh Rama, te he narrado las circunstancias relativas a la historia de mi linaje y de mí mismo, así como de este lugar, oh de brazos poderosos, lo que me habías pedido relatar. Pero, oh Kakutstha, mientras yo hablaba, la mitad de la noche ha transcurrido. Duerme ahora, ¡que la fortuna te sea propicia!, para que no sientas dificultad alguna durante el viaje. Los árboles están inmóviles, y las fieras y las aves guardan silencio, y, oh descendiente de Raghu, todos los lados se han envuelto en la penumbra nocturna. La medianoche va pasando poco a poco; y el firmamento, densamente tachonado de estrellas semejantes a ojos, está iluminado con su luz. Y aquel disipador de las tinieblas, la luna de suave resplandor, se alza, alegrando con su esplendor los corazones de todas las criaturas. Y seres que vagan de noche —terribles yakshas y rakshasas carnívoros— andan de un lado a otro». Dicho esto, el poderoso asceta de extraordinaria energía calló. Y aquellos ascetas, honrándolo, dijeron: «¡Excelente! ¡Excelente! Este linaje perteneciente a los Kusikas es siempre exaltado y devoto de la virtud. Y aquellos primeros de los hombres nacidos en la raza de Kusa son de alma elevada y semejantes a brahmarshis, y especialmente usted, oh ilustre Visvamitra, lo es. Y aquella mejor de las corrientes, Kausiki, ha añadido lustre a su linaje». Y el auspicioso hijo de Kusika, habiendo sido elogiado por aquellos deleitados ascetas, los primeros de su orden, durmió, como el sol cuando se pone. Y Rama también, junto con el hijo de Sumitra, habiendo alabado con admiración a aquel mejor de los ascetas, gozó del placer del sueño.

Section 35

Habiendo pasado el resto de la noche en compañía de los ascetas a orillas del Sona, Visvamitra, cuando rompió el día, dijo: «Oh Rama, la noche ha pasado y ha llegado la mañana. Ha llegado la hora de cumplir las primeras devociones. ¡Levántate, levántate! ¡Que la fortuna te sea propicia! Prepárate para partir». Al oír estas palabras suyas, Rama, habiendo terminado sus devociones y ritos matutinos y listo para la partida, dijo: «Este es el Sona, de excelentes aguas, insondable y tachonado de islotes. Oh brahmán, ¿por qué camino cruzaremos?». Así interpelado por Rama, Visvamitra respondió: «Este mismo camino ha sido fijado por mí, aquel, a saber, por el que van los Maharshis». Y habiendo avanzado lejos, cuando la mitad del día había transcurrido, contemplaron aquella primera de las corrientes, la Jahnavi, adorada por los ascetas. Y al contemplar aquel río provisto de aguas sagradas y frecuentado por cisnes y grullas, los ascetas que acompañaban a Raghava quedaron sumamente deleitados. Y establecieron su campamento a orillas del río. Y entonces, habiéndose bañado y ofrecido debidamente oblaciones de agua a los dioses y a los manes de sus antepasados, y ejecutado los sacrificios Agnihotra, y participado de la mantequilla clarificada semejante a néctar, aquellos de alma elevada y auspiciosos, con corazones alegres, se sentaron rodeando a Visvamitra. Y los descendientes de Raghu se sentaron también, ocupando lugares prominentes como convenía a su rango. Entonces Rama, con el corazón rebosante de alegría, dijo a Visvamitra: «Oh adorable, deseo oír cómo la Ganga, que fluye en tres direcciones y abraza los tres mundos, cae en el señor de las corrientes y los ríos». Movido por las palabras de Rama, el poderoso asceta Visvamitra entró en la historia del origen y curso de la Ganga: «Oh Rama, aquella gran mina de mineral, el Himavat, es el primero de los montes. A él le nacieron dos hijas, sin igual en la tierra en hermosura. Y, oh Rama, su madre, de talle delicado, la amable hija de Meru, llamada Mena, era la amada esposa de Himavat; de ella nació Ganga, la hija mayor de Himavat; y, oh Raghava, le nació también una segunda hija, llamada Uma. Y sucedió que una vez las deidades, con el propósito de llevar a cabo cierta obra que les correspondía como seres divinos, pidieron en conjunto a aquel primero de los montes aquel río que fluye en tres direcciones, Ganga. Entonces, deseoso del bienestar de los tres mundos, Himavat, en obediencia al deber, les confirió a su hija, que fluye por todas partes a voluntad y santifica a todas las criaturas. Y entonces, en interés de los tres mundos, aceptándola, aquellos que tenían a pecho el bienestar de los tres mundos se marcharon con Ganga, considerándose como habiendo alcanzado su deseo. La otra hija del monte, oh descendiente de Raghu, adoptando un riguroso voto, comenzó a ejecutar austeridades, teniendo el ascetismo por riqueza. Y aquel mejor de los montes dio a Rudra, de forma inigualable, a su hija Uma, provista de ardiente ascetismo y adorada por los mundos. Y estas, oh Raghava, son las hijas de aquel rey de los montes, adorado por todos, a saber, Ganga, la primera de las corrientes, y la divina Uma. Ahora, oh mejor de los dotados de movimiento, te he relatado cómo aquella destructora de pecados, fluyendo con sus aguas en tres direcciones diversas, primero, oh niño, fue al firmamento y luego ascendió a las regiones celestes».

Section 36

Cuando el asceta hubo hablado así, ambos héroes, Rama y Lakshmana, saludando a aquel primero de los ermitaños, dijeron: «Oh brahmán, usted ha pronunciado esta noble narración colmada de moral. Ahora conviene que hable acerca de la hija mayor del rey de los montes. Usted es ampliamente conocedor de todo lo relativo a hombres o dioses. ¿Por qué aquella purificadora de los mundos baña tres direcciones? ¿Y por qué aquella primera de las corrientes, Ganga, es famosa como la que sigue tres caminos? Y, oh conocedor de la moral, ¿cuáles son sus obras en los tres mundos?». Entonces Visvamitra, que tenía el ascetismo por riqueza, comenzó a relatar a Kakutstha aquella historia con detalle en medio de los ascetas: «En días de antaño, oh Rama, el de garganta azul, de poderoso ascetismo, habiendo contraído matrimonio, comenzó a conocer a la diosa. Y mientras aquel inteligente dios de garganta azul, Mahadeva, estaba así ocupado en el juego, pasaron cien años divinos; y sin embargo, oh Rama, sometedor de enemigos, no le nació de ella ningún hijo. Entonces todos los dioses, con el Abuelo a la cabeza, se llenaron de extrema ansiedad: “¿Quién podrá soportar la descendencia de esta unión?”. Y entonces los celestiales, dirigiéndose a Mahadeva, le hablaron así, saludando con profunda reverencia: “Oh dios de dioses, oh poderosa deidad, siempre ocupado en el bienestar de todos, conviene que se muestre propicio ante los humildes saludos de los celestiales. Los mundos, oh primero de los celestiales, son incapaces de soportar su energía. Por tanto, por el bienestar de los tres mundos, practique usted austeridades en compañía de la diosa, provisto de ascetismo bráhmico, y refrene su energía con su indomable naturaleza. Preserve usted estos mundos; pues no le conviene destruirlo todo”. Al oír las palabras de las deidades, el gran dios de los mundos les dijo: “¡Así sea!”. Y dirigiéndose a ellos de nuevo, les dijo: “Dioses, por mi propia energía, con la ayuda de Uma, contendré mi vigor viril; ¡que la creación halle, pues, reposo! Pero díganme, primeros de los celestiales, ¿quién sostendrá mi potente virilidad que brota de su receptáculo?”. Así interpelados, los dioses respondieron a aquel que tiene el toro por emblema: “La tierra soportará hoy su flujo vital”. Así asegurado, el poderoso señor de los celestiales dejó ir su fluido vital; y con ello la tierra, que contiene montañas y bosques, quedó cubierta de la energía. Entonces los dioses dijeron al Fuego: “Entra, en compañía del Viento, en esta feroz y poderosa energía”. Y cuando el Viento hubo entrado en ella, se desarrolló en una colina blanca y un bosque de cañas lustrosas, semejante al fuego o al Sol. Y de allí brotó del Fuego Kartikeya, de poderosa energía. Y entonces los celestiales y los santos, con corazones satisfechos, comenzaron a rendir entusiastas adoraciones a Uma y a Siva. Entonces la hija del Monte, oh Rama, se dirigió a los celestiales, maldiciéndolos con los ojos enrojecidos de ira: “Mientras estaba en unión con Mahadeva para obtener hijos, fui interrumpida por ustedes; por ello, ustedes no podrán engendrar descendencia en sus esposas. Y desde este día en adelante, sus esposas permanecerán sin descendencia”. Habiendo hablado así a los celestiales, maldijo también a la Tierra, diciendo: “Oh Tierra, tendrás formas diversas y muchos se enseñorearán de ti. Y, manchada por mi ira, no experimentarás el placer que se siente al obtener un hijo, oh de entendimiento perverso, oh tú que no me deseas un hijo”. Al ver a los dioses así afligidos, el señor de los celestiales partió en la dirección regida por Varuna. Y habiéndose dirigido al lado norte de aquel monte, Maheswara, junto con la diosa, se puso a ejecutar austeridades en la cumbre Himavatprabhava. Te he relatado ahora, oh Rama, el curso de la hija del Monte (Ganga). Escucha ahora, junto con Lakshmana, la narración del poder de Bhagirathi».

Section 37

«Y estando aquel ser celestial entregado a las austeridades, las deidades con Indra y Agni a la cabeza, deseosas de ganarse al generalísimo, se presentaron ante el Abuelo. Y, oh Rama, los dioses con Agni a la cabeza, inclinándose ante él, se dirigieron a aquel poseedor de los seis atributos, el Abuelo, diciendo: “Oh Dios, aquel adorable que antaño nos había asignado el generalísimo, recurriendo a elevado ascetismo, practica austeridades con Uma. Disponga usted ahora, oh conocedor de los recursos, lo que convenga en interés de los mundos. En verdad usted es nuestro camino primero”. Al oír las palabras de las deidades, el Abuelo de todas las criaturas, consolándolas con suaves palabras, les dijo: “Tal como lo ha dicho la hija del Monte, no les nacerán hijos de sus propias esposas. Su palabra es infalible con certeza: no hay duda alguna al respecto. Esta es la celestial Ganga, aquella en quien Hutasana engendrará un hijo, el sometedor de enemigos y generalísimo de los celestiales. Y la hija mayor del Monte considerará a ese hijo como dado a luz por Uma; y Uma también lo mirará sin duda con afecto”. Al oír estas palabras suyas, oh descendiente de Raghu, los dioses, inclinándose ante el Abuelo, le rindieron homenaje. Entonces, oh Rama, dirigiéndose al monte Kailasa, rico en metales, las deidades comisionaron a Agni con el fin de que le naciera un hijo: “¡Lleve a cabo, oh dios, esta obra de las deidades! Oh de poderosa energía, descargue su energía en aquella hija del monte, Ganga”. Entonces, dando su promesa a los dioses, Pavaka se acercó a Ganga, diciendo: “Oh Diosa, concibe un embrión; pues este es el deseo de las deidades”. Al oír este discurso, ella tomó un aspecto divino. Y al contemplar su poderío, Agni se encogió por todos lados. Y entonces Pavaka descargó por todos lados su energía en ella, y con ello todas sus corrientes quedaron saturadas de ella, oh descendiente de Raghu. Y a aquel que permanecía a la cabeza de todas las deidades, Ganga le habló, diciendo: “Oh dios, soy incapaz de sostener esta energía recién brotada tuya: me abraso con ese fuego y me falla la conciencia”. Entonces aquel partícipe de las oblaciones ofrecidas a los dioses dijo a Ganga: “¡Da a luz tu embrión en este lado del Himavat!”. Al oír las palabras de Agni, Ganga, de poderosa energía, arrojó su resplandecientísimo embrión sobre sus corrientes, oh sin pecado. Y al salir de ella, lucía el esplendor del oro fundido; y por su virtud ígnea, los objetos cercanos y los lejanos fueron convertidos en oro y plata de brillo insuperable, mientras que los más distantes se transformaron en cobre y hierro. Y sus excreciones se convirtieron en plomo. De este modo comenzaron a multiplicarse en la tierra diversos metales. Y apenas fue dado a luz el embrión, los bosques adyacentes al monte, cubiertos de aquella energía, se convirtieron en oro. Y desde aquel día, oh descendiente de Raghu, el oro, de fulgor semejante al del fuego, fue conocido como Jatarupa, oh primero de los hombres. Y cuando nació el hijo, las deidades con Indra y los Maruts encomendaron a las estrellas Krittika que lo amamantaran: “Sin duda será hijo de todas nosotras”. Concluyendo así, apenas hubo nacido, comenzaron por turno a darle leche. Entonces los celestiales lo llamaron Kartikeya, diciendo: “Sin duda este hijo se hará famoso en los tres mundos”. Y al oír aquellas palabras suyas, las Krittikas bañaron al vástago que había salido de su vientre, llameante como el fuego y con marcas auspiciosas. Y, oh Kakutstha, puesto que Kartikeya había salido del vientre (de Ganga), los celestiales llamaron a aquel resplandeciente y de brazos poderosos Skanda. Y entonces los pechos de las Krittikas se llenaron de leche; y tomando entonces seis bocas, comenzó a mamar leche de los pechos de las seis. Y tras beber la leche, aquel señor, aunque entonces poseedor de un cuerpo tierno, por virtud de su poderío innato venció en un día a las fuerzas de los danavas. Y a él, poseedor de gran resplandor, los celestiales reunidos con Agni por jefe lo rociaron con agua, a modo de instalarlo como su generalísimo. Aquel que, oh Kakutstha, en la tierra venera a Kartikeya, es bienaventurado y alcanza la rectitud y, siendo longevo y obteniendo hijos y nietos, se dirige a las regiones de Skanda».

Section 38

Habiendo dicho aquellas palabras a Rama, compuestas de letras melodiosas, Kausika habló de nuevo a Kakutstha, diciendo: «Hubo antaño un rey, señor de Ayodhya, llamado Sagara. Y sucedió que aquel justo, aunque anhelaba con ansia tener hijos, no tenía descendencia. Y la hija de Vidarbha, oh Rama, llamada Kesini, era la esposa mayor de Sagara. Y era virtuosa y veraz. Y la segunda esposa de Sagara se llamaba Sumati, que era hija de Arishtanemi y hermana de Suparna. Y con aquellas esposas suyas, aquel poderoso rey, llegando al Himavat, comenzó a practicar austeridades en el monte Bhriguprasravana. Y cuando se hubieron contado cien años enteros, el asceta que había sido adorado por medio de estas austeridades, Bhrigu, mejor de los dotados de verdad, concedió un don a Sagara, diciendo: “Oh sin pecado, obtendrás gloriosa descendencia; y, oh primero de los hombres, alcanzarás renombre sin par entre los hombres. Y, oh niño, una de tus consortes dará a luz un hijo que perpetuará tu raza; y la otra dará a luz sesenta mil hijos”. Mientras aquel mejor de los hombres decía esto, aquellas hijas de reyes, sumamente deleitadas, propiciándolo, se dirigieron a él con las manos juntas: “¿Quién de nosotras, oh brahmán, producirá un solo hijo, y quién muchos? Esto, oh brahmán, deseamos oír. ¡Que su palabra resulte verdadera!”. Al oír esto, el sumamente piadoso Bhrigu dijo estas palabras preñadas de sentido: “Manifiesten sus mentes. ¿Quién desea qué don: entre un solo perpetuador del linaje y hijos innumerables, poseedores de poderosa fuerza y provistos de fama y dotados de ánimo elevado?”. Al oír las palabras del asceta, oh descendiente de Raghu, Kesini, en presencia del monarca, escogió, oh Rama, un solo hijo que perpetuara el linaje; y la hermana de Suparna, Sumati, sesenta mil hijos, de ánimo elevado y provistos de fama. Y entonces, oh hijo de Raghu, habiendo dado la vuelta en círculo al santo e inclinado la cabeza, el rey se dirigió a su propia capital, acompañado de sus consortes. Y tras largo tiempo, la mayor, Kesini, dio a Sagara un hijo conocido con el nombre de Asamanja. Y Sumati, oh primero de los hombres, dio a luz una calabaza. Y cuando esta se abrió, salieron de ella sesenta mil hijos. Y las nodrizas los criaron guardándolos en jarras llenas de mantequilla clarificada. Y tras mucho tiempo, alcanzaron la juventud. Y tras largo lapso de tiempo, los sesenta mil hijos de Sagara alcanzaron juventud y belleza. Y, oh primero de los hombres, el hijo mayor de Sagara, tomando a aquellos niños, solía, oh descendiente de Raghu, arrojarlos con frecuencia al Sarayu y contemplarlos con regocijo hundirse en las aguas. Siendo así de mala índole y dañando a las gentes honradas y dedicado a hacer mal a los ciudadanos, fue desterrado de la ciudad por su padre. Y Asamanja tuvo un hijo poseedor de poderío, llamado Amsuman. Y era amado de todos los hombres y de buen decir con todos.

«Y, oh primero de los hombres, sucedió que, pasado mucho tiempo, aquel señor de la tierra, Sagara, tomó una resolución, diciendo: “Ofreceré un sacrificio”. Y habiéndolo decidido, aquel versado en los Vedas se puso a ello, en compañía de sus sacerdotes».

Section 39

Cuando Visvamitra hubo terminado, al oír sus palabras, Rama, sumamente complacido, dijo a aquel asceta semejante a fuego llameante: «Estoy ansioso de oír con detalle, ¡que la fortuna le sea propicia!, cómo mi antepasado dispuso el sacrificio». Al oír aquellas palabras suyas, Visvamitra, sonriendo, dijo con presteza a Kakutstha: «Oye, oh Rama, la historia del sacrificio del de alma elevada Sagara. El suegro de Sankara es el muy famoso Himavat. Y acercándose uno a otro, el Himavat y el Vindhya se contemplaron. Y en la región que yace entre ellos tuvo lugar, oh primero de los hombres, aquel sacrificio de Sagara. Y ese país, oh mejor de los hombres, es excelente como terreno de sacrificio. Y, oh Kakutstha, provisto de un poderoso arco, aquel poderoso guerrero de carro, que vivía bajo el dominio de Sagara, Amsuman, oh niño, siguió al caballo con el fin de protegerlo. Y sucedió que, con la intención de perturbar el sacrificio de aquel monarca, cierto día Vasava, tomando la forma de una rakshasi, robó el caballo del sacrificio. Y, oh Kakutstha, al ser robado el caballo de aquel de alma elevada, los sacerdotes dijeron al rey ocupado en la ceremonia: “En este día auspicioso ha sido robado a la fuerza el caballo del sacrificio. Mate usted, oh Kakutstha, al que roba el caballo, y tráigalo de vuelta. De lo contrario el sacrificio será defectuoso y nos traerá infortunio. Por tanto, oh rey, obre usted de modo que el sacrificio no quede arruinado por defectos”. Al oír las palabras de los sacerdotes, el rey se dirigió a sus sesenta mil hijos en medio de su corte, diciendo: “Estando este gran sacrificio presidido por brahmanes eminentemente piadosos, santificados por mantras, no veo, oh primeros de los hombres, hijos, cómo puedan hallar entrada en él los rakshasas. Por tanto, vayan y busquen el caballo, hijos. ¡Que la fortuna les sea propicia! Registren toda la tierra engalanada de océanos; y registren yojana tras yojana, hijos. Y caven la tierra hasta dar con el caballo, siguiendo por mi mandato el rastro de aquel ladrón del caballo. Yo he sido iniciado en este sacrificio con mis nietos y sacerdotes”. Y entonces los poderosos príncipes, mandados por su padre, de alientos elevados, comenzaron a recorrer la tierra, oh Rama. Luego se pusieron cada uno a excavar las entrañas de la tierra a lo largo y a lo ancho de un yojana, con sus manos semejantes en el contacto a rayos, y con dardos semejantes a rayos, y con gigantescas rejas de arado. Y desgarrada así, la tierra, oh descendiente de Raghu, comenzó a lanzar fuertes gritos.

«Oh Raghava, oh difícil de reprimir, surgió un clamor de serpientes, y asuras, y rakshasas, y otras criaturas que estaban siendo muertas. Y, oh descendiente de Raghu, excavaron la tierra, oh Rama, por sesenta mil yojanas, sí, como si hubieran querido llegar a las más hondas profundidades subterráneas. Así, oh primero de los reyes, aquellos hijos del monarca cavaron por todo Jambudvipa, lleno de montañas. Entonces los dioses junto con los gandharvas, y asuras, y pannagas, aterrados, se presentaron ante el Abuelo. Y propiciando a aquel de alma elevada, con rostros melancólicos y en extrema agitación, dijeron estas palabras al Abuelo: “Oh adorable, toda la tierra está siendo excavada por los hijos de Sagara; y son muchos los de alma elevada, así como los animales acuáticos, que están siendo muertos a consecuencia de ello. ‘Este es el perturbador de nuestro sacrificio, y por él ha sido robado el caballo del sacrificio’; diciendo esto, los hijos de Sagara cometen estragos sobre todas las criaturas”».

Section 40

«Al oír el discurso de los celestiales, aquel poseedor de los seis atributos, el Abuelo, les habló a ellos, sumamente asustados y privados de sus sentidos al contemplar el poderío de los hijos de Sagara, semejante al del propio Destructor: “Toda esta Tierra pertenece al inteligente Vasudeva, pues es su consorte. Y aquel adorable es en verdad su señor. Y, tomando la forma de Kapila, sostiene sin cesar la Tierra. Y los hijos del rey Sagara serán consumidos por el fuego de su ira. La excavación de la Tierra, preordenada, así como la destrucción de los hijos de Sagara, habían sido previstas por los de larga visión”. Al oír las palabras del Abuelo, aquellos sometedores de sus enemigos, los treinta y tres celestiales, sumamente regocijados, volvieron a sus respectivos aposentos. Y mientras los hijos de Sagara desgarraban la Tierra, surgió un poderoso ruido, como el estallido del trueno. Entonces, habiendo desgarrado toda la Tierra y recorrido todo su contorno, los hijos de Sagara juntos (volvieron junto a su padre) y le dijeron: “Por nosotros ha sido ampliamente reconocida la Tierra, y poderosas deidades y danavas, rakshasas, pisachas, uragas y pannagas han sido muertos; y sin embargo no hallamos ni el caballo ni al que lo robó. ¿Qué hemos de hacer ahora? ¡Que la fortuna le sea propicia! Considérelo usted bien”. Al oír aquellas palabras de sus hijos, aquel primero de los reyes, montando en cólera, dijo, oh descendiente de Raghu: “Caven de nuevo la tierra, ¡que la fortuna les sea propicia!, y habiendo dado con el ladrón del caballo, cesen”. Recibiendo este mandato de su padre, los sesenta mil hijos del de alma elevada Sagara se lanzaron hacia las profundidades de la tierra. Y mientras excavaban, vieron al elefante de la región, semejante a una colina, llamado Virupaksha, que sostenía la tierra. Y, oh hijo de Raghu, aquel poderoso elefante, Virupaksha, sostenía sobre su cabeza toda la tierra con sus montañas y bosques. Y, oh Kakutstha, cuando en días sagrados el poderoso elefante, de fatiga, sacude su cabeza, entonces se produce el terremoto. Entonces, oh Rama, dando la vuelta a aquel poderoso elefante y honrándolo debidamente, siguieron perforando el subsuelo. Y habiendo perforado el Oriente, perforaron el Sur; y en la región del Sur vieron también a un poderoso elefante, el de alma elevada Mahapadma, semejante a una enorme colina, que sostenía la tierra sobre su cabeza. Y con ello se maravillaron en gran manera. Y habiéndole dado la vuelta, los sesenta mil hijos del de alma elevada Sagara comenzaron a penetrar en la región del Occidente. Y en la región del Occidente vieron también aquellos poderosísimos al elefante de aquella región llamado Saumanasa, semejante a una poderosa montaña. Y habiéndole dado la vuelta y preguntándole por su bienestar, siguieron cavando y llegaron a la región del Norte. Y en el Norte igualmente, oh primero de los Raghus, vieron a Bhadra, blanco como la nieve, que sostenía esta tierra sobre su hermosa persona. Y habiéndolo palpado y dado la vuelta, aquellos sesenta mil hijos de Sagara siguieron penetrando en las profundidades de la tierra. Entonces, dirigiéndose a la famosa región del Nordeste, los hijos de Sagara, enfurecidos, comenzaron a cavar la tierra. Y allí aquellos de alma elevada, poderosísimos y vehementes, vieron al eterno Vasudeva en forma de Kapila. Y allí también, experimentando extraordinario deleite, oh descendiente de Raghu, hallaron su caballo, que pacía cerca. Y sabiendo que él era el destructor del sacrificio, llevando palas, y arados, e innumerables árboles y peñascos, con los ojos enrojecidos de ira, se lanzaron furiosos contra él, exclamando: “¡Detente! ¡Detente! Tú eres quien ha robado nuestro caballo del sacrificio. Oh de entendimiento perverso, sabe que has caído en manos de los hijos de Sagara”. Al oír este discurso suyo, Kapila, oh descendiente de Raghu, abrumado de rabia, profirió un tremendo rugido. Y entonces, oh Kakutstha, los hijos de Sagara fueron reducidos a cenizas por el de alma elevada e incomparable Kapila».

Section 41

«Viendo la tardanza de sus hijos, el rey Sagara, oh hijo de Raghu, se dirigió a su nieto, llameante de su energía nativa, diciendo: “Eres heroico y diestro y semejante a tus tíos. Averigua las circunstancias que han sobrevenido a tus tíos, así como el camino por el cual ha escapado el caballo. Y como hay criaturas fuertes y poderosas que habitan en el interior de la Tierra, con el fin de resistirlas, toma tu arco junto con tu cimitarra. Y honrando a quienes merecen ser honrados y matando a los que te perturben, regresa, tras haber logrado tu fin, convirtiéndote en el instrumento para la conclusión de mi sacrificio”. Así debidamente mandado por el de alma elevada Sagara, Amsuman, dotado de rápido vigor, tomando su arco así como su cimitarra, partió. Y mandado por el monarca, oh mejor de los hombres, halló el camino subterráneo que habían abierto aquellos de alma elevada. Y halló un poderosísimo elefante perteneciente a un punto cardinal, adorado por deidades, y danavas, y rakshasas, y duendes, y aves, y uragas. Y habiéndole dado la vuelta y preguntado por su bienestar, indagó por sus tíos y por el ladrón del caballo. Al oír esto, el elefante de aquella región, de mente poderosa, respondió: “Oh hijo de Asamanja, habiendo logrado tu objeto, volverás pronto con el caballo”. Y al oír aquellas palabras suyas, Amsuman, por turno y debidamente, hizo la misma pregunta a todos los elefantes pertenecientes a los puntos cardinales. Y siendo honrado por aquellos guardianes de los puntos cardinales, conocedor de las palabras así como de su aplicación en cuanto a tiempo, lugar y persona, le dijeron ellos: “¡Ven con el caballo!”. Al oír aquellas palabras suyas, aquel de rápido vigor se dirigió al lugar donde los hijos de Sagara, sus tíos, habían sido reducidos a un montón de cenizas. Y (llegando allí), el hijo de Asamanja, herido de pena y sumamente afligido por su destrucción, se lamentó con pesadumbre de corazón. Y atormentado por la pena y la tristeza, aquel primero de los hombres divisó allí el caballo del sacrificio, que vagaba cerca. Y deseoso de ofrecer oblaciones de agua a aquellos príncipes, aquel poderosísimo, necesitado de agua, no halló extensión de agua en la vecindad. Y sucedió, oh Rama, que, mirando a lo lejos, divisó al tío materno de los príncipes, Suparna, el señor de las aves, semejante al Viento. Y entonces el hijo de Vinata, poseedor de gran fuerza, le dijo: “No te lamentes, oh primero de los hombres. La destrucción de estos fue por el bienestar de todos. Estos poderosísimos fueron consumidos por el sin par Kapila; por tanto, no debes ofrecerles agua conforme al uso social. Ganga, oh primero de los hombres, es la hija mayor de Himavat. En sus (corrientes) cumple los ritos del agua por tus tíos, oh de brazos poderosos: que aquella purificadora de los mundos lave estos, reducidos a un montón de cenizas. Y al ser bañadas estas cenizas por Ganga, querida de todos, los sesenta mil hijos de Sagara se dirigirán a las regiones celestes. Regresa, oh sumamente piadoso, llevando este caballo, oh primero de los hombres; y completa el sacrificio de tu abuelo, oh héroe”. Al oír el discurso de Suparna, el poderosísimo Amsuman, de poderoso ascetismo, tomando prontamente el caballo, volvió sobre sus pasos. Entonces, llegando ante el rey que había sido iniciado en la ceremonia, comunicó fielmente, oh descendiente de Raghu, las palabras de Suparna. Al oír esta dolorosa noticia, el rey completó debidamente el sacrificio conforme a las escrituras. Y habiendo visto la conclusión del sacrificio, aquel señor de la tierra entró en su capital; pero el rey no podía ver cómo traer a Ganga a la tierra. Y sin poder determinarlo, el poderoso monarca, tras largo curso de tiempo y habiendo reinado por treinta mil años, ascendió al cielo».

Section 42

«Cuando Sagara se hubo inclinado ante el influjo del Tiempo, los súbditos eligieron por rey al justo Amsuman. Y, oh descendiente de Raghu, Amsuman resultó un gran gobernante. Y su hijo, el célebre Dilipa, fue también un gran rey. Y, oh hijo de Raghu, confiando a Dilipa su reino, Amsuman emprendió rígidas austeridades en la pintoresca cumbre del Himavat. Y habiendo practicado austeridades en los bosques por espacio de treinta y dos centenares de millares de años, aquel famosísimo, coronado de la riqueza del ascetismo, alcanzó las regiones celestes. Y el poderosísimo Dilipa, al oír de la destrucción de sus abuelos, fue herido de pena; sin embargo, no podía determinar su proceder al respecto. Y pensaba de continuo cómo se podría hacer descender a Ganga, cómo cumplir los ritos del agua por ellos y cómo liberarlos. Y mientras aquel piadoso, provisto de conocimiento de sí, meditaba siempre en esto, le nació un hijo eminentemente virtuoso llamado Bhagiratha. Y ejecutando numerosos sacrificios, el poderoso rey Dilipa reinó por treinta mil años. Y sin haber llegado a ninguna decisión definida en cuanto a su liberación, el rey, oh poderoso, atacado por una dolencia, expiró. Y habiendo rociado a su hijo Bhagiratha a modo de instalarlo en el reino, aquel primero de los hombres, el rey, por virtud de sus propios actos, se dirigió a la región de Indra. Y, oh descendiente de Raghu, aquel santo real Bhagiratha era poseedor de rectitud. Y no teniendo descendencia y deseando obtenerla, el poderoso monarca confió su reino y sus súbditos al cuidado de sus consejeros y se ocupó en hacer descender a Ganga. Y, oh descendiente de Raghu, refrenando sus sentidos, y comiendo una vez al mes, y rodeándose de cinco fuegos, y con los brazos en alto, ejecutó austeridades en Gokarna por largo lapso de tiempo. Y mientras ejecutaba sus terribles austeridades, transcurrieron mil años. Y entonces aquel poseedor de los seis atributos y señor de todas las criaturas, Brahma, quedó muy complacido con aquel monarca de alma elevada. Y presentándose junto con los celestiales, el Abuelo habló así al de alma elevada Bhagiratha, que estaba entregado a las austeridades: “Oh Bhagiratha, oh poderoso monarca, complacido estoy contigo, oh señor de los hombres, a causa de tus ardientes austeridades; pide, oh de excelentes votos, el don que quieras”. Entonces aquel gran guerrero de carro, el poderosísimo y de brazos poderosos Bhagiratha, con las manos juntas, dijo al Abuelo de todas las criaturas: “Si, adorable, está usted complacido conmigo, si quiere concederme el fruto de mi ascetismo, ¡que los hijos de Sagara reciban agua de mis manos; y, al ser bañadas por las aguas de Ganga las cenizas de aquellos de alma elevada, que mis bisabuelos se dirijan sin falta al cielo! Y, oh divino, le suplico que nuestro linaje nunca languidezca por falta de descendencia. ¡Que este primer don, oh Dios, recaiga sobre la raza de Ikshvaku!”. Cuando el rey hubo dicho esto, el Abuelo se dirigió a él con estas dulces y auspiciosas palabras compuestas de letras fundentes: “Oh poderoso guerrero de carro Bhagiratha, elevado es este tu fin. Sea así, ¡que la fortuna te sea propicia, oh acrecentador del linaje de Ikshvaku! A esta Ganga Haimavati, hija mayor de Himavat, a ella, oh rey, para sostenerla, emplea a Hara; pues la caída de Ganga, oh rey, la Tierra no podrá sostenerla. Y para sostenerla, oh rey, no hallo a nadie salvo al portador del Tridente”. Habiendo hablado así al monarca y saludado a Ganga, el creador de los mundos se dirigió al cielo con los celestiales».

«Cuando aquel dios de dioses se hubo marchado, Bhagiratha, oh Rama, presionando la tierra con el pulgar, pasó un año adorando a Siva. Y cuando el año se hubo cumplido, el señor de Uma, Pasupati, adorado por todos los mundos, dijo al rey: “Oh primero de los hombres, estoy muy complacido contigo: haré lo que sea para tu bien. Sostendré sobre mi cabeza a la hija de la Montaña”. Entonces, oh Rama, aquella ante quien todas las criaturas se inclinan, la hija mayor de Himavat, tomando una forma sumamente poderosa, se precipitó desde el firmamento, con ímpetu irresistible, sobre la graciosa cabeza de Siva. Y aquella divina, Ganga, sumamente difícil de sostener, pensó: “Entraré en las regiones inferiores, arrastrando a Sankara con mis corrientes”. Conociendo su orgullosa intención, el adorable Hara se encolerizó; y la deidad de tres ojos puso su corazón en envolverla. Y, oh Rama, mientras aquella sagrada se hundía sobre la santa cabeza de cabellos enmarañados de Rudra, semejante al Himavat, no pudo en modo alguno llegar a la tierra, a pesar de todos sus esfuerzos; ni obtuvo salida de debajo de los cabellos enredados. Y vagó allí por muchos años. Y al hallar a Ganga en este apuro, Bhagiratha se entregó de nuevo a elevadas austeridades. Y entonces Siva, oh descendiente de Raghu, quedó sumamente complacido, y soltó a Ganga en dirección al lago Bindu. Y al ser soltada, siete corrientes se ramificaron de ella. Y las tres corrientes de la excelente Ganga de aguas auspiciosas fueron en dirección oriental; mientras que la Suchakshu, la Sita y aquel poderoso río, el Sindhu, fluyeron hacia el auspicioso occidente. Y la séptima siguió el carro de Bhagiratha. Y aquel santo real, el poderosísimo Bhagiratha, montado en un carro soberbio, iba delante; y Ganga lo seguía. Y descendió del firmamento sobre la cabeza de Sankara, y de allí cayó sobre la tierra; y allí sus aguas fluyeron con sonidos atronadores. Y la tierra se veía hermosa con enjambres de peces, y tortugas, y marsopas que caían y habían caído. Y entonces los celestiales y los santos y los gandharvas, y yakshas y siddhas, montados en excelentes elefantes y caballos y carros semejantes a ciudades, contemplaron a Ganga descender sobre la tierra. Y los celestiales instalados en carros quedaron sorprendidos; y todas las criaturas se maravillaron del excelente descenso de Ganga. Y ansiosas de presenciar el espectáculo, vinieron allí huestes celestiales de energía inmensurable. Y a consecuencia de la llegada de los celestiales y del resplandor de sus ornamentos, el firmamento, libre de nubes, brilló como con cien soles. Y el cielo estaba engalanado de marsopas y serpientes y peces de rápido deslizarse, semejantes a relámpagos en juego; y el firmamento, esparcido con miles de pálidos copos de espuma, parecía estar esparcido con nubes otoñales repletas de grullas. Y el río avanzaba a veces con rapidez, y a veces de través, y a veces en grandes volúmenes, y a veces en declive, y a veces ascendiendo, y a veces con languidez; y a veces el agua chocaba con el agua; y a veces, ascendiendo una tierra alta, descendía a una hondonada. Y el agua límpida y pura, al descender primero sobre la cabeza de Sankara y luego a la tierra, parecía sumamente hermosa. Y allí los santos y los gandharvas, así como los habitantes de la tierra, tocaron el agua sagrada que fluía del cuerpo de Bhava. Y los que habían caído del cielo a la tierra a consecuencia de alguna maldición, tras bañarse allí y quedar así lavados y quitados sus pecados por aquella agua santificadora, volvieron a ascender al cielo y entraron en sus respectivas regiones. Y por obra de aquella agua resplandeciente, todos los seres, sintiendo deleite, se regocijaron, y tras bañarse en Ganga quedaron limpios de pecado. Y de pie en un excelente carro, aquel poderoso rey, el santo real Bhagiratha, iba primero, y Ganga iba tras él. Y los dioses, y los santos, y los daityas, y los danavas, y los rakshasas, y los primeros de los gandharvas y yakshas, y los kinnaras, y los poderosos uragas, y las serpientes, y las apsaras, oh Rama, y los animales acuáticos en conjunto, siguiendo el carro de Bhagiratha, iban con alegres corazones tras Ganga. Y dondequiera que iba el rey Bhagiratha, iba la famosa Ganga, primera de las corrientes, capaz de destruir todos los pecados. Y Ganga inundó el terreno de sacrificio del de alma elevada Jahnu, de obras maravillosas, mientras este ejecutaba un sacrificio. Entonces, oh Raghava, al percibir su insolencia, Jahnu, encolerizado, bebió todas sus maravillosas aguas. Entonces las deidades, y los gandharvas, y los santos, atónitos, se pusieron a adorar a aquel primero de los hombres, el de alma elevada Jahnu, e hicieron de Ganga hija de aquel de alma elevada. Y aquel señor de gran energía, ya propiciado, soltó a Ganga por sus oídos. Por eso Ganga lleva el nombre de Jahnavi, hija de Jahnu. Entonces Ganga volvió a seguir el carro de Bhagiratha. Y habiendo llegado al océano, aquella primera de las corrientes, con el objeto de cumplir la obra de él, entró en las regiones subterráneas. Y habiendo traído cuidadosamente a Ganga, aquel santo real, Bhagiratha, con los sentidos desconcertados, contempló a sus abuelos reducidos a cenizas. Y las excelentes aguas de Ganga desbordaron sobre aquel montón de cenizas; y entonces, oh mejor de los Raghus, ellos, purgados sus pecados, alcanzaron el cielo».

Section 43

«Cuando, habiendo llegado al Océano, el rey, caminando tras la estela de Ganga, entró bajo la Tierra, en aquel lugar donde aquellos (hijos de Sagara) habían sido reducidos a cenizas. Y, oh Rama, al ser lavadas las cenizas por las aguas de Ganga, Brahma, el señor de todas las criaturas, habló así al monarca: “Oh poderosísimo de los hombres, los sesenta y tres mil hijos del de alma elevada Sagara han sido liberados, y han ascendido al cielo semejantes a los mismos celestiales. Y, oh señor de la tierra, mientras existan las aguas del océano, los hijos de Sagara residirán en el cielo semejantes a celestiales. Y esta Ganga será tu hija mayor; y alcanzará celebridad entre todos, siendo llamada con tu nombre. Y a Ganga se la llama tanto Tripathaga como Bhagirathi. Y se la conoce como Tripathaga a causa de proceder en tres direcciones. Ofrece ahora aquí, oh señor de los hombres, oblaciones de agua a tus abuelos, y con ello, oh rey, cumple tu promesa. Y, oh rey, aquel primero de los justos, tu antepasado de extraordinaria fama, no logró alcanzar su deseo. Y, oh niño, Amsuman, igualmente sin par en energía en los mundos, no logró cumplir su acariciada promesa de hacer descender a Ganga. Y luego, aquel santo real, coronado de cualidades, de austeridades semejantes a las mías, siempre fiel a sus deberes de kshatriya, el propio Dilipa, tu poderosísimo padre, oh eminentemente justo, no logró hacer descender a Ganga conforme a su acariciada resolución, oh sin pecado. Y ahora, oh primero de los hombres, cumplida por ti aquella promesa, alcanzarás insigne gloria sobre la tierra por consentimiento común de todos. Y, oh vencedor de tus enemigos, habiendo producido el descenso de Ganga, alcanzarás por este acto tuyo también las regiones de Brahma. Báñate, oh mejor de los hombres, en estas aguas que no pueden volverse inservibles, oh primero de los hombres, y así purifícate y alcanza santidad. Y cumple los ritos del agua por tus abuelos. Que la suerte sea tuya; yo me dirigiré ahora a mis propias regiones: parte tú, oh rey”. Habiendo dicho esto, el ilustre señor de los celestiales, el Abuelo de todas las criaturas, se dirigió a las regiones celestiales. Y el santo real, el rey Bhagiratha, también de alta fama, habiendo hecho sus abluciones y purificándose, y habiendo ofrecido debidamente y en el orden apropiado oblaciones de agua a los hijos de Sagara, entró en su capital. Y alcanzando extraordinaria prosperidad, aquel primero de los hombres gobernó su reino; y, oh descendiente de Raghu, teniéndolo por soberano, el pueblo se regocijó en gran manera; y, alejadas sus penas y asegurada la prosperidad, vivieron con paz de espíritu. Así, oh Rama, te he relatado la historia de Ganga. ¡Que obtengas lo auspicioso! ¡Que la fortuna te sea propicia; la tarde se acerca! Quien recita esta historia, que confiere prosperidad, fama, larga vida y cielo a vipras, kshatriyas y otros, alcanza el favor de sus antepasados y de los celestiales; y, oh Kakutstha, quien escucha la sagrada historia del descenso de Ganga, que confiere largos días, alcanza todos sus deseos, y todos sus pecados son destruidos, y su vida y fama aumentan».

Section 44

Al oír las palabras de Visvamitra, Raghava, junto con Lakshmana, quedó atónito y dijo a Visvamitra: «Oh brahmán, maravillosa es la historia que nos ha relatado, a saber: la del sagrado descenso de Ganga y el rellenado del Océano. Y, oh afligidor de enemigos, mientras reflexionábamos largamente sobre todo esto, la noche ha pasado como si fuese un instante. Y toda la noche ha pasado mientras yo, en compañía del hijo de Sumitra, meditaba sobre el auspicioso discurso de Visvamitra». Entonces, en la mañana, que resultó radiante, aquel sometedor de sus enemigos, el descendiente de Raghu, se dirigió al asceta Visvamitra, que había terminado su devoción: «La auspiciosa noche ha pasado, y (de nuevo) escucharemos sus maravillosos relatos. Crucemos ahora esta sagrada corriente, primera de los ríos, que fluye en tres direcciones. Y al saber que ha llegado a este lugar, los piadosos ascetas han venido presurosos hasta aquí, y han traído también esta barca con una espaciosa alfombra». Al oír aquellas palabras del de alma elevada Raghava, Kausika cruzó atravesando las multitudes de ascetas; y al llegar a la orilla norte, rindió homenaje a los santos. Y cuando hubieron desembarcado en las orillas de la Ganga, vieron una ciudad llamada Visala. Y entonces aquel primero de los ascetas, en compañía de Raghava, se dirigió presuroso hacia Visala, hermosa y elegante, semejante a las regiones celestiales. Entonces el sapientísimo Rama, con las manos juntas, preguntó a aquel poderoso asceta Visvamitra acerca de la excelente ciudad de Visala: «Oh poderoso asceta, ¿qué linaje real reside en aquella gran ciudad? Deseo oírlo, ¡que la fortuna le sea propicia!; y grande es mi deseo de saber». Al oír aquellas palabras de Rama, aquel primero de los ascetas comenzó a relatar la historia de Visala: «Escucha, oh Rama, lo que oí de Sakra al contar esta historia; y, oh descendiente de Raghu, escucha todo lo que sucedió en esta ciudad. En otro tiempo, en la edad Krita, oh Rama, los poderosísimos hijos de Diti, así como los de Aditi, dotados de poderío, y virtuosos y piadosos, de alma elevada unos y otros, oh primero de los hombres, se pusieron a reflexionar: “¿Cómo podremos quedar exentos de decrepitud y enfermedad, e inmortales?”. Y mientras reflexionaban, se les ocurrió: “Batiendo el océano de leche, hemos de obtener la ambrosía”. Entonces, decidiendo batir (el océano), aquellos de energía inmensurable, haciendo de Vasuki la cuerda, y del Mandara (monte) la vara, comenzaron a batir el abismo. Y pasados mil años, las cabezas (de la serpiente) que servían de cuerda de batir comenzaron a vomitar veneno virulento y a morder los peñascos con sus colmillos. Y entonces salió un poderoso veneno semejante al fuego; y a consecuencia de ello el universo entero, con celestiales, y asuras, y hombres, comenzó a arder. Y entonces, con la intención de buscar refugio, se presentaron ante aquel poderoso dios, Sankara, o Pasupati, o Rudra, himnándolo: “Sálvenos”. “Sálvenos”. Cuando aquel maestro, el señor de los celestiales, era así interpelado por las deidades, apareció ante ellos Hari, portador de la caracola y del disco. Y sonriendo, Hari dijo a Rudra, portador del tridente: “Oh jefe de los celestiales, puesto que usted es el primero de los dioses, esto que ha salido del océano batido por los celestiales es suyo. Quedándose aquí, oh señor, reciba usted la primera ofrenda en forma de este veneno”. Habiendo dicho esto, aquel mejor de los celestiales se desvaneció allí. Presenciando el desánimo de los celestiales, y oyendo también las palabras de Sarngin, Siva tomó aquel terrible veneno como si fuera néctar; y luego, dejando a las deidades, el venerable Hara se marchó. Y entonces, oh descendiente de Raghu, cuando los celestiales reanudaron el batido, aquel primero de los montes, que servía de cuerda, entró en las regiones subterráneas. Entonces los dioses y los gandharvas se pusieron a ensalzar al matador de Madhu, diciendo: “Usted es el camino de todos los seres, de los celestiales en especial. Protéjanos usted, oh de brazos poderosos, y recobre la montaña”. Habiendo oído esto, Hrishikesa, o Hari, tomando la forma de una tortuga, se situó en el mar sosteniendo el monte sobre su espalda; y aquella Alma de todos, Kesava, mejor de los seres varones, agarrando con la mano la cima del monte, comenzó a batir el abismo, de pie en medio de los celestiales. Y pasados mil años, surgió un ser varón impregnado del Ayurveda, de alma sumamente justa, llamado Dhanvantari, que llevaba en las manos una vara y un kamandalu. Y surgieron también, de la crema de las aguas batidas, aquellas magníficas damas, las resplandecientes apsaras. Y, oh primero de los hombres, como habían surgido del agua, se las llama apsaras. Y brotaron sesenta kotis de resplandecientes apsaras. Y, oh Kakutstha, las doncellas que las sirven son innumerables. Y ni las deidades ni los danavas quisieron aceptarlas, y a consecuencia de esta no aceptación se las conoce como mujeres que pertenecen a todos. Y entonces, oh descendiente de Raghu, surgió la eminentemente piadosa hija de Varuna, Varuni, que se puso a buscar quien la aceptara. Y los hijos de Diti, oh Rama, no aceptaron a la hija de Varuna, y los hijos de Aditi, oh héroe, aceptaron a aquella de miembros intachables. Y por eso los hijos de Diti llevan el nombre de asuras, y los de Aditi el de suras. Y los celestiales se alegraron en extremo al haber aceptado a Varuni. Y, oh primero de los hombres, luego surgieron Uchchaisrava, el mejor de los caballos, y también Kaustubha; y luego, la excelente ambrosía. Y, oh Rama, tremenda fue la matanza por la posesión de esta (la ambrosía); y los hijos de Aditi y de Diti combatieron entre sí. Y los asuras se juntaron con los rakshasas; y, oh héroe, poderosa fue la batalla que se libró, que infundió terror en los tres mundos. Y cuando se hubo cometido una gran devastación, el poderosísimo Vishnu, tomando una forma cautivadora, robó presto la ambrosía. Y los que se adelantaron ante aquel mejor de los seres varones, Vishnu, que no conoce deterioro, fueron aplastados en el combate por Vishnu en una forma distinta. Y en aquella terriblísima batalla entre los hijos de Diti y de Aditi, aquellos héroes, a saber, los héroes hijos de Aditi, mataron a los de Diti. Y habiendo matado a los hijos de Diti y recobrado su reino, Purandara comenzó a gobernar felizmente los mundos, que contenían santos y charanas».

Section 45

«Y al ser muertos aquellos hijos suyos, Diti, afligida de gran pena, se dirigió así a su esposo, el hijo de Maricha, Kasyapa: “Oh adorable, sus hijos de alma elevada han matado a los míos. Deseo ahora un hijo que, obtenido por largas austeridades, pueda matar a Sakra. Y yo me entregaré a las austeridades: le corresponde a usted concederme tal embrión, y tal matador de Sakra le corresponde prometerme”. Al oír aquellas palabras suyas, el hijo de Maricha, Kasyapa, de extraordinaria energía, respondió a la hondamente agraviada Diti: “Así sea. ¡Que la fortuna te sea propicia! Mantente pura, oh asceta. Si permaneces pura, cuando se cumplan mil años completos, darás a luz un hijo que matará a Sakra en la batalla. Y por mí darás a luz un hijo que destruirá los tres mundos”. Habiendo dicho esto, aquel de gran energía le frotó el cuerpo con la palma. Y habiéndola frotado, dijo: “¡Suerte!”, y luego se marchó a practicar austeridades. Y cuando él se hubo ido, Diti, oh primero de los hombres, sumamente deleitada, fue a Kusaplava y comenzó a practicar rígidas mortificaciones. Y, oh primero de los hombres, mientras ella practicaba austeridades, la deidad de mil ojos la servía con suma diligencia. Y el de mil ojos le proveía fuego, y kusa, y leña, y agua, y frutos, y raíces, y otras cosas que ella necesitaba. Y en todo momento Sakra servía a Diti frotándole el cuerpo y quitándole la fatiga. Y cuando faltaban solo diez años para completar los mil años, Diti, oh descendiente de Raghu, sumamente deleitada, habló así al de mil ojos: “Oh mejor de los dotados de poderío, a mí, entregada a las austeridades, solo me quedan diez años (para completar el plazo). Y pasado ese tiempo, ¡que la fortuna te sea propicia!, contemplarás a tu hermano. Yo, oh hijo, lo ataré a ti con afecto, a él por quien rogué para lograr tu destrucción, de modo que, removida la fiebre de tu corazón, disfrutes con él la victoria de los tres mundos. Habiéndole yo rogado a tu padre, de alma elevada, él, oh primero de los celestiales, me otorgó el don de que después de mil años obtendría un hijo”. Y sucedió que, habiendo dicho esto, estando el sol en su meridiano, la venerable Diti, con los pies puestos en aquella parte del lecho donde debía ir su cabeza, fue vencida por el sueño. Y entonces, viéndola descansar los pies en el lugar donde debía poner la cabeza, y por consiguiente impura, Sakra se deleitó en extremo y sonrió. Y, oh Rama, Purandara entró en su vientre, y aquel de gran dominio de sí cortó el embrión en siete partes. Y el embrión, atravesado por el rayo de cien nudos, gritó a voz en cuello, y entonces Diti despertó. “No llores, no llores”, exclamó Sakra; y aun mientras lloraba, el de mente poderosa, Vasava, siguió atravesándolo. “No lo mates; no lo mates”, dijo Diti. Entonces, en consideración al honor de su madre, Sakra salió.

«Entonces él, con las palmas juntas, se dirigió a Diti: “Oh venerable, usted durmió con los pies puestos donde debía haber yacido su cabeza, y por ello quedó impura. Y hallando esta oportunidad, corté en siete pedazos a aquel que habría de ser mi matador en la batalla. Oh venerable, discúlpeme”.

Section 46

«Cuando el embrión hubo sido cortado en siete, Diti, sumamente afligida, habló con humildad a la deidad de mil ojos, irreprimible: “Por culpa mía es que el embrión ha sido cortado en siete. Oh jefe de los celestiales, en esto no eres culpable de transgresión alguna, oh destructor de Vala. Y puesto que la calamidad ha sobrevenido al embrión, deseo hacerte un bien. Que las siete partes se conviertan en los guardianes de los siete Maruts. Y, oh hijo, que mis hijos, de nobles formas, haciéndose famosos como Maruts, recorran las regiones de Vataskandha en el cielo. Y que uno recorra las regiones de Brahma, y otro las de Indra, y el tercero, altamente ilustre, recorra también los contornos, siendo conocido como Divya Vayu. Y, oh mejor de los celestiales, por tu mandato, que los cuatro hijos míos restantes, conocidos por el nombre que tú has mencionado, recorran en los períodos señalados”. Al oír sus palabras, aquel destructor de Vala, el de mil ojos, Purandara, dijo con las palmas juntas: “Todo esto que has dicho ha de cumplirse; no hay duda al respecto. ¡Que la fortuna te sea propicia!, tus hijos, dotados de formas celestiales, recorrerán”. Y hemos oído que, habiéndolo así determinado en aquella ermita, la madre y el hijo, oh Rama, fueron al cielo, obtenido su deseo. Este mismo, oh Kakutstha, es el lugar donde en otro tiempo moró el poderoso Indra, y donde sirvió a Diti, de lograda perfección ascética. Y, oh poderosísimo de los hombres, a Ikshvaku le nació de Alambusha un hijo sumamente justo, conocido por el nombre de Visala. Y aquí se alzaba un palacio, construido por él, llamado Visala. Y el hijo de Visala, oh Rama, fue el poderoso Hemachandra. Y después de Hemachandra viene el célebre Suchandra. Y, oh Rama, el hijo de Suchandra fue Dhumrasva. Y luego nació Srinjaya, hijo de Dhumrasva. Y el hijo de Srinjaya fue el poderoso Sahadeva. Y el hijo de Sahadeva fue el preeminentemente piadoso Kusasva. Y el hijo de Kusasva fue el poderoso Somadatta. Y ahora, oh Kakutstha, el hijo de Somadatta, el resplandeciente e invencible y renombrado Sumati, reside en esta ciudad. Y por la gracia de Ikshvaku, todos los soberanos de Visala son longevos, y de alma elevada, y poderosos, y piadosos. Y aquí pasaremos felizmente una noche; y en la mañana de mañana contemplarás, oh primero de los hombres, a Janaka». Y habiendo oído que el ilustre Visvamitra había llegado, aquel mejor de los reyes, el resplandeciente Sumati, se presentó ante él. Y habiendo rendido alto homenaje a Visvamitra junto con sus sacerdotes y amigos, y con las manos juntas preguntado por el bienestar de este, se dirigió a Visvamitra: «Dichosos somos, y obligados estamos, aquellos cuyos dominios, oh asceta, han sido honrados con su presencia. Sin duda nadie es más dichoso que yo».

Section 47

Habiéndose reunido, preguntaron uno por el bienestar del otro. Y entonces Sumati dijo al poderoso asceta: «¡Que la fortuna le sea propicia! Ufanos del poderío de los celestiales, de andar de elefante o de león, héroes semejantes a tigres o toros, de amplios ojos como pétalos de loto, que llevan cimitarras y arcos y carcajes, semejantes a los Asvins en gracia, dotados de juventud, semejantes a celestiales que, por antojo, hubieran descendido de las regiones etéreas a la tierra de abajo, ¿de quién son hijos, oh asceta, estos muchachos, y con qué fin han venido aquí, y por qué viajan además a pie? Y adornando todas las direcciones, semejantes al Sol o a la Luna que adornan el firmamento, y semejantes entre sí en proporciones personales, y expresiones, y gestos, y equipados con excelentes armas, y belicosos, ¿cómo han llegado estos dechados de hombres a este camino intransitable? Deseo oír todo esto relatado con verdad». Al oír sus palabras, Visvamitra relató fielmente todo al respecto. Al oír las palabras de Visvamitra, el rey se sorprendió en extremo y, teniendo por huéspedes dignos de todo a aquellos hijos de Dasaratha, recibió con el debido respeto a aquellos poderosísimos, merecedores de hospitalidad. Y tras recibir tan espléndida acogida de Sumati, aquellos descendientes de Raghu pasaron allí una noche, y al día siguiente partieron hacia Mithila. Y al contemplar la hermosa ciudad de Janaka, los ascetas, exclamando: «¡Excelente, excelente!», se pusieron a admirar Mithila. Y en un bosquecillo de Mithila, Raghava vio una ermita antigua, solitaria y pintoresca, y preguntó a aquel primero de los ascetas: «¿Qué es esto que parece una ermita, aunque sin ascetas? Deseo oír, oh venerable, a quién perteneció esta ermita en tiempos pasados». Al oír este discurso dirigido por el descendiente de Raghu, aquel versado en la palabra, el altamente enérgico y poderoso santo Visvamitra, respondió: «¡Ah! Escucha. Te diré por la ira de qué alma elevada llegó a ser maldita esta ermita. Oh primero de los hombres, esta excelente ermita, honrada por los mismos celestiales, perteneció en otro tiempo al de alma elevada Gautama. Y aquí, oh ilustre príncipe, en días de antaño Gautama, en compañía de Ahalya, practicó austeridades por una larga serie de años. Y percibiendo la ocasión, el señor de Sachi, la deidad de mil ojos, tomando la forma de aquel asceta, se dirigió así a Ahalya: “Oh bellísima, los que están entregados al deleite no aguardan el tiempo de la menstruación. Y, oh graciosa, deseo gozar de tu compañía (al instante)”. Entonces, por deseo de saber, aquella de entendimiento perverso consintió en las propuestas del jefe de los celestiales. Luego, habiendo logrado su objeto, habló a aquel primero de los celestiales: “Oh mejor de los inmortales, he obtenido mi deseo; márchese presto de este lugar, oh señor. Oh señor de los celestiales, por sentido del decoro, resguárdese usted y resguárdeme también a mí”. Indra, sonriendo también, dijo a Ahalya: “Oh de caderas bien formadas, complacido estoy. Ahora me dirijo a mi propio lugar”. Habiéndola conocido así, Indra, oh Rama, sumamente temeroso de Gautama, salió entonces apresuradamente de la cabaña de paja. Justo en ese momento, Indra vio entrar al poderoso asceta Gautama, aquel primero de los ermitaños, que no podía ser reprimido por los dioses ni los danavas, y provisto de energía ascética, que se había bañado en las aguas de los lugares santos, y llameaba como fuego, llevando leña y hierba kusa. Y al verlo, el semblante del señor de los celestiales se puso pálido. Y viendo a la perversa deidad de mil ojos bajo el aspecto de un asceta, el ermitaño de buena conducta, encendido de ira, dijo: “Y puesto que tú, oh de perverso entendimiento, tomando mi forma, has hecho este acto inmundo, perderás tu escroto”. Y apenas el de alma elevada Gautama hubo dicho esto con ira, el escroto del de mil ojos cayó a la tierra. Y habiendo visto a Sakra en este apuro, maldijo también a su esposa: “Por mil años vivirás aquí alimentándote de aire, sin comida, atormentada por el arrepentimiento, y permanecerás en esta ermita sin ser vista de nadie. Y cuando el irreprimible hijo de Dasaratha, Rama, llegue a este hondo bosque, quedarás limpia de tu pecado. Y, oh perversa, ofreciéndole los ritos de la hospitalidad, con la mente libre de ignorancia y codicia, recobrarás con alegría, en tu propia forma, mi lado”. Habiendo dicho esto a aquella perversa mujer, el altamente enérgico Gautama, de rígidas austeridades, abandonando esta ermita, se puso a practicar penitencias en la pintoresca cumbre del Himavat, habitada por siddhas y charanas».

Section 48

«Y privado de su escroto, Sakra, con los ojos trémulos de miedo, se dirigió a los celestiales, con Agni a la cabeza, así como a los siddhas y los gandharvas y los charanas: “He cumplido la obra de los celestiales al despertar la ira del de alma elevada Gautama y perturbar así sus austeridades. Y al hacerlo, he sido privado de mi escroto; y Ahalya también ha sido humillada. Y yo lo he privado de su energía ascética haciéndole proferir una poderosa maldición; y, por tanto, celestiales, y santos, y charanas, ustedes deben restituirme mi escroto a mí, que he servido a los dioses”. Al oír las palabras de Satakratu, las deidades, junto con los Maruts encabezados por Agni, se presentaron ante los divinos Pitris. Y entonces Agni se dirigió a estos: “Este carnero posee escroto; mientras que Sakra ha sido privado del suyo. Tomando ustedes el escroto del carnero, provean a Sakra con él. Y aunque privado del escroto, el carnero podrá otorgarles consumada satisfacción. Y a quienes les ofrezcan tal carnero para su festín, ustedes les concederán mérito imperecedero y profuso”. Al oír el discurso de Agni, los Pitris reunidos, arrancando el escroto del carnero, lo unieron a la persona de la deidad de mil ojos. Desde entonces, Kakutstha, los divinos Pitris se banquetean juntos con carneros sin escroto, pues su escroto fue unido a la persona de Indra. Y desde entonces, oh Raghava, Indra también, por la energía ascética del de alma elevada Gautama, lleva el escroto de un carnero. Por tanto, oh poderosísimo, entra en la ermita de aquel piadoso y libera a la digna y divinamente bella Ahalya». Al oír las palabras de Visvamitra, Raghava, en compañía de Lakshmana, poniendo a Visvamitra delante de ellos, entró en la ermita; y vieron a aquella magnífica dama llameante de energía ascética; y a la que ni siquiera los celestiales y los asuras podían mirar de demasiado cerca; como si hubiera sido creada por la Deidad para ser la Mujer divinamente encantadora; como una llama oculta en humo; o como el brillo de la luna llena nublado y empañado por la bruma; o como el esplendor solar que no puede contemplarse a causa de las nubes. Y por virtud de la palabra de Gautama, no había podido ser vista por nadie en los tres mundos hasta la vista de Rama. Y ahora, llegada a su fin la maldición, ellos podían percibirla. Y los dos descendientes de Raghu tomaron entonces sus pies; pero recordando las palabras de Gautama, ella por su parte tomó los de ellos. Y con mente serena les dio agua para los pies así como arghya, y les brindó los ritos de la hospitalidad. Y los Kakutsthas aceptaron el homenaje así rendido conforme al precepto. Y comenzaron a llover copiosamente flores al son de timbales; y los gandharvas y las apsaras comenzaron a regocijarse en gran manera. Y exclamando: «¡Excelente, excelente!», los celestiales honraron a Ahalya, quien, con una persona purificada por la penitencia, volvió a quedar bajo el gobierno de Gautama. Y el altamente enérgico Gautama, también feliz por su unión con Ahalya, honró en gran manera a Rama, y aquel de poderosas mortificaciones se entregó entonces a las austeridades. Y habiendo recibido debidamente señalados honores del gran asceta Gautama, Rama partió hacia Mithila.

Section 49

Entonces, avanzando hacia el nordeste, Rama, en compañía del hijo de Sumitra, poniendo a Visvamitra a su cabeza, se presentó ante el terreno de sacrificio. Y Rama y Lakshmana dijeron a aquel poderoso asceta: «Grande es la pompa y el esplendor del sacrificio del de alma elevada Janaka. Y, oh piadoso, muchos millares de brahmanes que habitan diversas regiones, y bien versados en los Vedas (han venido a este sacrificio); y las moradas de los ascetas están pobladas de centenares de carros. Disponga usted, oh brahmán, algún lugar donde podamos alojarnos». Al oír las palabras de Rama, el poderoso asceta Visvamitra eligió para su morada un lugar bien provisto de agua, libre de bullicio y tumulto. Y al oír de la llegada de Visvamitra, el mejor de los monarcas, sin tacha, poniendo delante de sí al sacerdote Satananda, así como a los sacerdotes de familia de alma elevada, tomando presto el arghya, salió de inmediato en humilde guisa y lo ofreció a Visvamitra conforme al precepto. Habiendo aceptado aquel homenaje del de alma elevada Janaka, el asceta preguntó por el bienestar del rey, y por el ininterrumpido cumplimiento de su sacrificio. Y el rey, junto con sus sacerdotes, habiendo preguntado a los ascetas por su bienestar, los abrazó a todos alegremente de la debida manera. Entonces él, con las manos juntas, habló a aquel primero de los ermitaños: «Oh venerable, tome usted asiento junto con estos eminentes ascetas». Al oír las palabras de Janaka, el poderoso asceta se sentó. Y el rey también, en compañía de sus sacerdotes y consejeros, se sentó alrededor por orden de rango. Y entonces el monarca, mirando el rostro de Visvamitra, dijo: «Hoy, por la gracia de los dioses, mi sacrificio ha sido coronado de éxito; hoy he cosechado el fruto de mi sacrificio al contemplar a su venerable persona. Dichoso y obligado estoy yo, cuyo terreno de sacrificio, oh brahmán, ha sido honrado por usted junto con estos ascetas. Doce días, oh brahmarshi, han sido fijados por los sabios como período de la iniciación. Al expirar ese plazo, contemplará usted, oh Kausika, a los celestiales venir al sacrificio a reclamar sus respectivas porciones». Habiendo dicho esto, el rey, con semblante alegre, con las manos unidas, preguntó de nuevo con atención a aquel primero de los ascetas: «Estos jóvenes, ¡que la fortuna le sea propicia!, semejantes a celestiales en poderío, de andar de leones o elefantes, héroes, y semejantes a tigres o toros, de amplios ojos como pétalos de loto, que llevan cimitarras, carcajes y arcos, graciosos como los Asvins, dotados de juventud, semejantes a inmortales que, por antojo, hubieran venido del cielo a la tierra, ¿de quién son hijos, oh asceta, y con qué fin han venido, y por qué han venido además a pie? Y llevando excelentes armas, ¿de quién son hijos, oh poderoso ermitaño, estos héroes que adornan este lugar como el sol y la luna el firmamento, y se asemejan entre sí en proporciones corporales, expresión y gestos; con mechones a los lados y de aire belicoso? Esto deseo oírlo relatado con verdad». Al oír este discurso del de alma elevada Janaka, aquel asceta de alma inmensurable relató todo acerca de los hijos de Dasaratha: su estancia en Siddhasrama y la matanza allí de los rakshasas, su intrépido viaje, la vista de Visala, el encuentro con Ahalya y Gautama, el deseo de Rama de ver el poderoso arco y su ida allí para contemplarlo. Habiendo relatado todo esto al de alma elevada Janaka, aquel dotado de extraordinaria energía, el poderoso asceta Visvamitra, calló.

Section 50

Al oír la narración del inteligente Visvamitra, el hijo mayor de Gautama, el sumamente enérgico Satananda, de rígidas austeridades, muy resplandeciente por virtud de su ascetismo, con el vello erizado, se maravilló en gran manera al ver a Rama. Y viendo a los hijos del rey sentados a sus anchas, dijo a aquel primero de los ascetas, Visvamitra: «Oh poderosísimo de los ermitaños, por usted fue mostrada al hijo del rey mi ilustre madre, envejecida en el ascetismo. ¿Agasajó mi famosa y excelsa madre con los productos de los bosques a Rama, digno del homenaje de todos? Y, oh altamente enérgico, ¿le ha sido comunicada a Rama aquella vieja historia sobre cómo mi madre fue agraviada por aquel celestial? Y, oh Kausika, ¡que la fortuna le sea propicia!, ¿se ha unido mi madre, por haber contemplado a Rama, con mi reverenciado padre? Y, oh hijo de Kusika, ¿ha venido aquí el altamente enérgico Rama después de haber recibido homenaje de mi reverenciado padre de alma elevada? Y, oh hijo de Kusika, ¿fue saludado por Rama mi reverenciado padre, de alma serena, cuando llegó allí?». Al oír aquellas palabras suyas, el poderoso asceta Visvamitra, hábil en el habla, respondió a Satananda, conocedor de las palabras: «Oh mejor de los ascetas, nada necesario fue omitido por mí, sino que todo ha sido hecho. Y la esposa del asceta se ha unido con él, como Renuka con el hijo de Bhrigu». Al oír el discurso del inteligente Visvamitra, el sumamente enérgico Satananda dijo a Rama: «¡Bienvenido seas, oh jefe de los hombres! Por nuestra suerte, oh descendiente de Raghu, has venido a nosotros, encabezado por el respetado Maharshi Visvamitra. Este altamente enérgico Visvamitra, este brahmarshi, es de poderío sin medida; y de obras inconcebibles, por virtud de su ascetismo. A él lo conoces como el camino supremo. Oh Rama, no existe en esta tierra nadie más afortunado que tú. Tu protector es el mismo descendiente de Kusika, por quien han sido ejecutadas poderosas austeridades. Escucha mientras te describo fielmente el poder ascético del de alma elevada Kausika. Escúchame mientras lo relato. Este justo fue durante largo tiempo un rey, sometedor de sus enemigos, conocedor de la moral, cumplido y atento al bienestar de sus súbditos. Y hubo un rey llamado Kusa, hijo de Prajapati. Y el hijo de Kusa fue el poderoso y piadoso Kusanabha. Y el hijo de Kusanabha fue Gadhi. Y el hijo de Gadhi es el altamente enérgico y poderoso asceta Visvamitra, que gobernó la tierra. Y aquel rey reinó por millares de años. Y sucedió que una vez, con sus cuatro fuerzas dispuestas en formación, partió a recorrer la tierra. Y el rey fue recorriendo por turno ciudades y reinos, ríos y montañas y ermitas. Y por fin aquel primero de los conquistadores, el poderoso Visvamitra, llegó a la ermita de Vasishtha, provista de diversas plantas y árboles floridos; abundante en animales; habitada por siddhas y charanas; honrada por celestiales y danavas y gandharvas y kinnaras; y llena de ciervos mansos; frecuentada por las tribus emplumadas; poblada de brahmarshis; con devarshis que la habitaban; sí, rebosante de almas elevadas de lograda perfección ascética y semejantes al fuego; como otra región de Brahma; graciosa; y adornada por todos lados de santos de alma elevada y valakhilyas y vaikhanasas semejantes a Brahma, que se alimentaban de agua o de aire, o vivían de hojas secas, o se sustentaban de frutos y raíces, y dueños de sí, y libres de faltas, y de sentidos vencidos, y dedicados a recitar mantras y a ejecutar homas.

Section 51

«Al ver a aquel primero de los que recitan mantras, el poderosísimo y heroico Visvamitra, sumamente deleitado, se inclinó ante él con humildad. Y habiendo preguntado por lo agradable del viaje de Visvamitra, el de alma elevada y adorable Vasishtha le hizo disponer un asiento. Y estando sentado el inteligente Visvamitra, aquel mejor de los ascetas lo agasajó debidamente con frutos y raíces. Y habiendo aceptado la hospitalidad de Vasishtha, aquel primero de los monarcas, el sumamente enérgico Visvamitra, preguntó entonces a Vasishtha por el bienestar de su ascetismo, sus agnihotras, y sus discípulos, y sus árboles. Entonces Vasishtha comunicó el bienestar de todos a aquel mejor de los reyes. Luego el hijo de Brahma, Vasishtha, de feroces austeridades, el mejor de los que recitan mantras, preguntó a Visvamitra, sentado a sus anchas: “Oh rey, ¿está usted bien? Y, oh rey, ¿gobierna usted a sus súbditos, complaciéndolos conforme a los deberes reales? Y, oh virtuoso, ¿se mantiene a sus servidores con salarios del reino? ¿Acatan sus mandatos? Y, oh destructor de enemigos, ¿ha vencido usted a sus enemigos? Y, oh sometedor de enemigos, ¿están bien, oh poderosísimo de los hombres, sus fuerzas, su tesoro y sus amigos y, oh sin pecado, sus hijos y nietos?”. Entonces el poderosísimo rey Visvamitra comunicó con humildad a Vasishtha su completo bienestar. Y habiendo conversado largo rato, aquellos virtuosos, experimentando extraordinario gozo, se brindaron mutuo deleite. Entonces, oh descendiente de Raghu, terminada la conversación, el adorable Vasishtha, sonriendo, se dirigió a Visvamitra: “Oh poderosísimo, deseo agasajar debidamente a usted, de inmensurable poder, así como a sus fuerzas; acepte, pues, mi hospitalidad. Reciba la hospitalidad que le ofrezco. Oh rey, usted es el primero de los huéspedes, y digno de asiduo homenaje”. Así interpelado por Vasishtha, aquel poderoso asceta, el rey Visvamitra, dijo: “Con esta misma palabra suya sobre recibirme, usted en realidad ya lo ha hecho. Y, oh venerable, con los frutos y raíces que hay en su ermita, con el agua para lavar mis pies y para beber, sí, con la vista de su reverenciada persona, he sido, oh profundamente sabio, excelentemente agasajado por usted, que es digno de homenaje. Me inclino ante usted. Me marcharé ahora. Míreme con ojo amistoso”. Mientras el rey hablaba así, el de alma justa y generoso Vasishtha lo instó una y otra vez a aceptar su hospitalidad. Entonces el hijo de Gadhi respondió a Vasishtha: “Muy bien. Oh potente asceta, sea lo que halle favor a sus ojos”. Habiendo dicho esto él, Vasishtha, el mejor de los que recitan mantras, llamó jubiloso a su vaca moteada del sacrificio, cuyos pecados habían sido lavados: “¡Oh Sabala! Ven pronto; y oye mis palabras. Me propongo agasajar a este santo real junto con sus fuerzas. Hazme posible agasajarlo, dando excelentes manjares. Y, oh divina, oh tú que confieres todo lo que se desea, concede a cada uno lo que pida entre los comestibles impregnados de los seis sabores. Y crea tú, oh Sabala, presto, sabrosos manjares para masticar, chupar, lamer o beber”».

Section 52

«Así interpelada por Vasishtha, aquella otorgadora de todo lo deseado, Sabala, oh destructor de tus enemigos, produjo todo lo que cada uno deseaba. Y produjo cañas de azúcar, y miel, y arroz frito, y excelentes maireyas, y bebidas costosas, y variados manjares, y montones de arroz caliente semejantes a colinas, y otras clases de comestibles, y sopas, y dadhikulyas, junto con platos de plata por millares llenos de carnes de diversos sabores. Y, oh Rama, aquel ejército de Visvamitra, compuesto de hombres alegres y robustos, espléndidamente agasajado por Vasishtha, quedó sumamente satisfecho. Y el santo real Visvamitra mismo, junto con los sacerdotes y brahmanes y los moradores del aposento interior, quedó también cordialmente saciado. Y siendo hospitalariamente agasajado con sus cortesanos y consejeros y servidores, él, sumamente deleitado, dijo a Vasishtha: “Recibido y excelentemente agasajado he sido por usted, oh brahmán, que es digno de ser honrado. Oh usted, versado en el habla, escúcheme. Le diré una palabra. Concédame a Sabala por cien mil vacas. Oh venerable, en verdad esta es una joya; y como es función de los reyes adquirir joyas, concédame a Sabala; pues, oh dos veces nacido, esta me pertenece por derecho”. Así interpelado por Visvamitra, el justo y adorable Vasishtha, el mejor de los ascetas, respondió a aquel señor de la tierra: “Oh rey, ni por cien mil ni por cien koti de vacas, ni tampoco por montones de plata, me desprenderé de Sabala. Oh sometedor de enemigos, esta no merece ser separada de mi lado. Como la fama de los poderosos, esta Sabala está siempre unida a mí. Mis oblaciones a los dioses y a los Pitris, así como mi propio sustento, se fundan en ella. Y mis agnihotras, vali y homa dependen de ella; y, oh santo real, mis svahakaras y vashatkaras, así como mis diversos saberes, dependen de ella. Todo esto es así: no hay duda al respecto. En verdad ella es mi todo; y en ella hallo mi deleite. Y muchas son las razones, oh rey, por las que no puedo darle a Sabala”. Así interpelado por Vasishtha, aquel versado en el habla, Visvamitra, replicó con ansia: “Le conferiré catorce mil elefantes adornados con cadenas de oro y collares de oro y ganchos; y le conferiré ochocientos carros de oro provistos de campanillas y cada uno uncido con cuatro caballos blancos; y, oh de auspiciosos votos, le conferiré mil diez caballos de fogoso temple, de nobles razas; y le conferiré un koti de vacas jóvenes y de variados colores; concédame a Sabala. Y cuanto de gemas y oro, oh mejor de los regenerados, usted pida, se lo otorgaré: concédame a Sabala”. Así rogado por el inteligente Visvamitra, aquel adorable replicó: “Oh rey, a Sabala no la daré de ningún modo. Esta es en verdad mi joya; esta es en verdad mi riqueza; esta es en verdad mi todo; este es en verdad mi sustento. Y este es mi darsa y este mi paurnamasa, y estos mis diversos sacrificios con dakshinas; y, oh rey, estos mis diversos ritos. Esta, oh rey, es sin duda la raíz de todos mis ritos. ¿Y qué necesidad hay de extenderse? A esta, que otorga todo lo que se desea, no me desprenderé de ella”».

Section 53

«Cuando el asceta Vasishtha no quiso desprenderse de la vaca de la abundancia, entonces Visvamitra, oh Rama, se llevó a Sabala a la fuerza. Y, oh Rama, arrebatada por aquel rey de alma elevada, Sabala, herida de pena y afligida de tristeza, pensó llorando: “¿He sido abandonada por el de alma elevada Vasishtha, que los servidores del rey me llevan así, agraviada? ¿Qué mal he hecho a aquel poderoso asceta de espíritu concentrado, que, sabiéndome sin culpa, aquel justo abandona a la que estaba consagrada a su servicio?”. Revolviendo esto en su mente y suspirando una y otra vez, se lanzó adonde estaba el preeminentemente enérgico Vasishtha; y derrotando a aquellos servidores (del rey), con la rapidez del viento, apareció a los pies de aquel de alma elevada. Y llorando, Sabala, de voz de nubes, de pie ante Vasishtha, habló con acentos angustiados: “Oh hijo de Brahma, ¿por qué he sido abandonada por usted, de modo que los servidores del rey me llevaban de su presencia?”. Así interpelado, el brahmarshi dijo estas palabras a aquella afligida, de corazón atormentado por la pena, y semejante a una hermana: “Oh Sabala, no es que yo te abandone; ni tú me has hecho mal alguno. Pero este poderoso rey, orgulloso de su poderío, te ha estado llevando. Sin duda mi fuerza no es igual a la suya. Más aún, es un rey, un rey poderoso; más particularmente, hoy no debe ser muerto por mí (por ser mi huésped): es un kshatriya y señor de la tierra. Y es el primero en poder por poseer toda esta akshauhini, abundante en elefantes y caballos y carros y estandartes, y banderolas en los elefantes”. Así interpelada por Vasishtha, aquella conocedora de las palabras dijo con humildad en respuesta a aquel brahmarshi de poder incomparable: “El poder de los kshatriyas no es grande; los brahmanes son más poderosos que ellos. Oh brahmán, sobrehumano es el poder de los brahmanes, que excede al de los kshatriyas. Su poder es inmensurable; y el sumamente enérgico Visvamitra no es tan poderoso como usted. Su energía no tiene igual. Oh altamente enérgico, ordéneme a mí, henchida de fuerzas de Brahma: abatiré el orgullo, el poder y los empeños de aquel perverso”. Así interpelado por ella, el famosísimo Vasishtha, oh Rama, dijo: “Crea tú fuerzas capaces de aplastar las fuerzas del enemigo”. Al oír aquellas palabras suyas, Surabhi creó (un ejército). Y, oh rey, pahlavas por centenares, producidos por su mugido, comenzaron, aun a la vista de Visvamitra, a cometer estragos sobre sus fuerzas. Entonces, sumamente airado, con los ojos dilatados de ira, aquel rey se puso a matar a los pahlavas con diversas armas. Y al ver a los pahlavas por centenares afligidos por Visvamitra, ella creó de nuevo sakas de torvo semblante mezclados con yavanas. Y el campo quedó poblado de los sakas mezclados con yavanas, de deslumbrante esplendor, sumamente feroces, semejantes a filamentos de oro, que portaban afiladas cimitarras y azuelas, y vestían ropajes amarillos. Y toda aquella hueste (de Visvamitra) era consumida por ellos como por fuegos llameantes. Entonces el poderosísimo Visvamitra lanzó armas contra ellos; y con estas los yavanas, kambojas y barbaras quedaron gravemente afligidos».

Section 54

«Y viéndolos duramente acosados y abrumados por las armas de Visvamitra, Vasishtha dirigió (a Sabala), diciendo: “Oh vaca de la abundancia, crea (nuevas tropas) mediante tu poder de yoga”. Y de su rugido surgieron kambojas semejantes al Sol. Y de sus ubres brotaron barbaras con armas en la mano; y de sus partes ocultas, yavanas; de su ano, sakas; y de los poros de su piel, aquellos bárbaros, haritas y kiratas. Y, oh descendiente de Raghu, al punto todo el ejército de Visvamitra, compuesto de infantería, y elefantes, y caballos, y carros, fue exterminado por ellos. Y viendo al ejército aniquilado por el de alma elevada Vasishtha, los cien hijos de Visvamitra, equipados con diversas armas, se lanzaron con gran ira contra aquel mejor de los recitadores de mantras. Entonces, profiriendo un rugido, aquel poderoso asceta los consumió por completo. Y en un instante los hijos de Visvamitra, junto con caballos y carros e infantería, fueron reducidos a cenizas por el de alma elevada Vasishtha. Y al ver a todos destruidos, junto con el ejército, el ilustre Visvamitra, cubierto de vergüenza, quedó sumido en pensamientos; y como un océano sin mareas o una serpiente sin colmillos, quedó al instante despojado de su resplandor, como el sol vencido por Rahu. Y privado de sus fuerzas e hijos, parecía un ave desprovista de alas; y perdiendo todo su ejército y con él los altos ánimos que este le había inspirado, su corazón murió dentro de él. Entonces, encomendando a uno de sus hijos (restantes) la soberanía, con las palabras: “Gobierna la tierra conforme a los deberes del kshatriya”, se fue al bosque. Y dirigiéndose a la ladera del Himavat, habitada por kinnaras y serpientes, aquel de poderoso ascetismo comenzó a ejecutar austeridades con el fin de propiciar a Mahadeva. Y en cierta ocasión aquel señor de los celestiales, Vrishadhvaja, con la intención de conferirle un don, se presentó ante el poderoso asceta Visvamitra: “¿Con qué fin, oh rey, ejecutas penitencia? Expón lo que tengas que decir. Estoy dispuesto a conferirte un don: expresa qué don quisieras obtener”. Así interpelado por aquel dios, aquel ejecutor de poderosas austeridades, Visvamitra, inclinándose ante él, le dijo: “Si, oh poderoso dios, usted está complacido (conmigo), confiérame la ciencia del arco con todos sus misterios y mantras, así como sus virtudes de auxiliar de lejos y de cerca. Y, oh sin pecado, que todas aquellas armas que poseen los celestiales y los danavas y los Maharshis y los gandharvas y los yakshas, y los rakshasas, brillen sobre mí. ¡Que este mi deseo me sea concedido por su gracia, oh dios de dioses!”. Entonces, diciendo: “Así sea”, el señor de los celestiales se desvaneció. Y obteniendo las armas del señor de los celestiales, el poderoso Visvamitra, altivo por naturaleza, se hinchó de insolencia. Y sobrecargado de energía, como el mar durante el equinoccio, consideró, oh Rama, como si aquel primero de los santos, Vasishtha, estuviera ya muerto. Y dirigiéndose a la ermita de Vasishtha, el rey comenzó a lanzar armas capaces de abrasar la ermita. Y al ver aquellas armas lanzadas por el inteligente Visvamitra, los ascetas, presa del miedo, comenzaron a huir por centenares. Y los discípulos de Vasishtha, así como los animales y aves que allí moraban, huyeron en todas direcciones por millares. Y por un tiempo la ermita del de alma elevada Vasishtha quedó vacía de seres vivos, y silenciosa como un yermo, aunque Vasishtha gritaba una y otra vez: “No teman. Hoy mataré al hijo de Gadhi, como el sol (disipa) la niebla”. Habiendo dicho esto, aquel mejor de los recitadores de mantras, Vasishtha, con gran ira, se dirigió a Visvamitra: “Puesto que tú, oh necio, has destruido esta ermita que había prosperado por largo tiempo, tú, de execrables modos, no vivirás mucho”. Diciendo esto, él, transportado de ira, y semejante a la llama humeante de la disolución universal, alzó presto un báculo semejante a otra maza del propio Yama».

Section 55

«Así interpelado por Vasishtha, el poderoso Visvamitra, apuntando un arma ígnea, dijo: “¡Detente! ¡Detente!”. El venerable Vasishtha también, por su parte, alzando un báculo de Brahma semejante a otro báculo de Kala, exclamó con ira: “¡Miserable kshatriya! Aquí estoy; muestra el poder del que eres dueño. Hoy, oh hijo de Gadhi, humillaré tu orgullo de brazos. Deshonra de tu linaje, ¿dónde está tu poder de kshatriya, y dónde mi alta energía de Brahma? Contempla mi sobrehumana energía de Brahma”. Y así como el agua aplaca la fiereza de una llama, el báculo de Brahma extinguió la energía del poderoso arma ígnea lanzada por el hijo de Gadhi. Entonces el hijo de Gadhi, encolerizado, lanzó las armas Varuna y Raudra y Aindra y Pasupata y Aishika. Y la Manava, y la Mohana, y la Gandharva, y la Svapana, y la Jrimbhana, y la Mohana, y la Santapana, y la Vilapana, y la Soshana, y la Daruna, y el Vajra difícil de frustrar, y la Brahmapasa, y la Kalapasa y la Varunapasa, y el Pinaka (favorito de Siva), y los dos asanis, húmedo y seco, y el arma Danda, y la Paisacha, y el arma Krauncha, y la Dharmachakra, y la Kalachakra, y la Vishnuchakra y la Vayavya, y la Mathana, y el arma Harasiras, y las dos Saktis, lanzó él, y la Kankala, y la Mushala, y la poderosa arma Vidyadhara, y la terrible arma Kala, y la temible arma Trisula, y la Kapala, y la Kankana: todas estas armas lanzó él (Visvamitra) contra aquel mejor de los recitadores de mantras, oh descendiente de Raghu. Y era maravilloso contemplarlo. Pero el hijo de Brahma frustró todas ellas con su báculo. Y al ser resistidas aquellas (armas), el hijo de Gadhi lanzó un arma de Brahma. Y al ser lanzada aquella arma, las deidades con Agni a la cabeza, y los devarshis, y los gandharvas, y las poderosas serpientes, se vieron afligidos por el temor. Y al ser lanzada aquella arma de Brahma, los tres mundos se alarmaron en extremo. Y, oh descendiente de Raghu, Vasishtha, por virtud de su energía de Brahma, frustró por completo aquella terrible arma de Brahma. Y cuando el de alma elevada Vasishtha hubo frustrado el arma de Brahma, su forma se volvió fiera y terrible, capaz de infundir terror en los tres mundos. Y de los poros de su cuerpo, semejante a una llama humeante, saltaron centellas de fuego. Y semejante a otro báculo de Yama, el báculo de Brahma alzado por el brazo de Vasishtha llameaba como el fuego sin humo de la disolución universal. Entonces los ascetas en conjunto se pusieron a elogiar a aquel mejor de los recitadores de mantras, Vasishtha: “Infalible es su poder, oh brahmán. Refrene usted (la) energía (de Brahma) con la suya propia. Oh brahmán, Visvamitra, de poderosa fuerza, ha sido sometido por usted. Infalible es su extraordinario poder. Que las criaturas sean ahora aliviadas de su aflicción”. Así interpelado, aquel altamente enérgico de rígidas austeridades se apaciguó. Y Visvamitra, vencido, dando un suspiro, dijo: “¡Maldito sea el poder de los kshatriyas: la fuerza nacida de la energía de Brahma es en verdad poder! Con un solo báculo de Brahma han sido puestas en fuga todas mis armas. Viendo esto, yo, con mente y sentidos serenos, me entregaré a poderosas austeridades que me ganarán la condición de brahmán”».

Section 56

«Entonces, con el corazón ardiéndole por el recuerdo de su humillación, y habiéndose hecho enemigo de aquel de alma elevada, Visvamitra, de poderoso ascetismo, suspirando y suspirando, se fue hacia el sur, en compañía de su reina, y se entregó a terribles austeridades, oh Raghava. Y sustentándose de frutos y raíces, y refrenando sus sentidos, ejecutó las más rígidas austeridades. Y le nacieron cuatro hijos, dedicados a observar la verdad y el deber: Havishpanda, Madhushpanda, Dridhanetra y Maharatha. Y cuando se hubieron cumplido mil años, el Abuelo de todos, Brahma, se dirigió al asceta Visvamitra con dulces palabras: “Oh hijo de Kusika, las regiones de los rajarshis han sido ganadas por ti mediante tus austeridades. Y a causa de este tu ascetismo, te reconocemos como rajarshi”. Habiendo dicho esto, el altamente enérgico Señor supremo de todas las criaturas se fue a las regiones celestiales en compañía de los celestiales.

«Al oír esto, Visvamitra, bajando la cabeza de vergüenza y poseído de gran pesar, dijo con acentos lastimeros: “He ejecutado rígidas austeridades, y sin embargo las deidades y los santos me reconocen solo como rajarshi. No considero ganado el fruto de mi ascetismo”. Habiendo determinado esto en su mente, aquel justo y muy sereno de elevadas austeridades, oh Kakutstha, se entregó de nuevo a penitencias. Y, oh Raghava, sucedió que por entonces aquel acrecentador del linaje de Ikshvaku, el celebrado y veraz Trisanku, de sentidos sometidos, tomó la decisión, diciendo: “Ejecutaré un sacrificio y ganaré en cuerpo el camino supremo de los celestiales”. Y llamando a Vasishtha, le desplegó su mente. Y al decirle el de alma elevada Vasishtha: “Soy incapaz de hacer esto”, y desatendido por este, el rey se fue hacia la región del sur. Y con el fin de asegurar el éxito de sus empeños, el rey se dirigió adonde los hijos de Vasishtha llevaban largo tiempo ejecutando austeridades. Y el altamente enérgico Trisanku vio a los cien sumamente resplandecientes hijos de Vasishtha entregados a austeridades con las facultades fijas. Y acercándose a todos aquellos hijos de alma elevada de su guía espiritual, y rindiéndoles reverencia, él, bajando la cabeza de vergüenza, con las manos juntas, se dirigió a aquellos poderosos espíritus: “Busco la protección de ustedes; y me refugio en ustedes, capaces de conferirla. Desatendido he sido, ¡que la fortuna les sea propicia!, por el de alma elevada Vasishtha. He puesto mi corazón en celebrar un poderoso sacrificio: les corresponde a ustedes mandarme. Y, con el fin de propiciarlos, yo, bajando humildemente la cabeza, suplico a los hijos de mi guía espiritual, brahmanes siempre apoyados en el ascetismo: oficien ustedes con mentes serenas en este sacrificio, de modo que me sea asegurado el éxito; y que en cuerpo yo alcance las regiones de los celestiales. Desatendido por el asceta Vasishtha, ningún otro camino hallo, oh ermitaños, salvo los hijos de mi guía espiritual. Para los Ikshvakus, su preceptor es su camino supremo. Por tanto, después de él (Vasishtha), son ustedes mismos los objetos de mi adoración”.

Section 57

«Al oír el discurso de Trisanku, los cien hijos del santo, oh Rama, enardecidos por la ira, dijeron estas palabras al rey: “Desatendido has sido, oh de entendimiento perverso, por nuestro padre veraz; ¿por qué, entonces, habiéndolo pasado por alto, buscas la ayuda de otros? Para los Ikshvakus, su guía espiritual es su camino supremo; ni eres capaz de desdeñar las palabras de aquel veraz. Aquel venerable santo dijo que era incapaz (de lograr esto); ¿cómo, pues, podemos emprender nosotros ese sacrificio? Eres ignorante, oh primero de los hombres. Vuelve presto sobre tus pasos. Y, oh rey, aquel adorable es competente para oficiar en el sacrificio mismo de los tres mundos; ¿cómo podemos, pues, contribuir a su deshonra?”. Al oír aquellas palabras suyas, aquel rey, con acentos trémulos de pasión, se dirigió de nuevo a ellos: “Desatendido por aquel venerable así como por los hijos de mi guía espiritual, iré en pos de otro camino; así que la paz sea con ustedes, ascetas”. Los hijos del santo, por su parte, al oír aquel discurso que encerraba una fiera intención, lo maldijeron con extrema ira: “Caerás en la condición de chandala”. Habiendo dicho esto, aquellos de alma elevada entraron cada uno en su morada. Y cuando la noche hubo pasado, el rey cayó en la condición de chandala. Y vestido de ropa azul, azul y áspero de persona, con una corta cabellera, llevando una guirnalda compuesta de materiales recogidos de un cementerio, con el cuerpo embadurnado de cenizas del mismo lugar, estaba adornado con ornamentos de hierro. Y, oh Rama, al verlo en el aspecto de un chandala, sus consejeros así como sus seguidores, renunciando a él, huyeron en tropel. Y, Kakutstha, sosteniéndose con paciencia, el monarca, ardiendo día y noche, se fue completamente solo hacia el asceta Visvamitra. Y al ver al rey desilusionado bajo el aspecto de un chandala, el asceta, oh Rama, se compadeció. Y movido de conmiseración, aquel preeminentemente piadoso y sumamente enérgico dijo a aquel rey espantoso de ver: “¡Que la fortuna te sea propicia, oh heroico señor de Ayodhya! Has caído en la condición de chandala por una maldición; ¿cuál es el propósito de tu venida, oh poderosísimo príncipe?”. Al oírlo, el rey conocedor de las palabras, caído en la condición de chandala, con las manos juntas, dijo a aquel versado en el habla: “Desatendido fui por mi guía espiritual así como por sus hijos. Y lejos de lograr mi deseo, vine a dar en esta calamidad. Oh de apacible presencia, yo había deseado ir al cielo en cuerpo. Por mí han sido ejecutados cien sacrificios, pero aun así no obtengo el fruto de ellos. Nunca antes he dicho una mentira; y juro por mi moral de kshatriya que, aunque caído en días aciagos, nunca la diré en el futuro, oh gentil. Y sacrificios he celebrado muchos, y he gobernado a mi pueblo con rectitud; y he complacido a mis preceptores con mi carácter y conducta. Pero, oh mejor de los ascetas, ahora, esforzándome por cumplir mi deber y con la intención de ejecutar un sacrificio, he fracasado en granjearme la buena voluntad de mis guías espirituales. Por eso considero que el Destino es supremo, y la acción nada. El Destino alcanza a todos: el Destino es el camino supremo. Por tanto, le corresponde a usted otorgarme su favor, a mí, sumamente angustiado, que imploro su favor, y cuyos empeños, ¡que la fortuna le sea propicia!, han sido frustrados por el Destino. Otro camino no seguiré; ni hay otro refugio para mí. Le corresponde a usted salir al encuentro del Destino con esfuerzo”».

Section 58

«Cuando el rey hubo hablado así, el hijo de Kusika, movido de compasión, dijo estas dulces palabras al rey que había caído en la condición de chandala: “Oh descendiente de Ikshvaku, ¿has tenido un grato viaje? Te conozco bien, oh altamente virtuoso. Refugio te concederé; así que no temas, oh mejor de los monarcas. Convocaré a todos los piadosos Maharshis, que auxiliarán en el sacrificio, oh rey, y entonces podrás cumplir tu propósito con facilidad. Y si el aspecto que has adquirido por la maldición de tu preceptor sigue adherido a ti, irás en cuerpo al cielo bajo esta forma. Y puesto que, presentándote ante el hijo de Kusika, has tomado refugio en él, considero el cielo, oh señor de los hombres, como si estuviera al alcance de tu mano”. Habiendo dicho esto, aquel sumamente enérgico mandó a sus hijos altamente virtuosos y profundamente sabios que proveyeran lo necesario para el sacrificio. Y convocando a sus discípulos, dijo: “Traigan aquí por mi mandato a todos los santos junto con los hijos de Vasishtha; y a nuestros amigos y a sus discípulos y a los sacerdotes de familia diversamente versados en el saber. Y si alguno de los convocados por mi mandato dice algo, represéntenme ustedes plenamente la expresión del desaire”. Al oír su discurso, partieron en diferentes direcciones; y brahmavadis comenzaron a afluir de diversos países. Y los discípulos (de Visvamitra), al regresar, comunicaron plenamente a aquel asceta de llameante energía las palabras de los brahmavadis: “Al oír su mensaje, los regenerados residentes en todas partes vendrán aquí, y algunos han llegado ya, todos salvo Mahodaya y los cien hijos de Vasishtha. Escuche usted, primero de los ascetas, las palabras que dijeron con acentos trémulos de emoción: ‘¿Cómo pueden celestiales y santos participar de ofrendas en la corte de quien, además de ser un chandala, tiene por sacerdote a un kshatriya? ¿Y cómo pueden brahmanes de alma elevada, patrocinados por Visvamitra, alcanzar el cielo tras haber participado de la comida de un chandala?’ Estas crueles palabras, oh poderoso asceta, dijeron los hijos de Vasishtha junto con Mahodaya, con los ojos enrojecidos”. Al oír aquellas palabras suyas, aquel primero de los ascetas, con los ojos enrojecidos de ira, gritó con cólera: “Puesto que, sin culpa como soy, aquellos de mente perversa me censuran a mí, que practico feroces austeridades, serán sin duda reducidos a cenizas. Y este mismo día, atados por el lazo de Kala, hallando destrucción a manos del hijo de Vivasvat, durante setecientos nacimientos recorrerán estos mundos, procurándose ropas de muertos, alimentándose siempre de carne de perros, con el nombre de mushtikas, sin repugnancia, y de formas espantosas y distorsionadas y de prácticas inmundas. Y el perverso Mahodaya también me ha censurado aunque no merezco censura; por tanto, reprobado por todos, caerá en la condición de nishada. Y volviéndose cruel y entregado a quitar la vida, por mi ira andará miserablemente por largo lapso de tiempo”. Habiendo proferido esto en la asamblea de santos, aquel poderoso asceta, el poderosísimo Visvamitra de feroz ascetismo, calló».

Section 59

«Y sabiendo (por virtud de su poder de yoga) que los hijos de Vasishtha junto con Mahodaya estaban destruidos a consecuencia de su energía ascética, el poderosísimo Visvamitra dijo en medio de los santos: “Este descendiente de Ikshvaku, el famoso Trisanku, es virtuoso y munífico y ha tomado refugio en mí, con el fin de alcanzar las regiones celestiales en su propia persona. Por tanto, participen conmigo en el sacrificio, para que pueda ir en cuerpo al cielo”. Al oír las palabras de Visvamitra, los piadosos Maharshis hablaron prestos en armonía con el deber: “Este descendiente de Kusika es un asceta sumamente irascible; por tanto, lo que diga debe, sin duda, cumplirse. El venerable es como el fuego y, si se encoleriza, puede maldecirnos. Por tanto, participemos en este sacrificio, para que el descendiente de Ikshvaku, por la potencia de Visvamitra, pueda ir al cielo en persona. Entonces participemos en este sacrificio”. Diciendo esto, los sabios emprendieron la ceremonia; y en aquel sacrificio el altamente enérgico Visvamitra actuó como sacerdote. Y los ritvijas, versados en mantras, lo ejecutaron todo por orden con mantras, conforme a la escritura y a la prescripción. Entonces, tras largo tiempo, Visvamitra, de poderosas austeridades, invocó allí a todos los celestiales para que recibieran sus respectivas porciones; pero las deidades no vinieron a recibirlas. Entonces, montando en cólera, el poderoso asceta Visvamitra, alzando un cucharón, habló con ira a Trisanku: “Oh señor de los hombres, presencia el poderío de mi ascetismo ganado por mí mismo. Por obra de mi ascetismo te llevaré en cuerpo al cielo. Y, oh rey, ve tú en persona al cielo, difícil de alcanzar. Algo queda aún en mí del fruto, ganado por mí mismo, de mi ascetismo; y, oh rey, mediante la energía de ese ascetismo, ve tú al cielo en persona”. Y al decir esto el asceta, Kakutstha, aquel señor de los hombres ascendió en cuerpo al cielo a la vista misma de los ermitaños. Y al ver a Trisanku elevado al cielo, el sometedor de Paka, junto con todos los celestiales, dijo: “Oh Trisanku, vuélvete atrás. No has ganado morada en el cielo. Oh necio, has sido marchitado por la maldición de tu guía espiritual. Cae, pues, de cabeza”. Habiendo hablado así el gran Indra, Trisanku cayó, clamando al asceta Visvamitra: “Sálvame, sálvame”. Entonces, al oír sus clamores angustiados, Kausika montó en gran cólera y exclamó: “Detente, detente”. Y en medio de los ascetas, como otro Prajapati, creó otros siete rishis en la vía del sur; y también, abrumado de ira, creó otro conjunto de estrellas. Y ofuscado de pasión, aquel ilustre, en medio de los ascetas, creó otro sistema de estrellas en la dirección del sur. Y dijo: “Crearé otro Indra, o el mundo (que yo cree) quedará sin Indra”. Y en la ira llegó al extremo de crear celestiales. Entonces, aterrados, los santos y los celestiales y los asuras se dirigieron con humildad al de alma elevada Visvamitra así: “Este rey, oh altamente excelso, ha sido alcanzado por la maldición de su preceptor; por tanto, oh asceta, no merece ascender al cielo en persona”. Al oír aquellas palabras suyas, aquel mejor de los ermitaños, Kausika, en compañía de los celestiales, dijo estas preñadas palabras: “¡Que la fortuna les sea propicia!, yo he hecho voto a este rey de la ascensión corporal de Trisanku al cielo; por tanto, no me atrevo a falsear mi voto. Que Trisanku more por siempre en el cielo en persona, y que estas estrellas creadas por mí perduren en verdad tanto como los mundos. Esto les corresponde a ustedes ordenar, oh dioses”. Así interpeladas, las deidades respondieron a aquel mejor de los ascetas: “¡Así sea, que la fortuna te sea propicia! Todas estas innumerables estrellas, oh primero de los ermitaños, permanecerán en el firmamento fuera de la senda de Vaisvanara; y brillando en su esplendor, Trisanku morará con la cabeza inclinada, como un inmortal. Y todos estos cuerpos luminosos seguirán a aquel mejor de los reyes, ilustre y exitoso, como si hubiera alcanzado el cielo mismo”. Y el virtuoso y sumamente enérgico Visvamitra, así asegurado por los celestiales, dijo en medio de los santos: “Oh dioses, excelente, muy bien”. Entonces, concluido el sacrificio, los celestiales de alma elevada y los santos de riqueza ascética se fueron a sus respectivas regiones, oh primero de los hombres».

Section 60

«Y, oh poderoso, al ver marchados a aquellos santos, el altamente enérgico Visvamitra se dirigió a aquellos habitantes del bosque: “Una gran perturbación ha ocurrido en lo tocante a la región del sur: por tanto, trasladándonos a otra región, practiquemos austeridades. Oh ustedes, de alma elevada, en el oeste hay extensos territorios; y allí en Pushkara practicaremos en paz nuestras austeridades. Esa ermita es en verdad agradable”. Habiendo dicho esto, aquel sumamente enérgico y poderoso muni comenzó a ejecutar terribles austeridades, sustentándose de frutos y raíces. Y sucedió que por entonces aquel poderoso señor de Ayodhya, Ambarisha, se preparó para celebrar un sacrificio. Y mientras sacrificaba, Indra le robó su animal del sacrificio. Y al ser robado el animal, el sacerdote dijo al rey: “Oh rey, el animal ha sido robado (a usted); y se ha perdido por descuido suyo. Y, oh señor de los hombres, su propia falta destruye al rey que no protege (a sus súbditos). Y, oh mejor de los hombres, esta es la expiación: mientras dure la ceremonia, traiga usted de vuelta presto el animal, o traiga un hombre (en su lugar)”. Al oír las palabras del sacerdote, aquel rey sumamente inteligente comenzó a recorrer diversos países y provincias, ciudades, bosques y santas ermitas, buscando el animal, con mil vacas (como precio de él). Y, oh niño, sucedió que, llegando a Bhrigutunga, vio a Richika sentado allí en compañía de su esposa e hijos, oh descendiente de Raghu. E inclinándose ante aquel brahmarshi llameante de ascetismo, y propiciándolo, el sumamente enérgico santo real de resplandor sin par, habiendo preguntado por su completo bienestar, se dirigió a Richika: “Oh altamente piadoso, oh hijo de Bhrigu, si, para que yo tenga un sustituto de mi animal del sacrificio, usted vende a su hijo, alcanzaré mi deseo. He recorrido todos los países; pero el animal no lo hallo. Por tanto, le corresponde a usted desprenderse de uno de sus hijos por un precio”. Así interpelado, el sumamente enérgico Richika replicó: “Oh mejor de los hombres, a mi primogénito de ningún modo lo cederé”. Al oír las palabras del de alma elevada Richika, la madre de ellos habló a aquel primero de los hombres, Ambarisha: “El venerable hijo de Bhrigu ha dicho que su primogénito no puede ser cedido; sepa usted también, oh señor, que el menor, Sunaka, es mi favorito. Por tanto, a mi hijo menor no se lo daré. Oh primero de los hombres, los hijos mayores son por lo general los más queridos de sus padres; y los menores, de sus madres; por tanto, al menor lo retendría yo”. Y cuando el asceta así como su esposa hubieron hablado así, el segundo hijo, Sunasepha, oh Rama, dijo él mismo: “Mi padre no vendería al mayor; ni mi madre al menor; por tanto, considero al segundo como prescindible. Lléveme, pues, oh príncipe”. Cuando aquel versado en el Veda hubo terminado, aquel señor de los hombres, oh descendiente de Raghu, de brazos poderosos, tomando posesión de Sunasepha, pagando kotis de vacas, y montones de joyas, y oro y plata por centenares y millares, se marchó sumamente deleitado. Y aquel santo real, el sumamente enérgico y famosísimo Ambarisha, poniendo a Sunasepha en su carro, partió presto».

Section 61

«Y, oh primero de los hombres, llevando a Sunasepha, aquel ilustre rey descansó a mediodía en Pushkara, oh descendiente de Raghu. Y habiendo llegado al excelente Pushkara, mientras el rey descansaba, el famoso Sunasepha, con el corazón apenado, vio a su tío materno Visvamitra en compañía de algunos santos entregados al ascetismo. Entonces, con semblante abatido, y duramente afligido de fatiga y sed, él, oh Rama, se arrojó en el regazo de (Visvamitra) y dijo: “No tengo ni padre, ni madre, ni parientes, ni amigos en parte alguna. Por tanto, le corresponde a usted, oh gentil, salvarme en interés de la virtud, oh primero de los ascetas. Y, oh mejor de los hombres, usted es el protector de todos, y su refugio. ¡Que el rey logre su deseo y que yo al mismo tiempo, alcanzando larga vida y sin deterioro, gane el cielo, habiendo ejecutado austeridades meritorias! Hágase usted, con corazón deleitado, señor mío, que carezco de uno. Y, oh justo, así como un padre rescata a un hijo, líbreme usted de este peligro”. Al oír sus palabras, Visvamitra, de poderosas austeridades, tranquilizándolo por todos los medios, dijo a sus hijos: “Aquello en vista de lo cual los padres engendran hijos bienquerientes, el procurar bienestar en el otro mundo, está a la mano. Este joven hijo del asceta implora mi protección. Cumplan ustedes, hijos, mi deseo salvándole la vida. Todos ustedes son de obras virtuosas, todos ustedes están dedicados a la observancia de la rectitud: den satisfacción a Agni haciéndose uno de ustedes el animal del sacrificio del señor de los hombres. Así Sunasepha obtendrá protección, el sacrificio quedará libre de impedimento, las deidades serán propiciadas y, por último, mi palabra quedará cumplida”. Al oír las palabras del asceta, sus hijos, Madhuchchhanda y otros, oh primero de los hombres, respondieron con altivez y sarcasmo: “Oh señor, ¿cómo, desatendiendo a sus propios hijos, desea usted librar al de otro? Esto lo consideramos abominable, como comerse la propia carne”. Al oír este discurso de sus hijos, aquel mejor de los ermitaños, con los ojos enrojecidos de ira, dijo: “Desatendiendo mis palabras, ustedes han proferido este discurso audaz y escandaloso, desautorizado por la moral y capaz de erizar el cabello. Por tanto, haciéndose mushtikas y viviendo de carne de perros, habiten todos ustedes la tierra por mil años, como los hijos de Vasishtha”. Habiendo maldecido a sus hijos, aquel mejor de los ascetas, alentando entonces por todos los medios al angustiado Sunasepha en cuanto a su protección, le dijo: “Ponte un cinto hecho de kusa, y llevando una guirnalda de flores rojas, y embadurnando tu persona con pasta de sándalo rojo, himna a Agni con mantras, acercándote al poste de sacrificio vaishnava; y, oh hijo de asceta, (al mismo tiempo) entona estos dos versos en aquel sacrificio de Ambarisha. Entonces alcanzarás el éxito”. Entonces, con mente concentrada, habiendo asegurado aquellos dos versos, Sunasepha se presentó presto ante aquel monarca leonino: “Oh león de rey, oh dotado de alta inteligencia, vayamos de aquí sin demora. Y, oh primero de los monarcas, entre usted en el sacrificio y comience la iniciación”. Al oír aquellas palabras del hijo del asceta, el rey, lleno de deleite, se dirigió de inmediato y sin tardanza al terreno del sacrificio. Y con el consentimiento de su corte, el rey ató a Sunasepha con una cuerda de kusa, y revistiéndolo con una vestidura carmesí, lo amarró al poste como el animal (del sacrificio). Y, estando atado (al poste), el hijo del asceta, ante todo, himnó debidamente a Agni, y luego a aquellas deidades, Indra y su hermano menor. Entonces, complacido con el excelente elogio, el de mil ojos, Vasava, concedió a Sunasepha larga vida. Y, oh primero de los hombres, aquel rey también, habiendo completado el sacrificio, obtuvo el múltiple fruto de él por la gracia de la deidad de mil ojos, oh Rama. Y, oh mejor de los hombres, el justo Visvamitra, de poderoso ascetismo, practicó de nuevo austeridades en Pushkara por diez centenares de años».

Section 62

«Y cuando se hubieron cumplido los mil años y el poderoso asceta hubo cumplido su voto, los celestiales en conjunto, deseosos de conferirle el fruto de este, se presentaron ante él. Y el sumamente resplandeciente Brahma se dirigió a él con palabras suaves: “Eres desde ahora un santo, ¡que la fortuna te sea propicia!, y (esta eminencia) la has alcanzado por tus propios loables esfuerzos”. Habiéndole hablado así, el señor de los celestiales volvió al cielo. Y Visvamitra, de poderosa energía, se entregó de nuevo a rígidas austeridades. Y, oh primero de los hombres, sucedió que, tras largo lapso de tiempo, aquella primera de las apsaras, Menaka, estaba entonces haciendo sus abluciones en Pushkara, y fue observada por el hijo de Kusika, como un relámpago entre nubes. Y cayendo bajo el dominio de Kandarpa, el ermitaño le dijo: “Oh apsari, ¿ha sido grato tu viaje? Mora en mi ermita. Favoréceme; pues, ¡que la fortuna te sea propicia!, he sido privado de sentido por Madana”. Así interpelada, aquella de caderas bien formadas comenzó a morar allí. Y poderoso fue el impedimento que sobrevino a Visvamitra en cuanto a su ascetismo, pues ella, oh Raghava, permaneciendo en aquella ermita suya, pasó placenteramente cinco y cinco años, oh gentil. Y pasado este período, abrumado de vergüenza y afligido de ansiedad y pena, el poderoso asceta Visvamitra pensó con impaciencia, oh hijo de Raghu, que toda esta gran pérdida de austeridades era obra de los celestiales. Y privado de sus sentidos por la lujuria, la década había pasado imperceptiblemente como un solo día y noche; y este impedimento se interpuso en el camino de sus austeridades. Y dando un suspiro, aquel mejor de los ascetas ardió en arrepentimiento. Y con dulces palabras, despidiendo a la aterrada y trémula Menaka, que estaba de pie con las manos juntas, el hijo de Kusika, Visvamitra, oh Rama, se fue a las montañas del norte. Y practicando el modo de vida de brahmacharya con la intención de someter la lujuria, aquel famosísimo se dedicó a arduas austeridades en las orillas del Kausiki. Y mientras estaba así dedicado a profundas austeridades en la montaña del norte, pasaron mil años, oh Rama. Entonces, tras deliberar juntos, los celestiales y los santos se presentaron ante (Brahma): “Que el hijo de Kusika obtenga el título de Maharshi”. Al oír las palabras de los celestiales, el Abuelo de todos se dirigió al asceta Visvamitra con estas dulces palabras: “Oh poderoso santo, ¿has tenido un grato viaje? Satisfecho con tus feroces austeridades, oh Kausika, te confiero la eminencia de la más alta condición de santo”. Al oír el discurso de Brahma, el ermitaño Visvamitra, inclinándose, respondió así al Abuelo con las manos juntas: “El incomparable título de brahmarshi ha de ganarse practicando obras sin tacha. Y puesto que usted no me ha llamado (por ese título), parece que aún no he logrado someter mis sentidos”. Entonces Brahma le dijo: “Esfuérzate hasta que conquistes tus sentidos”. Diciendo esto, Brahma se fue al cielo. Y cuando los celestiales se hubieron ido, el poderoso asceta Visvamitra, con los brazos en alto, y sin apoyo alguno, y sustentándose del aire, comenzó a ejecutar penitencias. Y en verano, el asceta se rodeaba de cinco fuegos, y en las lluvias permanecía en lugar descubierto, y en invierno día y noche estaba sumergido en agua. Así pasaron mil años de terribles penitencias. Y estando el poderoso asceta Visvamitra entregado a las austeridades, grande fue la agitación que ocupó a los celestiales, y a Vasava en particular. Y Sakra, junto con los Maruts, dijo a Rambha estas palabras, preñadas de bien para sí mismo y de mal para Kausika:

Section 63

«“Oh Rambha, este gran servicio habrás de prestar en interés de los celestiales: llevar a Kausika con la hechicería del amor”. Así interpelada por la inteligente deidad de mil ojos, la apsari, oh Rama, con las palmas juntas, respondió así con timidez al jefe de los celestiales: “Oh señor de los celestiales, este poderoso asceta, Visvamitra, es una persona terrible; y, sin duda, él, oh divino, encolerizado, me maldecirá. Y, oh dios, este es precisamente mi temor, y por tanto le corresponde a usted favorecerme”. Así interpelada con aprensión por ella, temerosa, la deidad de mil ojos respondió a aquella doncella que temblaba con las manos juntas: “No temas, oh Rambha, ¡que la fortuna te sea propicia! Cumple mi mandato. Tomando la forma de un koel, que cautiva el corazón, yo, en esta primavera coronada de graciosos árboles, estaré a tu lado en compañía de Kandarpa. Y tú, añadiendo a tu belleza diversos halagos, hechiza a este asceta, el hijo de Kusika, oh gentil”. Al oír las palabras de Indra, aquella hermosa doncella de luminosas sonrisas, realzando en extremo sus encantos, inspiró deseo a Visvamitra. Y él escuchó las melodiosas cadencias del koel; y con el corazón deleitado, contempló a la hermosa. Al poco, escuchando el gorjeo del koel y su propio incomparable canto, así como contemplando a Rambha, el asceta comenzó a abrigar dudas. Y sabiendo con certeza que era la deidad de mil ojos quien lo había urdido todo, aquel primero de los ermitaños, el hijo de Kusika, abrumado de ira, maldijo a Rambha: “Puesto que tú, oh Rambha, te empeñas en seducirme a mí, que estoy decidido a someter mi ira y mi lujuria, permanecerás, oh desventurada, como piedra por diez mil años. Y un altamente enérgico brahmán, dotado de energía ascética, te liberará, oh Rambha, manchada a causa de mi ira”. Así dijo aquel sumamente enérgico y poderoso asceta Visvamitra, y se llenó de remordimiento, incapaz de contener la ira de su corazón. Y a consecuencia de su poderosa maldición, Rambha fue convertida en piedra. Al oír la maldición del poderoso santo, tanto Kandarpa como Indra abandonaron el lugar. Y, oh Rama, a causa de su ira, y permaneciendo aún sus sentidos sin someter, no halló descanso del deterioro de su mérito ascético. Y viniendo a menos su mérito ascético, pensó para sí: “Nunca más permitiré que la ira me ocupe, ni diré jamás nada a nadie. Y no respiraré por cien años; y dominando mis sentidos, secaré mi cuerpo. Y mientras no alcance la condición de brahmán, ganada con mis austeridades, suspendiendo mi aliento y absteniéndome de alimento, permaneceré por largo lapso de tiempo. Y entregado a las austeridades, mi forma no sufrirá deterioro alguno”. Aquel primero de los ascetas se ató con este voto sin igual a llevar una vida de tal abnegación».

Section 64

«Y abandonando la dirección del norte, el poderoso muni, oh Rama, encaminándose a la región del Oriente, se dedicó a terribles austeridades. Y adoptando el alto voto de taciturnidad por mil años, él, oh Rama, comenzó a ejecutar las más señaladas y arduas austeridades. Y cuando los mil años se hubieron cumplido, muchos impedimentos probaron al poderoso muni, que permanecía como el tronco de un árbol, y sin embargo no pudo la ira entrar en su corazón; y firmemente decidido a excluir la ira, él, oh Rama, mantuvo su ascetismo libre de deterioro. Y, oh primero de los Raghus, cuando su voto de mil años hubo sido observado, aquel de poderosos votos sintió deseo de alimentarse de arroz cocido. Y sucedió, oh mejor de los Raghus, que por entonces Indra, tomando el aspecto de un regenerado, pidió el arroz. Entonces él se lo entregó al vipra; y cuando el arroz hubo sido así agotado, aquel venerable de poderosas austeridades se quedó sin comida. Ni, fiel al voto de reticencia, dijo nada al vipra. Y entonces volvió a tomar su aspecto de mudo, refrenando al mismo tiempo su aliento. Y aquel poderoso asceta no respiró por mil años. Y mientras refrenaba su aliento, comenzaron a salir vapores de su cabeza. Y, ante esto, los tres mundos, ardiendo, quedaron como afligidos de temor. Y desconcertados a causa de la energía de su ascetismo, y despojados de su brillo, y afligidos de angustia, los devarshis y los gandharvas y los pannagas y los uragas y los rakshasas en conjunto se dirigieron al Pitamaha: “Oh divino, diversos fueron los medios con que procuramos afectar al poderoso muni Visvamitra con codicia y lujuria; pero con todo él aumenta en ascetismo. Ni percibimos en él ni siquiera un poco de ira o lujuria. Y si usted no le confiere lo que su mente desea tener, aniquilará los tres mundos con todo lo móvil e inmóvil que hay en ellos. Y los diez puntos cardinales están desolados: y nada puede discernirse en ellos. Y los mares están agitados, y las montañas, hendidas. Y la tierra tiembla, y los vientos soplan sin cesar. Y, oh brahmán, no sabemos cómo remediar esto. Y todos están inactivos como infieles. Y los tres mundos parecen estupefactos, con sus mentes sumamente ocupadas. Y por virtud de la energía de aquel poderoso santo, el sol mismo ha sido privado de su esplendor.

«“Por tanto, oh dios, contra el poderoso muni, que inclina su mente a la destrucción y consume los tres mundos enteros como el fuego que arde en la disolución universal, aquel excelso de extraordinario resplandor, semejante a una llama, debe ser apaciguado. Aun si desea el dominio de las regiones celestiales, concédale su deseo”. Entonces los celestiales con Pitamaha a la cabeza se dirigieron al de alma elevada Visvamitra con dulces palabras: “¡Bienvenido, oh brahmarshi! Muy complacidos hemos quedado con tus penitencias. Y, oh hijo de Kusika, en consideración a tu ardiente ascetismo, has obtenido la condición de brahmán. Y, oh brahmán, yo, en compañía de los Maruts, te confiero larga vida. ¡Salud a ti! Acepta esto, ¡que la fortuna te sea propicia! Ve, oh gentil, como gustes”. Al oír el discurso de Pitamaha, el poderoso asceta, inclinándose ante los celestiales, dijo con deleite: “Si la condición de brahmán ha sido en verdad obtenida por mí junto con larga vida, que Omkara y Vashatkara y los Vedas me coronen; y que, oh dioses, aquel primero de los versados en el Kshatra Veda así como de los conocedores del Brahmaveda, el propio hijo de Brahma, Vasishtha, me reconozca. Habiendo concedido este primer deseo mío, váyanse ustedes, oh dioses”. Entonces, apaciguado por los celestiales, aquel mejor de los recitadores, el brahmarshi Vasishtha, hizo amistad (con Visvamitra), diciendo: “Así sea”. Y los dioses: “Eres un brahmarshi. No hay duda al respecto. Y todo ha sido logrado en tu favor”; habiendo dicho esto, los dioses se fueron a sus respectivas regiones. Y aquel brahmarshi, el justo Visvamitra también, habiendo alcanzado la excelente condición de brahmán, rindió su homenaje a aquel mejor de los recitadores, Vasishtha; y habiendo logrado su fin, comenzó a recorrer el mundo entero, permaneciendo en el ascetismo. De este modo, oh Rama, fue en verdad obtenida la condición de brahmán por aquel de alma elevada. Este, oh Rama, es el primero de los ascetas; este es el Ascetismo encarnado. Este se atiene siempre al deber; y es el sostén de la energía ascética».

Habiendo dicho esto, aquel mejor de los regenerados calló. Al oír la narración de Satananda, pronunciada en presencia de Rama y Lakshmana, Janaka, con las manos juntas, se dirigió al hijo de Kusika: «Bendecido y favorecido estoy yo, de que usted, oh Kausika, acompañado de Kakutstha, haya llegado a mi sacrificio, oh poderoso ermitaño. Purificado estoy, oh brahmán, por su sola vista, oh poderoso muni. Y de su vista he recibido diversas cualidades. Oh brahmán, sus poderosas austeridades han sido relatadas en detalle; y yo mismo así como el de alma elevada Rama hemos escuchado la narración relativa a su formidable energía ascética; y los cortesanos reunidos han oído de sus diversas perfecciones. Inmensurable es su ascetismo; e inmensurable su poder; y siempre inmensurables sus cualidades, oh hijo de Kusika. Nunca, oh señor, me canso de escuchar aquella maravillosa narración. Ahora, oh primero de los ascetas, ha llegado la hora de cumplir las devociones diarias, y el disco solar declina oblicuo. Mañana por la mañana, oh altamente enérgico, usted me verá de nuevo. Bienvenido, mejor de los recitadores. Le corresponde a usted favorecerme». Así interpelado, aquel mejor de los ascetas, elogiando a aquel poderoso, bien complacido, despidió al deleitado Janaka. Así interpelado, el señor de Mithila, Vaideha, en compañía de sus sacerdotes y amigos, dio la vuelta en torno a aquel primero de los ascetas. Y el justo Visvamitra, junto con Rama y Lakshmana, honrado por los de alma elevada, estableció allí su alojamiento.

Section 65

A la mañana siguiente, que resultó radiante, el señor de los hombres, habiendo cumplido sus devociones diarias, dio la bienvenida a Visvamitra y Raghava. Y habiendo rendido homenaje, conforme a las escrituras, a aquel así como a los dos Raghavas de alma elevada, aquel virtuoso dijo: «¡Salud, oh venerable señor! ¿Qué haré por usted, oh sin pecado? Mande usted. Sin duda merezco ser mandado por usted». Así interpelado por el de alma elevada Janaka, aquel primero de los ascetas, dotado de alma justa y bien versado en el habla, respondió: «Estos hijos de Dasaratha, kshatriyas, famosos entre los hombres, están ansiosos por contemplar aquel mejor de los arcos, que yace en poder de usted. Muéstrelo usted a ellos, ¡que le sea propicia la fortuna! Habiendo obtenido la vista de aquel arco, los hijos del rey, coronados de éxito sus deseos, regresarán como gusten». Así interpelado, Janaka respondió al poderoso muni: «Escuche usted por qué yace el arco aquí. Hubo un rey conocido por el nombre de Devarata. Era el hermano mayor de Nimi. Y, oh venerable, este arco fue confiado a las manos de aquel de alma elevada como depósito. En otro tiempo, con el fin de destruir el sacrificio de Daksha, el poderoso (Siva), tensando este arco, dijo con ira, como en juego, a los celestiales: “Puesto que ustedes, oh dioses, me niegan las porciones (de este sacrificio) que reclamo, con mi arco les cortaré esas cabezas suyas”. Entonces, oh poderoso asceta, con los corazones agitados, las deidades se pusieron a propiciar a aquel señor de los celestiales, y Bhava quedó complacido con ellas. Y bien complacido con ellas, confirió esto a aquellos de alma elevada. Y este mismo es aquella joya de arco perteneciente al de alma elevada dios de dioses, y que fue finalmente, oh señor, confiada como depósito a nuestro antepasado. Y mientras yo araba el campo, surgió una doncella; y como la obtuve mientras consagraba el campo (para el sacrificio), ha llegado a ser conocida por el nombre de Sita. Y surgiendo de la tierra, creció como hija mía. Y no nacida de la manera usual, fue entonces establecida aquí como hija mía, cuya mano debe ganarse doblando el arco. Y, oh primero de los ascetas, muchos reyes, viniendo aquí, procuraron obtener a mi creciente hija surgida de la tierra. Pero, oh venerable, en consideración a que ella era una cuya dote debe ser el poderío en doblar el arco, yo no di a mi hija a aquellos señores de la tierra que buscaban a la doncella. Entonces, oh poderoso ermitaño, todos los reyes en conjunto comenzaron a acudir en tropel a Mithila, deseosos de conocer la fuerza del arco. Y movidos por el deseo de saber (acerca del arco), se lo mostré; pero no pudieron ni sostenerlo ni manejarlo. Y, oh poderoso muni, hallando que aquellos poderosos reyes estaban dotados solo de pequeño poderío, los pasé por alto. Oiga usted lo que sucedió entonces, oh dueño de riqueza ascética. Entonces, oh poderoso ermitaño, con gran ira, los reyes, dudosos de su fuerza para encordar el arco, pusieron sitio a Mithila. Y aquellos potentes príncipes, creyéndose frustrados por mí, comenzaron a hostigar la ciudad de Mithila, encolerizados de manera portentosa. Y cuando se hubo cumplido un año, mis recursos de defensa se agotaron por completo, y ante esto me afligí en extremo. Entonces busqué propiciar a las deidades; y bien complacidos, los celestiales me concedieron un ejército chaturanga. Por fin aquellos perversos reyes, hallando la matanza, se quebraron y huyeron en todas direcciones, junto con sus partidarios, privados de vigor y de confianza en su fuerza. Y, oh poderoso asceta, este altamente resplandeciente arco lo mostraré a Rama y a Lakshmana, oh de excelentes votos. Y si, oh asceta, Rama logra ponerle la cuerda, concederé al hijo de Dasaratha mi hija Sita, no nacida de la manera usual».

Section 66

Al oír las palabras de Janaka, el poderoso muni Visvamitra dijo al rey: «Muestre usted el arco a Rama». Entonces el rey Janaka mandó a sus ministros: «Traigan el maravilloso arco provisto de ungüentos y guirnaldas». Mandados por Janaka, los ministros entraron en la ciudad; y poniendo el arco delante de ellos, aquellos, dotados de inmensurable energía, salieron. Y depositado en un estuche sobre una carreta de ocho ruedas, era arrastrado con dificultad por cinco mil personas robustas de bien desarrollada constitución. Y habiendo traído aquel estuche de hierro, en que yacía aquel arco, los consejeros reales dijeron a Janaka, semejante a un inmortal: «Aquí está el mejor de los arcos, oh rey, adorado por todos los soberanos. Oh primero de los reyes, oh señor de Mithila, si usted juzga que merece mostrarse (muéstrelo)». Al oír su discurso, el rey, con las palmas juntas, dijo al de alma elevada Visvamitra, así como a Rama y a Lakshmana: «Este mejor de los arcos, oh brahmán, ha sido siempre adorado por los Janakas; así como por poderosos reyes incapaces (de manejarlo y encordarlo). Y ni los celestiales, ni los asuras, ni los rakshasas, ni los gandharvas, ni los yakshas, ni los kinnaras, ni los poderosos uragas, ¿qué será de los hombres?, han logrado encordarlo o tensarlo, o ajustarle la flecha, o tirar de su cuerda, o manejarlo. Este primero de los arcos ha sido traído aquí, oh jefe de los ascetas. Muéstrelo usted, oh excelso, a estos hijos del rey». Al oír las palabras de Janaka, el justo Visvamitra dijo a Raghava: «Oh Rama, hijo mío, contempla el arco». A las palabras del Maharshi, Rama, abriendo el estuche en que yace el arco, lo contempló y dijo: «Este divino arco lo tocaré con mi mano; ¿y procuraré también manejarlo y tensarlo?». Entonces tanto el rey como el asceta dijeron: «Excelente, muy bien». A las palabras del ermitaño, a la vista de incontables millares de espectadores, el justo hijo de Raghu, con extrema facilidad, tomó el arco por el medio y le ajustó la cuerda; y habiéndole ajustado la cuerda, lo tensó. Y aquel primero de los hombres, de gran fama, quebró el arco por la mitad. Y poderoso fue el sonido que se oyó en la ocasión, semejante al estallido de un trueno: y la tierra tembló terriblemente, como lo hace en las cercanías de una montaña que se parte; y abrumados por el ruido, todos cayeron de cabeza, con excepción de aquel mejor de los ascetas, el rey y los dos Raghavas. Y al tranquilizarse la gente, el rey conocedor del habla, desvanecida su aprensión, con las manos juntas se dirigió a aquel poderoso asceta: «Oh venerable, he contemplado el poderío del hijo de Dasaratha. Esto es en verdad maravilloso e inconcebible; y yo no pensaba que esto fuera posible. Y mi hija Sita, unida a su señor, Rama, hijo de Dasaratha, dará lustre al linaje de Janaka. Y mi promesa, a saber, que daré a Sita al que doble el arco, ha sido cumplida, oh hijo de Kusika. Y a esta Sita, a esta hija mía, más querida para mí que la vida, la daré a Rama. Y, oh brahmán, con su permiso, que mis consejeros partan presurosos de aquí, oh Kausika, ¡que la fortuna le sea propicia!, hacia Ayodhya, en carros; y con humildes palabras traigan al rey a mi capital. Y que le comuniquen todo acerca del otorgamiento de Sita a Rama, a consecuencia de haber doblado él el arco. Y que informen al monarca del bienestar de los Kakutsthas protegidos por el asceta; y que, partiendo presurosos hacia aquí, traigan al rey deleitado». Y entonces el hijo de Kusika dijo: «Así sea». Y el justo rey, convocando a sus consejeros, los despachó a Ayodhya con su carta, para comunicar todo debidamente al rey y traerlo allí.

Section 67

Así comisionados por Janaka, los enviados, habiendo pasado tres noches en el camino, entraron en la ciudad de Ayodhya, con su vehículo agotado de fatiga. Y conforme a la comisión real, entrando en la residencia del rey, vieron al anciano rey Dasaratha, semejante a un celestial. Y libres de aprensión, los enviados, con las manos juntas, se dirigieron al monarca con dulces y humildes acentos: «Oh poderoso monarca, el señor de Mithila, el rey Janaka, en compañía de sus sacerdotes, con palabras dulces y afectuosas, pregunta repetidamente por el completo bienestar de usted junto con sus sacerdotes y servidores. Y habiendo preguntado por su completo bienestar, el señor de Mithila, Vaideha, con permiso de Kausika, se dirige a usted así: “Usted sabe el voto que hice en otro tiempo, a saber, dar mi hija a aquel que doblara el arco; y los reyes, por haber sido privados de poderío, y frustrados, han llegado a abrigar rencor contra mí. Y aquella hija mía, oh rey, ha sido ganada por su hijo, llegado aquí por su voluntad, encabezado por Visvamitra. Y, oh de brazos poderosos, aquel divino arco guarnecido de joyas ha sido quebrado por la mitad por el de alma elevada Rama en medio de una gran asamblea. Y a aquel de alma elevada debo yo dar a Sita, que tiene el poderío asignado por dote. Y de este modo me libraré de mi voto; y esto debe usted permitirlo. Y, oh poderoso rey, venga usted presto, ¡que la fortuna le sea propicia!, encabezado por sus sacerdotes. Le corresponde a usted ver a los Raghavas; y, oh primero de los reyes, verme liberado de este voto. Y alcance usted el gozo propio de las nupcias de ambos hijos suyos”; así habló con dulzura el señor de Videha, permitido por Visvamitra y atenido a las opiniones de Satananda». Al oír las palabras de los enviados, el rey, sumamente regocijado, se dirigió a Vasishtha y Vamadeva, así como a sus consejeros: «Protegido por el hijo de Kusika, aquel acrecentador del gozo de Kausalya permanece en Videha en compañía de su hermano Lakshmana. Y el de alma elevada Janaka ha presenciado el poderío de Kakutstha; y desea conceder su hija a Raghava. Si esta alianza con el de alma elevada Janaka es de agrado de ustedes, nos dirigiremos presto a su capital. Que no haya pérdida de tiempo». Entonces los consejeros junto con los Maharshis dijeron: «¡Excelente!». Y el rey, sumamente deleitado, dijo a los consejeros: «Nuestro viaje comienza mañana». Y excelentemente atendidos, los consejeros de aquel primero de los monarcas (Janaka), dotados de toda excelente cualidad, pasaron aquella noche con alegría.

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Luego, pasada la noche, el rey Dasaratha, acompañado de sus sacerdotes y partidarios, bien complacido, dijo a Sumantra: «Que hoy los encargados del tesoro, llevando abundante y excelente riqueza, y provistos de diversas gemas, vayan por delante bajo la debida escolta. Y que las cuatro fuerzas salgan con presteza. Y por mi mandato que marchen caballos y vehículos y elegantes carruajes. Y que Vasishtha y Vamadeva y Javali y Kasyapa y Markandeya, dotado de larga vida, y el santo Katyayana, que estos regenerados vayan adelante. Y unce tú también mi carro. Que no pase el tiempo debido; pues los enviados me urgen a la prisa». A estas palabras del rey, las cuatro fuerzas junto con los santos fueron tras el monarca. Y tras haber pasado cuatro días en el camino, llegaron a Videha.

Y al oír de la llegada de Dasaratha, el auspicioso rey Janaka experimentó gran deleite y, habiendo alcanzado al anciano rey Dasaratha, lo honró debidamente. Y aquel excelente (Janaka) dirigió palabras a aquel jefe de los hombres deleitado: «¿Ha sido grato su viaje, oh mejor de los hombres? Por fortuna lo he alcanzado, oh descendiente de Raghu. Experimente usted el gozo ganado por el poderío de sus hijos. Y por fortuna he obtenido al altamente enérgico y venerable santo Vasishtha, acompañado de los primeros de los regenerados, como a aquel de cien sacrificios por los celestiales. Por fortuna he vencido el obstáculo; por fortuna mi linaje ha alcanzado renombre, a consecuencia de la alianza con los dotados de poderío, los poderosísimos Raghavas. Oh señor de los hombres, mañana por la mañana, tras la conclusión del sacrificio, celebre usted las nupcias, en compañía de los primeros de los santos». Al oír su discurso en medio de los santos, aquel mejor de los versados en palabras, el señor de los hombres, respondió al monarca: «Un don debe ser aceptado; esto lo oí en otro tiempo. Y lo que usted dice, oh conocedor del deber, lo cumpliremos». Al oír estas palabras del (rey) veraz, acordes con la moral y conducentes a la fama, el señor de Videha se llenó de admiración. Entonces los ascetas, experimentando gran deleite, pasaron la noche felizmente en mutua compañía. Y el rey, sobrecogido de gozo al contemplar a sus hijos, los Raghavas, pasó (la noche) en extremo deleite, espléndidamente agasajado por Janaka. Y el sumamente enérgico Janaka también, versado en hombres y cosas, habiendo completado conforme al precepto el sacrificio y cumplido todos los ritos preliminares relativos a las nupcias de sus hijas, reposó por la noche.

Section 69

Luego, a la mañana siguiente, Janaka, hábil en el habla, habiendo cumplido en compañía de los Maharshis sus deberes diarios, se dirigió al sacerdote Satananda: «Mi altamente enérgico, poderoso y eminentemente justo hermano, conocido por el nombre de Kusadhvaja, mora en la auspiciosa ciudad de Sankasya, cuyas murallas están rodeadas de armas puntiagudas, y que es bañada por el río Ikshumati, y que semeja las regiones celestiales o el carro aéreo Pushpaka. Deseo verlo, y él está a cargo de mi sacrificio. Y aquel altamente enérgico compartirá conmigo el gozo de esta ocasión». Dicho esto a Satananda, se presentaron algunas personas competentes; y Janaka les mandó (partir) hacia Sankasya. Y mandados por el monarca, se fueron, montando veloces corceles, con el fin de traer a aquel mejor entre los hombres, como Vishnu al mandato de Indra. Y llegando a Sankasya, se presentaron ante Kusadhvaja y le entregaron fielmente la intención de Janaka. Y al oír las nuevas transmitidas por aquellos primeros de los enviados dotados de gran rapidez, Kusadhvaja partió por mandato del monarca. Y al llegar a Videha, se presentó ante el de alma elevada Janaka, dado a la rectitud. Y saludando a Satananda así como al eminentemente virtuoso Janaka, se sentó en un excelente y soberbio asiento digno de un rey. Y habiéndose sentado, ambos hermanos heroicos, de inmensurable esplendor, se dirigieron a aquel primero de los consejeros, Sudamana: «Ve, primero de los consejeros, y trae presto al irreprimible Ikshvaku de inmensurable esplendor junto con sus hijos y ministros». Entonces, dirigiéndose al campamento, vio a aquel acrecentador del linaje de los Raghus y, saludándolo con la cabeza inclinada, le dijo: «Oh heroico señor de Ayodhya, Vaideha, el señor de Mithila, ha deseado verlo a usted junto con sus sacerdotes». Al oír las palabras de aquel mejor de los consejeros, el rey, acompañado de los santos y sus partidarios, vino a Janaka. Y en compañía de sus consejeros, y sacerdotes y partidarios, el rey, primero de los hábiles en el habla, dijo a Vaideha: «Oh poderoso rey, usted sabe que el venerable santo Vasishtha es el guía espiritual de nuestro linaje; y en toda ceremonia que emprendemos, él es quien desempeña la función de portavoz. Y con permiso de Visvamitra junto con todos los Maharshis, este mismo, de alma justa, relatará mi genealogía». Y al guardar Dasaratha silencio, el venerable santo Vasishtha, versado en el habla, dijo a Vaideha en compañía de sus sacerdotes: «Brahma, perpetuo, eterno e imperecedero, surgió de lo No Manifestado (Brahma). De él surgió Maricha; y Kasyapa es hijo de Maricha. Y de Kasyapa surgió Vivasvat; y Manu es hijo de Vivasvat. Este Manu se llama también Prajapati; e Ikshvaku es hijo de Manu. Y este Ikshvaku, debe usted entenderlo, fue el primer rey de Ayodhya. E hijo de Ikshvaku, es bien sabido, fue el gracioso Kukshi. Y el hijo de Kukshi fue el gracioso Vikukshi. Y el hijo de Vikukshi fue el sumamente enérgico y poderoso Vana. Y el hijo de Vana fue el altamente enérgico y poderoso Anaranya. De Anaranya surgió Prithu; y de Prithu, Trisanku. Y el hijo de Trisanku fue el famosísimo Dhundumara. Y de Dhundumara surgió el maharatha Yuvanasva. Y de Yuvanasva surgió Mandhata, señor de la tierra. Y el hijo de Mandhata fue el gracioso Susandhi. Y los dos hijos de Susandhi fueron Dhruvasandhi y Prasenajit. Y de Dhruvasandhi surgió el famoso Bharata. Y de Bharata surgió Asita; contra quien, para combatirlo, nacieron como reyes hostiles aquellos héroes, los haihayas, los talajanghas y los sasabindus. Y empeñado en el conflicto con ellos, aquel rey huyó (de su reino); y dirigiéndose al Himavat en compañía de sus dos consortes, el debilitado Asita pagó allí su deuda con la Naturaleza. Cuenta la historia que sus dos esposas estaban encinta; y que, con la intención de destruir el embrión de la otra, una de ellas administró a la primera veneno mezclado en su comida. Y sucedió que por entonces el hijo de Bhrigu, el asceta Chyavana, se había aficionado al pintoresco Himavat, primero de los montes. Y aquí una de aquellas excelsas damas, de ojos semejantes a pétalos de loto, saludando al hijo de Bhrigu, resplandeciente como un celestial, le pidió un excelente hijo. Y acercándose a aquel sabio, Kalindi lo saludó. Y aquel vipra le dijo a ella, que deseaba tener un hijo nacido de ella: “En tu vientre, oh excelsa, nacerá pronto un excelente hijo mezclado con veneno, poderosísimo, y sumamente enérgico, y dotado de gran fuerza, y gracioso. Por tanto, no te aflijas, oh de ojos de loto”. Y habiendo rendido reverencia a Chyavana, aquella casta y venerable princesa, aunque privada de su esposo, dio a luz un hijo. Y puesto que, con la intención de destruir su feto, la que era coesposa suya le había administrado veneno, Sagara nació junto con el veneno.

«Y el hijo de Sagara fue Asamanja, y el de Asamanja, Amsuman. Y Dilipa fue hijo de Amsuman, y Bhagiratha de Dilipa. Y de Bhagiratha surgió Kakutstha, y de Kakutstha, Raghu. Y el hijo de Raghu fue el poderoso Pravriddha, que se alimentaba de carne humana; y llegó finalmente a ser conocido por el nombre de Kalmashapada. Y de él surgió Sankhana. Y Sudarsana fue el de Sankhana, y Agnivarna fue hijo de Sudarsana. Y Sighraga fue el de Agnivarna, y Maru fue hijo de Sighraga. Y el hijo de Maru fue Prasusruka, y de Prasusruka surgió Ambarisha. Y el hijo de Ambarisha fue Nahusha, señor de la tierra. Y el hijo de Nahusha fue Yayati, y el de Yayati, Nabhaga. Y el hijo de Nabhaga fue Aja, y de Aja surgió Dasaratha. Y de este Dasaratha han venido los hermanos Rama y Lakshmana. Y es en interés de Rama y Lakshmana, pertenecientes a los héroes, veraces y piadosos soberanos surgidos en el linaje de Ikshvaku, y poseedores de pureza de raza desde el tiempo mismo de su fundador, que, oh rey, solicitamos las manos de sus hijas. Y, oh primero de los hombres, le corresponde a usted conferir semejantes novias a semejantes novios».

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Cuando Vasishtha hubo hablado así, Janaka, con las manos juntas, le respondió: «Le corresponde a usted escuchar nuestra genealogía relatada por mí mismo. En el asunto de la entrega de hijas, oh primero de los ermitaños, el propio linaje debe ser descrito por quien se precia de noble ascendencia. Escúchela usted, pues, oh de mente poderosa. Hubo un rey famoso en los tres mundos por sus propios actos, Nimi, eminentemente piadoso y primero de los dotados de fuerza. Y su hijo se llamó Mithi, y el hijo de Mithi fue Janaka. Y de este rey Janaka hemos derivado esa palabra aplicada a cada uno de nosotros. Y de Janaka surgió Udavasu; y el hijo de Udavasu fue el de alma piadosa Nandivardhana. Y el hijo de Nandivardhana fue el heroico Suketu. Y el hijo de Suketu fue el poderoso y justo Devarata. Y el hijo del rajarshi Devarata fue Brihadratha. Y el hijo de Brihadratha fue el heroico y poderoso Mahavira. Y el hijo de Mahavira fue Sudhriti, dotado de fortaleza y cuyo poder era la verdad. Y el hijo de Sudhriti fue el de espíritu piadoso y eminentemente justo Dhritaketu. Y el hijo del rajarshi Dhritaketu fue Haryasva. Y el hijo de Haryasva fue Maru; y el hijo de Maru fue Pratindhaka. Y el hijo de Pratindhaka fue el justo rey Kirtiratha. Y el hijo de Kirtiratha fue Devamidha, y el de Devamidha, Vibudha, y el de Vibudha, Mahidhraka. Y el hijo de Mahidhraka fue el rey Kirtirata, dotado de gran fuerza. Y al rajarshi Kirtirata le nació Moharoma; y a Moharoma, el virtuoso Svarnaroma. Y al rajarshi Svarnaroma le nació Hrasvaroma. Y este rey de alma elevada, conocedor de la moral, tuvo dos hijos: el mayor, yo mismo, el menor, mi propio hermano, el heroico Kusadhvaja. Y habiéndome instalado en el reino a mí, que era el hijo mayor, y confiando a mi cuidado a Kusadhvaja, nuestro padre buscó el bosque. Y al ascender mi anciano padre al cielo, goberné el reino con rectitud y cuidé a mi hermano Kusadhvaja, semejante a un celestial, con ojos de afecto. Y sucedió que en cierta ocasión un poderoso rey llamado Sudhanva vino desde la ciudad de Sankasya ante Mithila con la intención de sitiarla. Y me envió este mensaje: “Dame el excelentísimo arco de Siva, así como a tu hija, la de ojos de loto, Sita”. Y por no concederle yo ni lo uno ni lo otro, el rey Sudhanva, oh brahmarshi, entró en hostilidades conmigo; pero fue derrotado y muerto por mí en el encuentro. Y, oh primero de los ascetas, matando al rey Sudhanva, instalé en Sankasya a mi heroico hermano Kusadhvaja. Este, oh poderoso ermitaño, es mi hermano menor, y yo soy su mayor. Oh poderoso asceta, bien complacido le daré a usted a estas como nueras suyas: Sita a Rama, ¡que la fortuna le sea propicia!, y Urmila a Lakshmana. Y juro tres veces que, sin duda, con corazón alegre le daré a usted, oh potente asceta, como nueras mi segunda hija Urmila y también a Sita, semejante a la hija de un celestial, que tiene el poderío asignado por dote. Celebre usted ahora, oh rey, la ceremonia godana de las nupcias de Rama y Lakshmana; y celebre también sus ritos ancestrales, ¡que la fortuna le sea propicia!; y luego complete la ceremonia nupcial. Hoy la estrella Magha está en ascendente. Al tercer día, maestro mío, cuando el Phalguna esté al norte, celebre usted, oh monarca, la ceremonia nupcial. Distribuya usted ahora, sin embargo, regalos para invocar bendiciones sobre Rama y Lakshmana».

Section 71

Cuando Vaideha hubo hablado así, el poderoso asceta Visvamitra, en compañía de Vasishtha, se dirigió a aquel heroico rey: «Oh poderoso, los linajes de los Ikshvakus y de los Vaidehas son sumamente nobles e incomparables. Ninguna otra raza puede en modo alguno compararse con ellos. Y, oh monarca, esta unión juvenil de Rama y Lakshmana con Sita y Urmila es adecuada en todos los sentidos; y es digna de su riqueza de gracia. Ahora, oh primero de los hombres, escuche mis palabras. Este joven hermano suyo, el rey Kusadhvaja, oh versado en la moral, este de alma piadosa, oh rey, tiene, oh primero de los hombres, un par de hijas, sin igual en la tierra por su belleza, a quienes pediríamos para que fueran esposas del príncipe Bharata y del inteligente Satrughna; así como, oh rey, pedimos a sus propias hijas en interés de aquellos de alma elevada (Rama y Lakshmana). Y estos hijos de Dasaratha están dotados de juventud y belleza, semejantes a los Lokapalas, y poseedores del poderío de los celestiales. Por tanto, oh primero de los soberanos, ate usted el linaje de Ikshvaku mediante esta alianza con ambos hermanos. ¡Y que en esto su mente nunca vacile!». Al oír las palabras de Visvamitra, que encarnaban los sentimientos de Vasishtha, Janaka, con las manos juntas, se dirigió a ambos poderosos ascetas: «Considero bendecido mi linaje; pues tan poderosos ascetas desean tan deseable alianza. Lo que ustedes deseen, eso se hará, ¡que la fortuna les sea propicia! Que estas hijas de Kusadhvaja sean juntas las esposas de Satrughna y Bharata. El mismo día, oh poderoso muni, que los cuatro poderosísimos príncipes tomen las manos de las cuatro princesas. Los doctos consideran auspiciosísimas las nupcias celebradas el día siguiente a aquellos en que las Phalgunis están en ascendente, y que tienen por deidad presidente a Bhaga». Habiendo dicho estas amables palabras, el rey Janaka se levantó y, con las manos juntas, se dirigió a ambos primeros de los ascetas: «He cosechado alto mérito religioso (por estas nupcias), y soy también discípulo de ustedes. Y ocupen ustedes, oh ermitaños, estos mejores de los tronos (que nos pertenecen). Y así como este reino es de Dasaratha, es Ayodhya para mí. No abriguen, pues, dudas algunas sobre su señorío. Hagan, pues, ustedes como les corresponde». Y mientras Vaideha Janaka hablaba así, el hijo de Raghu, el rey Dasaratha, bien complacido, respondió a aquel monarca: «Innumerables son las excelencias que pertenecen a ustedes, hermanos, señores de Mithila; y santos y soberanos son siempre honrados por ustedes; sea suya la auspiciosidad. ¡Que la fortuna les sea propicia!, me dirigiré a mis propios aposentos, para cumplir allí debidamente las ceremonias del sraddha». Entonces, habiendo saludado a aquel rey de los hombres, el ilustre Dasaratha, poniendo delante de sí a aquellos primeros de los ascetas, se marchó. Y al llegar a sus aposentos, el rey cumplió el sraddha conforme al precepto, se levantó a la mañana siguiente y completó la ceremonia godana en consonancia con el tiempo. Y a los brahmanes el monarca dio por separado vacas por centenares y por millares, para el bienestar de sus hijos. Y aquel poderoso dio a los regenerados cuatrocientos millares de vacas provistas de cuernos chapados en oro, y cada una con su ternero, junto con vasijas de metal de campana para ordeñarlas. Y aquel descendiente de Raghu, afecto a sus hijos, hizo regalos de otros diversos objetos de valor a los brahmanes, en nombre de sus hijos. Y habiendo dado las vacas, el rey, rodeado de sus hijos, parecía el afable Prajapati rodeado de los Lokapalas.

Section 72

Y sucedió que el día en que el rey hizo excelentes regalos de vacas, el heroico Yudhajit, hijo del señor de los Kekayas y tío materno de Bharata, se presentó ante Dasaratha. Y habiendo visto al rey y preguntado por su bienestar, le dijo: «El señor de los Kekayas ha preguntado por su bienestar con afecto, diciendo: “Aquellos por cuya paz está usted ansioso se hallan por ahora bien”. Y, oh primero de los reyes, deseoso de ver a mi sobrino (Bharata), aquel señor de la tierra se dirigió a Ayodhya, oh descendiente de Raghu. Y al saber en Ayodhya que sus hijos, con el fin de casarse, habían venido a Mithila con usted, oh monarca, he acudido presuroso aquí, con la intención de ver al hijo de mi hermana».

Entonces el rey Dasaratha, al tener consigo a aquel querido huésped, le rindió todo el respeto que merecía. Luego, habiendo pasado la noche en compañía de sus hijos de alma elevada, aquel versado en hombres y cosas se levantó por la mañana y, habiendo dispuesto sus deberes diarios, se acercó a la entrada del terreno de sacrificio, encabezado por los santos. Entonces, en un momento auspicioso llamado Vijaya, Rama, con Vasishtha así como otros Maharshis a la cabeza, y acompañado de sus hermanos adornados con diversos ornamentos, que habían cumplido todos los ritos relativos a sus nupcias, (se acercó a la entrada del terreno de sacrificio). Entonces el venerable Vasishtha, dirigiéndose a Vaideha, habló así: «El rey Dasaratha, oh primero de los soberanos, aquel jefe entre los mejores de los hombres, acompañado de sus hijos, que han cumplido todos los ritos relativos a sus nupcias, aguarda las órdenes del dador (de la novia); pues el encuentro del que da y del que recibe es indispensable en toda transacción (de esta naturaleza). Mantenga usted, pues, su mérito llevando a cabo esta excelente ceremonia nupcial». Así interpelado por el de alma elevada Vasishtha, aquel sumamente generoso y enérgico, versado en la moral, respondió: «¿Quién actúa como mi guardián allí? ¿Y las órdenes de quién aguarda? ¿Y qué necesidad hay de ejercer juicio para entrar en la propia casa? Así como este reino es mío, así es en verdad suyo. Oh primero de los ermitaños, mis hijas, semejantes a llamas de fuego, habiendo cumplido todos los ritos relativos a las nupcias venideras, están al pie del estrado; y, sentado junto al estrado, yo mismo lo había estado esperando a usted a cada momento. Cumpla usted todo sin impedimento. ¿Qué necesidad hay de demorar más?». Al oír aquellas palabras pronunciadas por Janaka, Dasaratha entró junto con sus hijos y el cuerpo de santos. Entonces al rey de los Videhas Vasishtha habló así: «Oh santo, oh piadoso, celebre usted, en compañía de los santos, oh maestro, las ceremonias nupciales de Rama, encantador para todos». Entonces, diciendo a Janaka: «Así sea», el venerable santo Vasishtha, de poderosas austeridades, con Visvamitra y el piadoso Satananda delante de sí, construyó un estrado conforme a las escrituras, adornándolo por todos lados con flores fragantes, y cucharones de oro, y jarras de agua variegadas, y bandejas con espigas de cebada, e incensarios llenos de dhupa, y caracolas, y cucharas de sacrificio, y vasijas provistas de arghyas, y las que contenían arroz tostado, y akshatas santificados. Y sobre el estrado, Vasishtha, con los debidos mantras y ritos, extendió un dosel compuesto de darbhas de iguales proporciones. Y con ritos y mantras prescritos colocando fuego sobre el estrado, aquel altamente enérgico comenzó a ofrecer oblaciones. Entonces, trayendo a Sita adornada con diversos ornamentos cerca del fuego, y colocándola ante Raghava, el rey Janaka se dirigió al acrecentador del gozo de Kausalya: «A esta Sita, hija mía, acéptala, ¡que la fortuna te sea propicia!, como compañera tuya en la observancia de todo deber: toma su mano con la tuya. ¡Que sea de excelsa piedad y devota de su esposo; que te siga siempre como tu sombra!»; diciendo esto, el rey roció la palma de Rama con agua santificada con mantras; mientras los celestiales y los santos exclamaban: «¡Excelente! ¡Excelente!». Y los timbales celestiales sonaron, y comenzaron a llover flores copiosamente. Habiendo dado así a su hija Sita, con agua y mantras, el rey Janaka, rebosante de deleite, dijo: «Adelántate, oh Lakshmana, ¡que la fortuna te sea propicia! Recibe a Urmila, lista para ser entregada por mí a ti. Toma su mano: que no haya demora en ello». Habiendo hablado así a Lakshmana, Janaka dijo a Bharata: «Toma tú, oh descendiente de Raghu, la mano de Mandavi con la tuya». Y el justo señor de Mithila habló también a Satrughna: «Toma tú, oh de brazos poderosos, la mano de Srutakirti con la tuya. ¡Sean todos ustedes buenos, y consagrados a una excelente vida!, y estén, oh Kakutsthas, unidos con sus esposas. Que no haya demora en ello». Al oír el discurso de Janaka, aquellos cuatro perpetuadores del linaje de Raghu, atenidos a las opiniones de Vasishtha, tomando las manos de las cuatro novias con las suyas propias, dieron la vuelta en torno al fuego del sacrificio, y al estrado, y al rey, y a los santos de alma elevada; y en compañía de sus esposas, conforme a la indicación, entraron en el matrimonio de acuerdo con el precepto. Y hubo una poderosa lluvia de resplandecientes flores desde el firmamento, acompañada de los sonidos de timbales celestiales, y de música coral e instrumental. Y las apsaras danzaron y los gandharvas cantaron melodiosamente, en las bodas de los primeros de los Raghus. Y esto parecía maravilloso de presenciar. Y al son de trompetas, aquellos poderosísimos, dando tres vueltas en torno al fuego, en compañía de sus esposas se dirigieron al campamento. Y el rey, habiendo visto que todas las ceremonias auspiciosas habían sido cumplidas, fue tras ellos, acompañado de los sabios y sus partidarios.

Section 73

Luego, pasada la noche, el poderoso muni Visvamitra, habiendo saludado al monarca, partió hacia las montañas del norte. Y cuando Visvamitra se hubo marchado, el rey Dasaratha, saludando al señor de Mithila, Vaideha, se preparó con presteza para partir hacia su propia capital. Y entonces el rey de los Videhas dio una dote consistente en diversas cosas. Y el señor de Mithila dio muchos centenares de millares de vacas, y excelentes tejidos de lana, y kotis de paños comunes; y elefantes, y caballos, y carros, e infantes, así como cien doncellas adornadas, dotadas de elegancia, para formar hermosas doncellas de servicio. Y bien complacido, el rey dio como noble dote oro y plata y perlas y coral. Y habiendo dado diversas clases de objetos, aquel rey, el señor de Mithila, despidiéndose del monarca (Dasaratha), volvió a entrar en su propia capital. Y el señor de Ayodhya, acompañado de sus hijos de alma elevada, y encabezado por los santos en conjunto, emprendió el viaje, seguido de su ejército y sus servidores. Y mientras aquel tigre de hombres iba de camino, en compañía de Raghava y de los santos, las aves comenzaron a proferir espantosos gritos por todas partes, y las bestias de la tierra a correr en dirección sur. Y al verlas, aquel monarca semejante a un tigre preguntó a Vasishtha: «Esas aves de aspecto feroz emiten espantosos gritos y las bestias corren en dirección sur. ¿Qué es esto? Mi corazón tiembla y mi mente no está tranquila». Al oír el discurso del rey Dasaratha, aquel poderoso santo habló con dulzura: «Oiga usted cuál sería el resultado de ello. Estas aves del aire con sus gritos presagian algún espantoso mal inminente; pero estas bestias auguran la paz restaurada. Por tanto, renuncie usted a la ansiedad». Y mientras así conversaban, sopló un fuerte viento, que sacudía toda la tierra y derribaba los árboles. Y una profunda penumbra envolvió al sol; y no se podía discernir región alguna. Y envuelta en cenizas, aquella hueste quedó aturdida. Y en aquella hora espantosa, Vasishtha y los demás santos y el rey con sus hijos retuvieron solos los sentidos; todos los demás fueron privados de sus sentidos, y el ejército estaba envuelto en cenizas. Y el rey vio a aquel reprimidor de reyes, el descendiente de Bhrigu, el hijo de Jamadagni, espantoso de ver, con una cabellera de cabellos enmarañados, irreprimible como el Kailasa e insoportable como el fuego de la disolución universal, llameante de energía, que los injustos no podían mirar, con su hacha al hombro, equipado con un arco semejante al rayo y feroces flechas, semejante a Siva, el matador de Tripura. Y al ver a aquel de espantoso aspecto, semejante a fuego llameante, los vipras encabezados por Visvamitra, dedicados a recitar mantras y ofrecer oblaciones al fuego, aquellos santos reunidos, comenzaron a conversar entre sí: «¿Es este, enfurecido por la matanza de su padre, quien se propone exterminar a los kshatriyas? En otro tiempo, habiendo matado a los kshatriyas, aplacó su ira y su fermento mental; por tanto, aniquilar de nuevo a los kshatriyas jamás puede ser su empeño». Habiendo dicho esto, los santos ofrecieron arghya al hijo de Bhrigu de espantoso aspecto; y se dirigieron a él con palabras apaciguadoras: «¡Oh Rama! ¡Oh Rama!». Aceptando aquel homenaje que le rendían los santos, aquel poderoso, Rama, el hijo de Jamadagni, se dirigió a Rama, el hijo de Dasaratha.

Section 74

«Oh Rama, hijo de Dasaratha, he oído, oh héroe, de tu maravilloso poderío; y he oído también todo acerca de tu rotura del arco. Y habiendo oído de aquella maravillosa e inconcebible rotura del arco, he encaminado mis pasos hasta aquí, trayendo otro auspicioso arco. Tiéndelo, ajusta la flecha a este poderoso y terrible arco, perteneciente a Jamadagni; y muestra así tu poderío. Entonces, habiendo presenciado tu fuerza al tender el arco, te ofreceré combate, poniendo a contribución nuestra máxima fuerza». Al oír sus palabras, el rey Dasaratha, con semblante demudado y las manos juntas, dijo: «Usted ha extinguido su ira contra los kshatriyas; y, además, es un brahmán que se precia de elevadas austeridades. Por tanto, le corresponde a usted disipar los temores de mis hijos, que son niños. Usted trae su vida de la raza de los Bhargavas, dedicados a observar votos y estudiar el Veda; y ha renunciado a las armas, haciendo voto en presencia del de mil ojos. Y abrazando una vida de rectitud, usted confirió la tierra a Kasyapa; y se retiró al bosque, haciendo del monte Mahendra su hogar. Oh poderoso muni, ha venido usted aquí para lograr la destrucción de todo mi ser; pero si Rama es muerto, no viviremos jamás». Así interpelado por Dasaratha, el poderoso hijo de Jamadagni, desatendiendo sus palabras, se dirigió así a Rama: «Estos dos primeros de los arcos, extraordinarios, y adorados por todos los mundos, y recios, y poderosos, de sobresaliente excelencia, fueron construidos con esmero por Visvakarma. Y uno de estos, oh primero de los hombres, para la destrucción de Tripura, los celestiales lo dieron a Tryambaka, deseoso de combate: aquel mismo, oh Kakutstha, que tú has quebrado. Y este segundo, que es irreprimible, fue dado a Vishnu por los jefes de los celestiales. Y, oh Rama, este arco perteneciente a Vishnu, capaz de conquistar ciudades hostiles, es, oh Kakutstha, igual en energía al arco perteneciente a Rudra. En cierta ocasión las deidades, con el objeto de averiguar el respectivo poderío de Vishnu y el de garganta azul, preguntaron al gran padre acerca de ello. Entonces el gran padre, primero de los que se atienen a la verdad, leyendo la intención de las deidades, fomentó una disputa entre ellos. Y al estallar aquella disputa entre las deidades, tuvo lugar una poderosa contienda capaz de erizar el cabello, entre Vishnu y el de garganta azul, cada uno ardiendo por abatir al otro. Entonces, al proferir Vishnu un rugido, el arco de Siva, de terrible poderío, se aflojó. Y entonces el de tres ojos, Mahadeva, quedó inmóvil. Y al suplicar los dioses reunidos, con los santos y los charanas, a aquellos dos primeros de los celestiales, ambos se apaciguaron. Y al ver aquel arco de Siva aflojado por el poderío de Vishnu, las deidades con los santos reconocieron a Vishnu como el más poderoso. Y el airado Rudra, de alta fama, entregó el arco junto con sus saetas en manos del rajarshi Devarata de Videha. Y, oh Rama, este arco perteneciente a Vishnu, capaz de conquistar ciudades hostiles, Vishnu lo confió al hijo de Bhrigu, Richika, como depósito digno. Y el sumamente enérgico Richika entregó el divino arco a su hijo de inmensurable poderío, mi padre, el de alma elevada hijo de Jamadagni. Y en cierta ocasión, cuando mi padre, sobrecargado de energía ascética, había renunciado al arco, Arjuna, bajo el influjo de un sentimiento injusto, procuró la muerte de mi padre. Entonces, al saber de la lamentable e infausta matanza de mi padre, yo, de ira, aniquilé a los kshatriyas, que brotaban de nuevo en gran número; luego, sometiendo bajo mi dominio toda la tierra, yo, oh Rama, terminado el sacrificio, la confié al justo Kasyapa como dakshina. Habiendo hecho este don, moraba en el monte Mahendra, dotado de energía ascética, cuando, al oír de tu quebrantamiento del arco, he venido presto hasta aquí. Toma ahora, oh Rama, conforme al canon de la moral de los kshatriyas, este excelente y poderoso arco de Vishnu, que perteneció a mi padre y a mi abuelo. Y pon sobre este mejor de los arcos una flecha capaz de conquistar ciudades hostiles. Y, oh Kakutstha, si lo logras, te ofreceré entonces combate».

Section 75

Al oír las palabras de Jamadagni, el hijo de Dasaratha, en consideración a la presencia de su padre, dijo estas palabras en tono contenido: «Oh hijo de Bhrigu, he oído de las obras que usted ha cumplido, resuelto a vengar a su padre. Oh brahmán, lo reconozco. Pero, oh Bhargava, usted me insulta a mí, que me atengo a los deberes de kshatriya, como pusilánime o desprovisto de poderío. Presencie usted hoy mi energía y vigor». Diciendo esto, el airado Raghava, dotado de rápido vigor, tomó de la mano de él el noble arco de Bhrigu, junto con la flecha. Y ajustándole la cuerda, colocó la flecha. Y entonces Rama, airado, se dirigió al hijo de Jamadagni, Rama: «Usted es un brahmán y, por Visvamitra, digno de mi homenaje. Por eso, oh Rama, no puedo soltar esta flecha destructora de vidas. ¿Cuál de estas reduciré a nada, oh Rama: su curso aéreo, o el mérito que usted ha alcanzado, por su ascetismo, de ascender a ciertas regiones incomparables? Esta celestial flecha surgida de Vishnu, capaz de conquistar ciudades hostiles, nunca golpea en vano, destruyendo con energía el orgullo de poderío de los enemigos». Y con el objeto de ver a Rama sosteniendo aquella primera de las armas, se reunieron en conjunto los celestiales y los santos, con el gran padre a la cabeza. Y los gandharvas y las apsaras y los siddhas y los charanas y los kinnaras y los yakshas y los rakshasas y los nagas se reunieron para contemplar aquella poderosa maravilla. Y habiendo pasado la energía de Bhargava a Rama, que sostenía aquel mejor de los arcos, el hijo de Jamadagni quedó desprovisto de poderío, y Rama (Parasurama) se mantuvo mirando fijamente a Rama. Y vuelto inerte por haber sido disipada su energía por la propia de Rama, el hijo de Jamadagni se dirigió con suavidad a Rama, de ojos como pétalos de loto: «Cuando en otro tiempo di la tierra a Kasyapa, él me dijo: “No debes permanecer más en mis dominios”. Y conforme a las palabras de mi guía espiritual, desde aquel tiempo nunca he pasado una noche en la tierra. Esto mismo había sido prometido por mí, oh Kakutstha. Por tanto, oh héroe, no te corresponde destruir mi curso, oh descendiente de Raghu. Con la rapidez del pensamiento me encaminaré ahora al Mahendra, el mejor de los montes. Y, oh Rama, las regiones que he conquistado con mi ascetismo, destrúyelas con esa primera de las flechas: que no haya demora en ello. Aun por tu manejo de este arco te reconozco como el jefe de los celestiales, aquel mismo eterno, el matador de Madhu. ¡Salve a ti, oh vencedor de enemigos! Y todos estos celestiales reunidos te contemplan a ti, de obras sin par, y sin antagonista en la lucha. Y, oh Kakutstha, tampoco debo avergonzarme (por esta derrota); he sido vencido por el señor mismo de los tres mundos. Y te corresponde, oh Rama, soltar esta flecha sin par (del arco), oh tú de nobles votos; y cuando lances la flecha, me dirigiré a aquel primero de los montes, el Mahendra». Cuando Rama, el hijo de Jamadagni, hubo dicho esto, el poderoso y gracioso hijo de Dasaratha disparó aquella excelente flecha. Y al presenciar la destrucción por Rama de sus regiones ganadas con sus propias austeridades, el hijo de Jamadagni partió presto hacia aquel mejor de los montes, el Mahendra. Y entonces todas las regiones quedaron despejadas de penumbra; y los celestiales y santos se pusieron a ensalzar a Rama cuando hubo disparado la flecha. Y aquel señor, Rama, el hijo de Jamadagni, habiendo dado la vuelta a Rama, el hijo de Dasaratha, y honrado (por todos), partió (hacia sus propios aposentos).

Section 76

Cuando Rama se hubo marchado, Rama, el ilustre hijo de Dasaratha, de alma serena, entregó el arco en manos de Varuna, de inmensurable fuerza. Luego, saludando a los santos encabezados por Vasishtha, Rama, el descendiente de Raghu, viendo aturdido a su padre, le dijo: «Ahora que Rama, el hijo de Jamadagni, se ha ido, que las cuatro fuerzas mantenidas por usted como su señor marchen en dirección a Ayodhya». Al oír las palabras de Rama, el rey Dasaratha abrazó a su hijo con sus brazos y olió la coronilla de Raghava; y al oír que Rama se había ido, el monarca quedó sumamente deleitado, y se consideró a sí mismo y a su hijo como habiendo alcanzado un segundo nacimiento. Y urgió a su ejército y llegó presto a la ciudad, engalanada alrededor con estandartes de banderolas, y encantadora de ver, y resonante de sonidos de trompetas, con sus calzadas regadas, y hermosas, y rociadas alrededor con flores, repleta de ciudadanos de aspecto alegre a causa de la llegada del rey, que llevaban en las manos objetos auspiciosos, y embellecida con la vasta multitud de gente. Y recibido por los ciudadanos así como por los regenerados que habitaban en la ciudad, que salieron a su encuentro desde lejos, y seguido de sus graciosos hijos, la apuesta Majestad de ilustre nombre entró en su querida residencia, semejante al Himavat. Y agasajado por sus propios parientes con todos los objetos de goce, el monarca se regocijó en extremo. Y Kausalya y Sumitra y Kaikeyi, de delgada cintura, junto con otras esposas del rey, estaban ocupadas en recibir a las novias, con las ceremonias necesarias. Y las esposas reales recibieron a la excelsa Sita y a la famosa Urmila y a ambas hijas de Kusadhvaja, adornadas de vestiduras de seda, con homas ejecutados y bendiciones invocadas en su nombre. Y habiendo rendido reverencia en las moradas de los dioses, y rendido homenaje a quienes lo merecían, las hijas de los reyes, bien complacidas, gozaron en privado con sus esposos. Y habiendo obtenido novias, y armas, con riqueza y amigos, aquellos primeros de los hombres se dedicaron a servir a su padre.

Y en cierta ocasión aquel descendiente de Raghu, el rey Dasaratha, se dirigió a Bharata: «Oh hijo, este hijo del rey de los Kekayas, tu tío, Yudhajit, permanece aquí, aquel héroe, habiendo venido a llevarte consigo». Y al oír estas palabras de Dasaratha, el hijo de Kaikeyi, Bharata, se preparó para el viaje, junto con Satrughna. Y habiendo saludado a su padre, y a Rama, de energía incansable, y a sus madres, aquel primero de los hombres, el heroico (Bharata), partió con Satrughna. Y llevando consigo a Bharata así como a Satrughna, el heroico Yudhajit, con corazón deleitado, entró en su propia ciudad; y su padre se regocijó en extremo. Y habiendo partido Bharata, Rama y el poderosísimo Lakshmana atendieron a su padre, semejante a un celestial. Y prestando el máximo respeto al mandato de su padre, Rama cumplió todos los deberes de la ciudad, teniendo por objeto el placer o bienestar (de los ciudadanos). Y prestando cuantos servicios eran necesarios a sus madres, en las ocasiones debidas observó los deberes propios de sus superiores. Y Dasaratha estaba sumamente deleitado; así como los brahmanes, y los comerciantes, y los habitantes en general, por la conducta y el comportamiento de Rama. Y Rama, cuyo poder era la verdad, por virtud de su excelencia aparecía ante todos como el más meritorio (de los hijos de Dasaratha), como el Svayambhu ante todos los seres. Y en compañía de Sita, el sabio Rama, inclinando su mente a Sita, con el corazón dedicado a ella, pasó muchas estaciones con deleite. Y Sita, amada de Rama, por haber sido entregada a él por su padre, por su hermosura y sus perfecciones tanto como por su hermosura, iba acrecentando su gozo. Y su señor llegó a ejercer una doble influencia sobre su corazón. Y por su propio corazón, la hija de Janaka, el señor de Mithila, semejante a una diosa en gracia, y como la propia Sri (diosa de la riqueza) en hermosura, leyó por completo sus más íntimos sentimientos. Y experimentando deleite, Rama, recibiendo a la hija del rajarshi, que ejercía su propia voluntad, la excelente princesa, se veía gracioso, como el señor Vishnu, jefe de los celestiales, al unirse con Sri.

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